ZENIT

El mundo visto desde Roma

Servicio diario - 08 de febrero de 2009



SANTA SEDE
Benedicto XVI: el dolor de los niños interpela la conciencia
El Papa y la canciller Merkel unidos en la condena del Holocausto
“Vivo aprecio” del Vaticano por las tentativas de salvar a Eluana Englaro
Sólo la presencia de Dios puede curar al hombre, afirma el Papa
El Papa pide que vuelva la paz a Madagascar
Juan Pablo II perfiló una teología de la comunicación
Nuevo obispo para la diócesis de Los Ángeles (Chile)

MUNDO
Un rabino en defensa del Papa
Esperanza de un obispo iraquí en un sínodo de Oriente Medio

ANÁLISIS
Exámenes prenatales acaban en eugenesia

ANGELUS
Benedicto XVI: “la obra curativa de Jesús se prolonga en la misión de la Iglesia”

DOCUMENTACIÓN
Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo
 


Santa Sede


Benedicto XVI: el dolor de los niños interpela la conciencia

“Los creyentes no pueden quedarse indiferentes ante su sufrimiento”

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI afirma que del sufrimiento de los niños “se eleva un silencioso grito de dolor que interpela a nuestra conciencia de hombres y de creyentes”, un sufrimiento ante el cual la comunidad cristiana “advierte el imperioso deber de intervenir”.

Así lo afirma en su Mensaje, hecho público ayer, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo miércoles 11 de febrero.

El Papa dedica su Mensaje de este año a los niños enfermos, ante cuyos sufrimientos la Iglesia “no puede permanecer indiferente”.

El cuidado de los niños enfermos “constituye un elocuente testimonio de amor por la vida humana, en particular por la vida de quien es débil y en todo y por todo dependiente de los demás”.

“Es necesario afirmar con vigor la absoluta y suprema dignidad de toda vida humana. No cambia, con el transcurso del tiempo, la enseñanza que la Iglesia proclama incesantemente: la vida humana es bella y debe vivirse en plenitud también cuando es débil y está envuelta en el misterio del sufrimiento”, añadió.

Los niños son, afirma el Papa, “las criaturas más débiles e indefensas” y especialmente “los niños enfermos y sufrientes”, y se refirió no sólo a aquellos que “llevan en su cuerpo las consecuencias de enfermedades invalidantes o que luchan con males hoy aún incurables”, sino también a los que sufren las consecuencias del mal.

“Hay niños heridos en su cuerpo y en su alma cono consecuencia de conflictos y guerras, y otros víctimas del odio de personas adultas insensatas. Hay 'niños de la calle', privados del calor de una familia y abandonados a sí mismos, y de menores profanados por gente abyecta que viola su inocencia, provocando en ellos una herida psicológica que les marcará para el resto de sus vidas”, afirmó.

Se refirió también al “incalculable número de menores que mueren a causa de la sed, del hambre, de la carencia de asistencia sanitaria, como también los pequeños exiliados y prófugos de su propia tierra con sus padres en búsqueda de mejores condiciones de vida”.

“De todos estos niños se eleva un silencioso grito de dolor que interpela a nuestra conciencia de hombres y de creyentes”, advirtió el Papa.

En este sentido, el Papa pidió a las diócesis y a las parroquias que “tomen cada vez más conciencia de ser 'familia de Dios', y hagan perceptible en los pueblos, en los barrios y en las ciudades el amor del Señor”

“La Iglesia, como he escrito en la encíclica Deus caritas est, es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario”, añadió. “En la misma Iglesia, en cuanto familia, ningún miembro sufra porque pasa necesidad”.

Asimismo el Papa pidió “una más estrecha colaboración entre los profesionales de la salud que trabajan en las distintas instituciones sanitarias y las comunidades eclesiales presentes en su territorio”.

Además, hizo un llamamiento “a los responsables de las naciones para que se potencien leyes y reglamentos a favor de los niños enfermos y de sus familias”.

“Siempre, pero aún más cuando está en juego la vida de los niños, la Iglesia, por su parte, está dispuesta a ofrecer su cordial colaboración en el intento de transformar toda la civilización humana en civilización del amor”, añadió.

La familia del niño enfermo

El Papa advirtió también sobre la necesidad de que las comunidades cristianas apoyen a las familias de los niños enfermos, apoyándoles moral y materialmente.

“Dado que el niño enfermo pertenece a una familia que comparte su sufrimiento a menudo con graves impedimentos y dificultades, las comunidades cristianas no pueden dejar de hacerse cargo también de ayudar a los núcleos familiares afectados”, afirmó.

Invocando el ejemplo del Buen Samaritano, pero también de la compasión de Jesús hacia padres de niños gravemente enfermos, como la viuda de Naím y Jairo, el Papa pide a los cristianos que “ofrezcan el apoyo de una solidaridad concreta” a estas familias “tan duramente probadas”.

“De este modo, la aceptación y el compartir del sufrimiento se traduce en un apoyo útil a las familias de los niños enfermos, creando dentro de ellas un clima de serenidad y esperanza, y haciendo sentir a su alrededor una familia más vasta de hermanos y hermanas en Cristo”.

Esta ayuda “presupone un amor desinteresado y generoso, reflejo y signo del amor misericordioso de Dios, que nunca abandona a sus hijos en la prueba, sino que siempre les proporciona admirables recursos de corazón y de inteligencia para ser capaces de afrontar adecuadamente las dificultades de la vida”, añadió.

El Papa invita a las familias con niños enfermos a “dirigir la mirada a Jesús crucificado” en cuyo “sufrimiento por amor entrevemos una suprema coparticipación en las penas de los niños enfermos y de sus padres”.

Recordó también la carta Salvifici doloris de Juan Pablo II, a quien considera “un ejemplo luminoso especialmente en el ocaso de su vida” de aceptación del sufrimiento.

“Sobre la cruz está el 'Redentor del hombre', el Varón de dolores, que ha asumido en sí mismo los sufrimientos físicos y morales de los hombres de todos los tiempos, para que en el amor podamos encontrar el sentido salvífico de su dolor y respuestas válidas a todos sus interrogantes”, citó el Papa.

[Por Inma Álvarez]


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El Papa y la canciller Merkel unidos en la condena del Holocausto

En una conversación telefónica

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).-Benedicto XVI y la canciller alemana Angela Merkel han mantenido una conversación telefónica en la que han mostrado su coincidencia en la visión sobre la Shoá como advertencia a la humanidad, según ha explicado este domingo la Santa Sede a través de un comunicado.

La conversación se produjo a petición de la señora Merkel, democristiana protestante, y se ha desarrollado "en un clima de gran respeto" en el que tanto el Papa como la Canciller alemana "han expresado sus respectivos puntos de vista en un clima de gran respeto", afirma la nota.

Esta conversación, según han declarado conjuntamente los dos portavoces, el señor Ulrich Wilhelm por la parte alemana y el padre Federico Lombardi, S.I.,  por la parte vaticana, ha sido "cordial y constructiva" y ha estado "marcada por la común y profunda adhesión a la advertencia siempre válida de la Shoá para la humanidad".

Ambos hablaron, según explica la nota, sobre las declaraciones realizadas por el Papa Benedicto XVI el pasado 28 de enero al término de la audiencia general, y sobre las de Ángela Merkel el pasado martes.

En esa ocasión, el Papa había pronunciado un comunicado, en el que afirmaba que la Shoá debía ser para todos " una advertencia contra el olvido, contra la negación y el reduccionismo".

El Papa afirmaba tener "en la memoria  las imágenes recogidas en mis repetidas visitas a Auschwitz, uno de los campos de concentración en los que se consumó la brutal masacre de millones de hebreos, víctimas inocentes de un ciego odio racial y religioso".

"Mientras renuevo con afecto la expresión de mi total e indiscutible solidaridad con nuestros Hermanos destinatarios de la Primera Alianza, auguro que la memoria de la Shoá induzca a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre", añadía.

Estas declaraciones habían sido consideradas como "insuficientes" según declaró el pasado martes 3 de febrero Ángela Merkel.

"Por parte del Vaticano y del Papa tiene que quedar definitivamente claro que no se permite el negacionismo y que debe haber un trato positivo con el judaísmo", había afirmado la canciller alemana.

Ese mismo día, el portavoz vaticano, padre Lombardi, explicaba en declaraciones a Radio Vaticano que el Papa "reconoce y condena con total claridad el Holocausto del pueblo judío en tiempos del nazismo", en respuesta a las declaraciones de Merkel.

Al día siguiente, la Secretaría de Estado vaticana publicaba una nota en la que explicaba que Benedicto XVI "desconocía la postura del obispo Richard Williamson sobre la Shoá en el momento de remitir la excomunión", y por tanto éste "deberá tomar de modo absolutamente inequívoco y público distancia" de ellas antes de "ser admitido a las funciones episcopales en la Iglesia".

El jueves pasado Merkel consideró "una buena señal" la decisión del Papa de exigir al obispo Williamson que pida disculpas por negar el Holocausto nazi. "La actitud del Vaticano deja claro que negar esta tragedia no puede se puede permitir sin esperar consecuencias. Las relaciones entre las comunidades judías y las iglesias cristianas solo pueden llegar a buen puerto sin negar el Holocausto y sin antisemitismo", afirmó la canciller, hija de un pastor protestante.

Por otra parte, según publicó este sábado la prensa alemana, el obispo Richard Williamson se habría negado a retractarse "mientras no encuentre las pruebas históricas" que contrasten su tesis sobre lo ocurrido en los campos de exterminio nazis.

En estas declaraciones, publicadas por el periódico alemán Der Spiegel, el obispo reiteró sus críticas al Concilio Vaticano II.

En contraste con esta postura, el pasado viernes 6, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X hizo pública la expulsión de uno de sus miembros, el sacerdote  Floriano Abrahamowicz, por parte de su superior italiano, Davide Pagliarani, "por graves motivos de disciplina".

Abrahamowicz es conocido en Italia por sus declaraciones contra el Concilio y por su afirmación de que las cámaras de gas "sólo servían para desinfectar".

Según la nota de la Fraternidad, "la expulsión, aunque dolorosa, ha sido necesaria para evitar que sea una vez más distorsionada la imagen de la Fraternidad de San Pío X y, por consecuencia, dañada su obra al servicio de la Iglesia".

Por Inma Álvarez



 


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“Vivo aprecio” del Vaticano por las tentativas de salvar a Eluana Englaro

Coloquio entre el cardenal Bertone y el Presidente de la República italiana

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).-El sábado 7 de febrero, el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, y el Secretario de Estado Tarcisio Bertone, mantuvieron una conversación telefónica sobre el caso de Eluana Englaro, según ha hecho público hoy la Santa Sede en un comunicado.

"En la conversación -afirma el texto- se ha hablado del caso de Eluana Englaro, como también de otros argumentos de interés mutuo".

Respecto al caso Englaro, concluye el comunicado -se manifiesta vivo aprecio por la aceleración dada al Parlamento para la aprobación del proyecto de ley".

Como se supo el pasado viernes, el Gobierno está acelerando los trámites para llevar adelante un proyecto de ley que impida la suspensión de la alimentación e hidratación de los pacientes en estado vegetativo.

La urgencia del proyecto se debe al caso de Eluana Englaro, la joven a quien por decisión judicial se ha procedido desde el viernes a disminuir progresivamente la alimentación y la hidratación, en un caso que desde hace meses conmociona a la opinión pública italiana.

La decisión de llevar adelante este proyecto de ley se tomó al rechazar el presidente de la República, Napolitano, un decreto ley en el mismo sentido, al expresar este sus dudas sobre la constitucionalidad de este procedimiento.

Al respecto, Radio Vaticano recoge las declaraciones del presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, sobre las motivaciones que están en la base del proyecto de ley.

"Si no hubiéramos decidido intervenir para impedir la muerte de un ser humano, que está vivo y respira de forma autónoma, yo habría sentido como si cometiera una omisión de socorro", afirmó Berlusconi.

La llamada telefónica se ha realizado también en el contexto de la preparación de las celebraciones por el aniversario de los Pactos Lateranenses, que tendrá lugar el próximo 18 de febrero en la Embajada ante la Santa Sede.

En este acto está prevista la participación de Giorgio Napolitano, Silvio Berlusconi y el cardenal Bertone.



 


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Sólo la presencia de Dios puede curar al hombre, afirma el Papa

La acción de la Iglesia en este campo “muestra el rostro de Dios”

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- El Papa dedicó hoy su tradicional reflexión durante el rezo del Ángelus, con los peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro, a reflexionar sobre la enfermedad, en línea con su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo miércoles.

A la luz del Evangelio del día, el Papa recordó que “la experiencia de la curación de los enfermos ha ocupado buena parte de la misión pública de Cristo y nos invita una vez más a reflexionar sobre el sentido y el valor de la enfermedad en toda situación en que pueda encontrarse el ser humano”.

Benedicto XVI quiso reflexionar sobre la realidad de la enfermedad, que “aunque forma parte de la existencia humana, nunca conseguimos habituarnos a ella”.

La razón, explicó no es que “a veces llegue a ser pesada y grave”, sino que “esencialmente estamos hechos para la vida, para la vida completa”.

“Nuestro instinto interior nos hace pensar en Dios como plenitud de vida, es más, como Vida eterna y perfecta. Cuando somos probados por el mal y nuestras oraciones parecen resultar vanas, surgen en nosotros la duda y, angustiados, nos preguntamos: ¿cuál es la voluntad de Dios?”.

A este profundo interrogante de la existencia humana quiso responder Jesús con un signo, las numerosas curaciones.

“Jesús no deja dudas: Dios – del que Él mismo ha revelado su rostro – es el Dios de la vida, que nos libra de todo mal”, afirmó.

En este sentido, las curaciones de Jesús “son signos: guían hacia el mensaje de Cristo, nos guían hacia Dios y nos dan a entender que la verdadera y más profunda enfermedad del hombre es la ausencia de Dios, de la fuente de la verdad y del amor”.

“Sólo la reconciliación con Dios puede darnos la verdadera curación, la verdadera vida, porque una vida sin amor y sin verdad no sería verdadera vida. El Reino de Dios es precisamente la presencia de verdad y de amor, y así es curación en lo profundo de nuestro ser”, añadió el Papa.

Acción de la Iglesia

Esta obra curativa de Jesús “se prolonga en la Iglesia”, explica el Papa, mediante los sacramentos y mediante la asistencia a los enfermos, que muestra “el rostro de amor de Dios”.

“¡Cuántos cristianos -sacerdotes, religiosos y laicos- han prestado y siguen prestando en todas partes del mundo sus manos, sus ojos y sus corazones a Cristo, verdadero médico de los cuerpos y de las almas!”, añadió el Papa.

El Papa pidió especialmente “por todos los enfermos, especialmente por los más graves, que no pueden de ninguna forma proveer a sí mismos, sino que dependen totalmente de los cuidados de otros”.

“Que cada uno de ellos pueda experimentar, en la solicitud de quienes están cerca, el poder del amor de Dios y la riqueza de su gracia que nos salva”, concluyó.

Por su parte, el Papa anunció que el miércoles, Jornada Mundial del Enfermo, tiene previsto encontrarse con los enfermos y los peregrinos que acudirán a la Basílica de San Pedro, y dio una especial bendición “a todos los enfermos, a los agentes sanitarios y a los voluntarios de todas partes del mundo”.

[Por Inma Álvarez]


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El Papa pide que vuelva la paz a Madagascar

Hoy durante el rezo del Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- El Papa hizo hoy un llamamiento a la paz ante las “ fuertes tensiones políticas que han provocado también disturbios populares” en Madagascar, durante los saludos tras el rezo del Ángelus a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

El Papa se mostró “vivamente preocupado por el periodo particularmente crítico que el país está atravesando”, e invitó a todos los católicos a unirse con la oración a las iniciativas de la Iglesia malgache para ayudar a superar la crisis.

Especialmente, se refirió a la jornada de oración convocada para hoy por los obispos de la Isla, “en favor de la reconciliación nacional y de la justicia social”.

En su llamamiento, el Papa reza por los muertos en las manifestaciones y pide “la vuelta a la concordia de los ánimos, a la tranquilidad social y a la convivencia civil”.

Benedicto XVI suma así su voz al esfuerzo que está llevando a cabo la Conferencia Episcopal de Madagascar para reconducir la situación de violencia a la que ha conducido el enfrentamiento entre el presidente del país, Marc Ravalomanana, y su principal opositor, el ex alcalde de la capital, Antananarivo, Andry Rajoelina.

La crisis comenzó el pasado 26 de enero, cuando el ex alcalde Rajoelina acusó públicamente al presidente de malversación de fondos y de violación de la Constitución, y pidió su destitución inmediata. lo cual ha causado una fuerte tensión en el país, con manifestaciones y choques contra las fuerzas de seguridad.

La última manifestación, ayer sábado, provocó treinta muertos y un centenar de heridos, por disparos de la guardia presidencial, según el diario malgache “La Gazette”.

Los obispos malgaches llevan días intentando mediar entre ambas partes. Ayer, según informó Radio Vaticana, se reunieron con representantes de Ravalomanana y Rajoelina para intentar una salida negociada a la crisis.

Monseñor Fulgence Rabemahafaly, presidente de la Conferencia episcopal, se dirigió personalmente a la ciudad de Ambatobe para exhortar a Rajoelina a “elegir la vía del dialogo”. Esfuerzos similares están realizando el Nuncio apostólico, monseñor Augustine Kasujja, y los representantes del resto de confesiones cristianas.


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Juan Pablo II perfiló una teología de la comunicación

Presentado en Roma un libro sobre la relación entre la Iglesia y los medios

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- "El cristianismo está basado en la comunicación porque Jesucristo nos ha revelado el misterio del Padre, el Hijo y el plan de salvación". Con estas palabras presentó el cardenal Georges Marie Cottier el libro "Juan Pablo II: desarrollo de la teología de la comunicación".

La edición en inglés original del volumen fue presentada por la Librería Editora Vaticana el pasado miércoles en las instalaciones de Radio Vaticano.

Sus autoras son Christine A. Mugridge, miembro del Vatican Press Corps, educadora, conferencista, máster en teología, religión institucional y comunicación social en la Pontificia Universidad Salesiana de Roma y la hermana salesiana Marie Gannon, graduada en educación elemental, teología y ciencias educacionales. Actualmente es la superiora del convento de Nuestra Señora de las Nieves en el estado de Colorado en Estados Unidos.

Dos hombres como modelos de comunicación

El libro presenta en primer lugar al Señor Jesús como el máximo modelo de comunicador, el único y verdadero mediador y plenitud de la Revelación de Dios. Así sus autoras desarrollan una aproximación cristocéntrica a las comunicaciones, de acuerdo con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras.

El volumen también muestra la forma ejemplar de comunicar que tenía Juan Pablo II, entre otros aspectos por el contenido de su magisterio, su relación con los fieles, sus viajes y sus actividades pastorales.

"Juan Pablo II era una presencia en sí mismo porque podía hablar también con los gestos, desarrollando así una teología de la comunicación", explica la hermana Marie en diálogo con ZENIT.

Igualmente el libro destaca la relación del recordado pontífice con los medios de comunicación: el objetivo es "verificar la presencia de la Teología de la comunicación, gradualmente desarrollada, culminada en la última carta apostólica de Juan Pablo II 'El rápido desarrollo', (publicada en enero de 2005), donde podemos encontrar un incalculable núcleo de esta teología de comunicaciones", dijo la hermana Marie durante la presentación del libro. 

A la luz del magisterio pontificio

El libro hace un recorrido por los textos del magisterio pontificio que se refieren a los medios de comunicación a lo largo de la Historia.

"El documento Inter Mirifica del Concilio Vaticano II ha pedido el desarrollo de una antropología de la comunicación. Hemos visto esta semilla de una posibilidad de desarrollo de una teología de la comunicación", aseguró la madre Marie.

"Como en los siglos pasados, la Iglesia estará a la vanguardia de las formas creativas y hermosas de comunicar la verdad. Ver esto como una 'teología de comunicación' es mirar las cosas con un ángulo nuevo e inspirador", dijo durante la presentación del libro la periodista británica Joanna Bogle, editora de la revista Voices, dirigida al apostolado laical.

Así, el libro muestra cómo la Iglesia puede ayudar a quienes quieren comunicarse para lograr una vida mejor en varios aspectos de su campo. Evidencia también cómo una buena comunicación conduce a la comunión.

Otro de los temas claves que desarrollan sus autoras es el de la misión de los medios al servicio de la Iglesia en diálogo y solidaridad con la humanidad.

"Lo hace tanto desde la perspectiva teológica, usando el Magisterio de la Iglesia antes, durante y después del Concilio Vaticano Segundo, que toca el tema de la comunicación y la excelencia en la comunicación", agrega la hermana Maire.

"Juan Pablo II, desarrollo de una teología de comunicación", está dirigido a quienes quieren mejorar sus habilidades para anunciar mejor el Evangelio, entender las teorías esenciales de comunicación o desarrollar un plan efectivo de relaciones públicas en su diócesis.

 También pretende dar una visión a los periodistas de medios seculares que quieran incorporar el sentido de la espiritualidad en su vida diaria, entender cómo usar los nuevos medios para una efectiva comunicación de la fe y crecer en sus propias habilidades de comunicación para un desarrollo interpersonal y organizacional.


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Nuevo obispo para la diócesis de Los Ángeles (Chile)

El sacerdote Francisco Javier Stegmeier Schmidlin

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 febrero 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha nombrado obispo de Villarrica (Chile) al sacerdote Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, de la diócesis de Los Ángeles (Chile), hasta ahora rector del seminario metropolitano de Concepción, según informó este sábado la Oficina de Información de la Santa Sede.

Sustituye al obispo capuchino Sixto José Parzinger Foidl, O.F.M. Cap., de 77 años, quien había presentado su renuncia al Papa por motivos de edad.

Monseñor Stegmeier Schmidlin nació en Los Ángeles el 19 de mayo de 1962. Inicio sus estudios en 1968 en el Colegio Alemán de esa ciudad y posteriormente realizó su formación secundaria en el Liceo Alemán de los padres misioneros del Verbo Divino, también en Los Ángeles.

En 1982 ingresó al Seminario Mayor de San Rafael, de la diócesis de Valparaíso.

Obtuvo la Licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma.

Fue ordenado sacerdote para la diócesis de Los Ángeles el 3 de diciembre de 1988.

Durante su ministerio sacerdotal ha desempeñado los siguientes oficios eclesiásticos: fue vicario parroquial en la Parroquia del Buen Pastor, párroco de la Sagrada Familia de Los Ángeles, profesor del Seminario Mayor Metropolitano de Concepción, profesor del Instituto de Teología de la Pontificia Universidad de la Santísima Concepción, capellán del Monasterio de las Hermanas Clarisas de Los Ángeles y, desde 2006, Rector del Seminario Mayor Metropolitano de Concepción.

Monseñor Steigmeier, al hacerse público su nombramiento, en declaraciones publicadas por el servicio de información de la Conferencia Episcopal (www.iglesia.cl) no ocultó su temor, señalando que "Jesús dice en el evangelio: no tengan miedo. También el Papa Juan Pablo II repetía muchas veces esa frase".

"Hay muchas circunstancias en la vida en las que uno siente miedo. Si me preguntan qué siente ahora, me siento asustado. No es miedo por la diócesis o los sacerdotes de esa diócesis ni por el trabajo pastoral, si no más bien miedo de mí, de mis debilidades".

"ºNo me creo muy capacitado para esta función. Sin embargo, la confianza uno la pone en el Señor. Es Él quien capacita a los que elige".

"Cuando el Nuncio me llamó para tener un encuentro en Santiago, el 26 de enero, yo pensaba para qué será. ¿Será para llamarme la atención...? No descarté que me llamara para un nombramiento, pero pensé que yo no me siento con condiciones humanas y tampoco espirituales para esta tarea".

"Cuando me encontré con el Nuncio, me dio la noticia y antes que yo respondiera algo, me invitó a orar a la capilla. Estuvimos como diez minutos en oración. La sorpresa fue muy grande y de mucha confusión. Sentí susto y agobio respecto a lo que pudiera ser el futuro ministerio. Pero recordé dos votos o promesas que hice al señor, siendo un sacerdote muy joven".

"La primera promesa fue que todos los días oraría al menos una hora para pedirle a Dios que nunca fuera infiel a Él. Y el segundo voto fue la obediencia al Obispo, que el Obispo dispusiera de mí según su voluntad".

"La segunda parte de este voto se refería al Papa, que es obedecer a su magisterio, a su enseñanza y también a su disciplina. No estaba implícito aceptar algún día ser obispo", concluyó.



 


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Mundo


Un rabino en defensa del Papa

La defensa de la vida suaviza las tensiones católicos-judíos

 

ROMA, domingo, 8 febrero 2009 (ZENIT.org).- En medio del tira y afloja de las relaciones entre católicos y judíos de las últimas semanas, un rabino judío ortodoxo ha estado en el Vaticano, ofreciendo un modo viable, aunque menos explorado, de suavizar las tensiones.

El rabino Yehuda Levin, portavoz de la Unión de Rabinos Ortodoxos de Estados Unidos y Canadá, visitó a altos miembros de la Curia para lograr el apoyo de la Iglesia en su oposición a una marcha del orgullo gay que tendrá lugar en Jerusalén a finales de este año. Espera que el Vaticano y el nuncio apostólico en Israel pueden ayudarle a crear una coalición con otras religiones y denominaciones para bloquear la marcha.

Neoyorkino sensato y de lenguaje directo, Levin tiene un celo misionero por defender la causa pro-vida. Cree firmemente en que, cuando se trata de las relaciones judíos-católicos, defender la vida y la familia debería superponerse a controversias como la negación de la extensión del Holocausto hecha por el obispo lefebvrista Richard Williamson.

"Se están dando en nuestros hijos casos de Sida moral", dice Levin, padre de nueve hijos. "No digo que no haya lugar para eso [la discusión sobre Williamson] sino que deberíamos preguntarnos ‘¿Qué podemos hacer para salvar bebés y salvar las mentes de nuestros hijos sabiendo lo que está bien y lo que está mal en temas de vida y familia?'".

Da su pleno respaldo a Benedicto XVI en la última controversia. "Hay gente que dice que el Papa Benedicto es antisemita e insensible - esto es ridículo", dice. "Él [el Papa] tiene un largo camino de décadas de antinazismo y simpatía por los judíos". Levin también dice que entiende lo que el Papa está intentando hacer tendiendo la mano a los tradicionalistas porque ellos tienen algunas "cosas muy importantes" que aportar al catolicismo.

"Lo apoyo totalmente. ¿Por qué? Porque entiende todo el cuadro, que es que la Iglesia católica tiene un problema con la extrema izquierda que está haciendo un daño inmenso a la fe". La izquierda, dice Levin, "está ayudando a destruir y corromper los valores de la Iglesia y esto tiene un efecto cascada en todas las comunidades religiosas del mundo". Apunta que una Iglesia de 1.250 millones de miembros no puede ignorarse fácilmente. "Cuando usted estornuda", advierte, "los demás nos resfriamos - nos afecta lo que ocurre".

El rabino Levin también pide perdón por la reacción de algunos de sus compañeros judíos. "Mis chicos no han actuado con gran sofisticación", dice. "Si él [el Papa] incluye inadvertidamente a alguien que es importante en dicho movimiento y que dice cosas extrañas, ¿es esta unas razón para tirar al bebé con el agua del baño y comenzar en seguida a condenar al Papa Benedicto?", pregunta. "En modo alguno".

El rabino Levin, que todos los años participa en la Marcha por la Vida en Washington, tiene poco tiempo para nueva administración de Estados Unidos. Advierte de la "obamaficación" de la sociedad - es decir, los esfuerzos del presidente Obama de intentar lograr un consenso en todas las partes del debate del aborto.

Obama, dice "no lo está consiguiendo". Una mujer no puede estar "un poquito embarazada", ni es posible estar de acuerdo un "poquito con el matrimonio homosexual" y luego estar en contra del matrimonio homosexual. "No puedes ser todas las cosas para toda la gente", dice el rabino Levin. "Él [Obama] está prostituyendo los valores y, como Norteamericano, estoy ofendido. Cree que somos mudos".

Por Edward Pentin, traducción de Justo Amado



 


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Esperanza de un obispo iraquí en un sínodo de Oriente Medio

En medio de la lenta recuperación de su país

 

ROMA, domingo, 8 febrero 2009 (ZENIT.org).- Monseñor Louis Sako, arzobispo de Kirkuk, es una persona a la que le gusta oír lo que se dice sobre su atribulado país.

Modesto y de habla suave, el prelado caldeo-iraquí tiene una resistencia de hierro que combina con un optimismo infeccioso y un buen humor.

En Roma, durante las últimas semanas para tomar parte en la visita "ad limina" de su país, ha encontrado un momento para charlar de manera informal con un grupo de periodistas de Roma en un desayuno en el Borgo Pío.

Comenzó hablando de lo que él y sus colegas obispos ven como los más grandes desafíos a los que se enfrenta la Iglesia en Irak: el éxodo de cristianos y la caída del país en el caos. En Irak quedan cerca de 400.000 cristianos, cerca de la mitad de lo que vivían antes de que estallara la Guerra de Irak en el 2003.

"Tenemos la impresión de que hay una estrategia, no sólo entre los fundamentalistas, que apunta a expulsar a los cristianos del país", afirma. "Esto es para nosotros un gran desafío porque si se van todos los cristianos, el cristianismo se acabará en el país". Quince sacerdotes ya han dejado Bagdad, dice, y se han cerrado 5 ó 6 iglesias en la capital.

Tan urgente se ha vuelto el problema en la región que él y sus compañeros obispos han pedido a Benedicto XVI que reúna un sínodo en Oriente Medio para encontrar la forma de animar a los cristianos a permanecer y "ofrecer esperanza".

En cuanto a la violencia en Irak, dice que 500 cristianos han sido asesinados desde el 2003 (a los que él llama mártires), incluyendo al arzobispo de Mosul, monseñor Faraj Rahho, cuatro sacerdotes y un diácono. Como muchos, atribuye la brutalidad a una minoría de musulmanes extremistas, financiados por países como Irán y Siria. Los iraquíes, recalca, son "personas moderadas" de por sí.

En el lado positivo, dice que la situación de la seguridad está mejorando lentamente, y menciona lo que es poco probable que escuchen en los medios: que la mayoría de los musulmanes aprecian mucho que los cristianos iraquíes vivan allí. "Siempre dicen ‘vosotros los cristianos sois una gracia para nosotros, apreciamos de verdad vuestra presencia'".

El arzobispo da tres razones para esto: la tendencia de muchos cristianos iraquíes a ser piadosamente silenciosos y hospitalarios, en contraste con la mentalidad dominante (los musulmanes iraquíes, afirma, "pueden ser un poco tribales" y prefieren las venganzas a la ley civil). Una segundo razón, afirma, es el historial de la Iglesia de construcción de colegios, hospitales y farmacias. Aunque no son lo que solían ser y andan cortos de fondos, afirma que todavía tienen buena reputación y que, en Kirkuk, se está construyendo una nueva escuela.

Finalmente, el arzobispo Sako dice que los cristianos iraquíes son admirados por su actitud de ir más allá con los musulmanes. Recuerda cómo su diócesis organizó un encuentro entre líderes religiosos y políticos después de que una mezquita fuera atacada, y ayudaron en su restauración. En otra ocasión, acogió una cena y un encuentro de oración en la catedral, al final del Ramadán. Asistieron doscientos musulmanes. "Ayudamos a los musulmanes a abrirse", afirma, "aunque siempre somos los primeros en tomar la iniciativa".

Durante el reciente conflicto en Gaza, por ejemplo, sus parroquianos ataron una bandera en la fachada de la catedral de Kirkuk que pedía que se parara la guerra, y justicia para los palestinos. Al verlo, un imán dijo: "¿Por qué sois siempre los primeros en hacer esta clase de cosas?". El arzobispo Sako se ríe mucho al recordarlo, añadiendo: "Hay un gran espacio para el diálogo interreligioso". De hecho, cree que es una de las aportaciones más importantes de la Iglesia a la sociedad iraquí.

Aunque los cristianos han vivido en relativa paz bajo Saddam Husein, el arzobispo Sako niega que entonces les fuera mejor. "Todo estaba controlado", afirma, "[y] ningún iraquí tenía la valentía de criticar a Saddam Husein". Pero añade que los cristianos han ocupado siempre los niveles más altos de la sociedad iraquí "porque se puede confiar en ellos".

En cuanto a las condiciones de vida, el arzobispo dice que, aparte de los problemas de seguridad, los iraquíes en general viven bien. De hecho, relata que algunos cristianos están volviendo, incluyendo, en los últimos meses, 2.000 de Alepo, en Siria. Incluso añade, con cierta ironía, que cinco familias han vuelto de Estados Unidos porque no han podido encontrar trabajo.

Y aunque la seguridad sigue siendo el principal problema, tiene esperanza. "No hay orden", dice, "pero poco a poco el país se recuperará".

Por Edward Pentin, traducción de Justo Amado



 


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Análisis


Exámenes prenatales acaban en eugenesia

Las dudas o defectos se convierten en niños abortados

 

ROMA, domingo, 8 febrero 2009 (ZENIT.org).- Poco después de haber desmontado las escenas de la natividad tras las fiestas navideñas, se dispara el debate en Inglaterra sobre los abortos selectivos de niños con problemas genéticos.

La investigación llevada cabo por el centro de investigación del autismo de la Universidad de Cambridge planteó la posibilidad de detectar en bebés no nacidos el riesgo de sufrir autismo, informaba el periódico Guardian el 12 de enero.

Los investigadores encontraron un nexo entre altos niveles de testosterona en el líquido amniótico de las mujeres embarazadas y rasgos autistas en un grupo de 235 niños estudiados.

"Si hubiera una prueba prenatal para el autismo, ¿sería esto deseable?", declaraba al Guardian el profesor Simon Baron-Cohen, director del equipo de investigación. "¿Qué perderíamos si los niños con desórdenes autistas fueran eliminados de la población?", preguntaba.

Las pruebas de autismo antes del nacimiento podrían tener algunos resultados positivos, observaba el artículo. Según la Sociedad Nacional Autista inglesa ayudaría a los padres a prepararse y a conseguir ayuda para su hijo.

Acompañando al artículo que anunciaba los descubrimientos de la investigación, el Guardian publicaba el testimonio de Charlotte Moore, que ha criado a sus dos hijos autistas, George y Sam.

Charlotte reconocía la carga que pone sobre los padres un hijo autista, y expresó su miedo de que muchas madres abortasen tales niños si las pruebas estuvieran disponibles, como actualmente ocurre con los niños con síndrome de Down.

Ella, sin embargo, no consideraría abortar un niño autista. "Nuestra vida familiar es tan rica y tan llena de significado como cualquier otra; las vidas de mis hijos no son trágicas, ni tampoco la mía", sostenía. "Una sociedad que busca eliminar todas las variables que hacen de la vida humana algo fascinantemente complejo no es una sociedad en la que yo quiera vivir", concluía Charlotte.

Libre de cáncer

Las noticias sobre el autismo aparecieron poco después del anuncio del nacimiento del primer niño de Gran Bretaña seleccionado genéticamente para quedar libre de un gen ligado al cáncer de pecho. Según un reportaje del 10 de enero en el periódico Scotsman, una pareja se sometió al tratamiento de fertilidad en la Colegio Universitario de Londres y los embriones fueron sometidos al proceso de diagnosis de preimplantación genética (PGD), para asegurar que no tenían el gen BRCA1.

Las mujeres con esta variación genética tienen un 80% de riesgo de desarrollar cáncer de mama, comentaba el artículo.

Scotsman también informaba de la preocupación expresada por Michaela Aston, de la organización Life. "Life celebra toda nueva vida y da la bienvenida a este niños al mundo", afirmaba.

"No obstante, estamos muy preocupados por la pérdida de aquellos embriones descartados por no ser considerados dignos de vivir", continuaba Aston. "Necesitamos recordar que somos mucho más que la suma de nuestros genes".

Las noticias también llamaron la atención de William Saletan, que escribe en la revista online norteamericana Slate. En su comentario del 14 de enero, Saletan ponía de relieve la deshonestidad verbal de la nota de prensa del Colegio Universitario de Londres.

"El primer bebé examinado para la forma de cáncer de mama BRCA1 antes de la concepción ha nacido en el Reino Unido", se afirma. Saletan explicaba que las pruebas tuvieron lugar, no obstante, en estado de embrión y dicho bebé fue uno de los 11 examinados, de los que 9 fueron descartados. Dos se implantaron después, dando como resultado un bebé.

Juegos de palabras

"Ahora llamamos a tales pruebas ‘preconcepción'. Este es el siguiente paso en nuestra gradual devaluación de los embriones", reflexionaba Saletan. Los embriones jóvenes eran denominados "pre-embriones" para hacer más aceptable el utilizarlos en experimentos científicos, y ahora cambiamos el significado de la palabra concepción.

"No te preocupes de los seis óvulos que fertilizamos, rechazamos y liquidamos al seleccionar este bebé. En realidad nunca fueron concebidos. De hecho ni siquiera eran embriones", continuaba Saletan.

Luego seguía apuntando que si la bebé había sido concebida de modo natural, habría tenido un 50% de posibilidades de heredar el gen defectuoso. Después, si lo hubiera heredado habría tenido un riesgo de cáncer del 50% al 85%, e incluso entonces podría habérselo detectado y curado.

"La investigación sobre embriones está pasando de enfermedades garantizadas y fatales en la niñez a enfermedades potenciales y no mortales en vida adulta", lamentaba Saletan.

Las investigaciones de este tipo parece que se expanden con rapidez. Sólo unos días después, el 18 de enero, el periódico Scotland on Sunday anunciaba que pronto se ofrecerá a cientos de parejas escocesas pruebas para crear "bebés de diseño" libres de enfermedades genéticas.

El Centro para Medicina Reproductiva de Glasgow (GCRM) pondrá en marcha un servicio de análisis escocés a finales de año. Se analizará a los embriones de 200 genes que están detrás de enfermedades hereditarias como el cáncer o la fibrosis quística.

El centro implantará por tanto sólo embriones que se garantice que están libres de cualquier fallo genético específico, costando 5.500 libres cada tratamiento terminado. Tales servicios estaban disponibles hasta ahora en Inglaterra, pero no al norte de la frontera.

"Esta no es la cura de ninguna enfermedad, sino una forma de destruir a los que las padecen en sus primeras etapas de vida. Es totalmente inmoral y no debería apoyarse", declaró al periódico un portavoz innominado de la Iglesia católica en Escocia.

Cuesta resbaladiza

Como consecuencia un artículo sobre las pruebas realizadas sobre los no nacidos sembraba el miedo sobre la futura destrucción de vida no nacida. El 25 de enero el Sunday Times informaba que las pruebas de paternidad que ahora se llevan a cabo sobre niños no nacidos por algunos laboratorios de ADN.

Dichas pruebas, explicaba el artículo, permiten a las madres abortar los niños si son el resultado de una relación extraconyugal.

Según el artículo, DNA Solutions, el mayor proveedor de pruebas genéticas del Reino Unido, actualmente lleva a cabo 500 pruebas de paternidad prenatal cada año. El Sunday Times también observaba que la empresa reconoce que algunas de las mujeres que usan sus pruebas probablemente se inclinarán por abortar el bebé si resulta que es del padre "incorrecto".

Josephine Quintavalle, fundadora de Conment on Reproductive Ethics, afirmaba: "Esto es de hecho bastante preocupante. Es obvio que quienes se someten a la prueba luego querrán abortar. Quienes ofrecen esta prueba animan a ‘soluciones' de este tipo".

Las mujeres que pasan por las pruebas para detectar problemas genéticos o de paternidad se pueden ver reflejadas en el testimonio de Victoria Lambert, que escribió un artículo el 3 de enero en el periódico Daily Mail sobre su experiencia de haber abortado un bebé discapacitado.

Su hijo tenía síndrome de Patau, también conocido como trisoma 13, y aunque muchos de los que lo padecen mueren al nacer o poco después, algunos pueden sobrevivir hasta el inicio de la edad adulta.

Abortar a su hijo fue una experiencia que le dejó profundas cicatrices, escribía Lambert. "Dicho simplemente, mi decisión y sus consecuencias me han torturado durante los últimos nueve años".

Lambert pasa luego a describir cómo después de algunos abortos naturales años después concibió de nuevo, cuando ya casi tenía 40 años. Cuando se le ofreció un escáner en un hospital, ella lo rechazó.

"Una vez que habíamos decidido que no seguiríamos adelante con pruebas para el Down o cualquier otra cosa, dejé de preocuparme sobre cómo sería nuestro hijo", declaró. "Sería nuestro bebé; y mientras naciera viva, todo lo demás podría tratarse", comentaba Lambert.

Aunque más pruebas prenatales puedan emocionar a los científicos, hay un grave peligro, concluía, "que la excesiva facilidad y simplicidad de las pruebas vuelvan las decisiones de vida o muerte muy fáciles de adoptar - y de lamentar".

"Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades", hace notar el Catecismo de la Iglesia Católica (No. 2268). Irónicamente, mientras que la opinión pública se opone cada vez más a la pena de muerte para los criminales culpables, sanciona la muerte para el inocente no nacido.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción del original inglés por Justo Amado



 


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Angelus


Benedicto XVI: “la obra curativa de Jesús se prolonga en la misión de la Iglesia”

Hoy durante el rezo del Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la intervención del Papa Benedicto XVI hoy durante el rezo del Ángelus, a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro.

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Queridos hermanos y hermanas,

hoy el Evangelio (cfr Mc 1,29-39) – en estrecha continuidad con el domingo pasado – nos presenta a Jesús, que tras haber predicado el sábado en la sinagoga de Cafarnaúm, curó a muchos enfermos, empezando por la suegra de Simón. Entrado en su casa, la encontró en la cama con fiebre y, en seguida, tomándola de la mano, la curó y la hizo levantarse. Tras ponerse el sol, sanó a una multitud de personas afligidas por males de todo tipo. La experiencia de la curación de los enfermos ha ocupado buena parte de la misión pública de Cristo y nos invita una vez más a reflexionar sobre el sentido y el valor de la enfermedad en toda situación en que pueda encontrarse l ser humano. Esta oportunidad nos viene ofrecida también por la Jornada Mundial del Enfermo, que celebraremos el próximo miércoles, 11 de febrero, memoria litúrgica de la Beata Virgen María de Lourdes.

A pesar de que la enfermedad forme parte de la existencia humana, nunca conseguimos habituarnos a ella, no sólo porque a veces llegue a ser pesada y grave, sino esencialmente porque estamos hechos para la vida, para la vida completa. Justamente nuestro “instinto interior” nos hace pensar en Dios como plenitud de vida, es más, como Vida eterna y perfecta. Cuando somos probados por el mal y nuestras oraciones parecen resultar vanas, surgen en nosotros la duda y, angustiados, nos preguntamos: ¿cuál es la voluntad de Dios? Es precisamente a esta pregunta a la que encontramos respuesta en el Evangelio. Por ejemplo, en el pasaje de hoy leemos que “Jesús curó a muchos que estaban afectados por varias enfermedades y expulsó muchos demonios” (Mc 2,34); en otro pasae de san Mateo se dice que “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt 4,23). Jesús no deja dudas: Dios – del que Él mismo ha revelado su rostro – es el Dios de la vida, que nos libra de todo mal. Los signos de este poder suyo de amor son las curaciones que realiza: demuestra así que el Reino de Dios está cerca restituyendo a los hombres y las mujeres a su plena integridad de espíritu y de cuerpo. Digo que estas curaciones son signos: guían hacia el mensaje de Cristo, nos guían hacia Dios y nos dan a entender que la verdadera y más profunda enfermedad del hombre es la ausencia de Dios, de la fuente de la verdad y del amor. Y sólo la reconciliación con Dios puede darnos la verdadera curación, la verdadera vida, porque una vida sin amor y sin verdad no sería verdadera vida. El Reino de Dios es precisamente la presencia de verdad y de amor, y así es curación en lo profundo de nuestro ser.

Gracias a la acción del Espíritu Santo, la obra de Jesús se prolonga en la misión de la Iglesia. Mediante los Sacramentos es Cristo quien comunica su vida a multitud de hermanos y hermanas, mientras cura y conforta a innumerables enfermos a través de las tantas actividades de asistencia sanitaria que las comunidades cristianas promueven con caridad fraterna mostrando así el rostro de Dios, Su amor. Es verdad: ¡cuántos cristianos -sacerdotes, religiosos y laicos- han prestado y siguen prestando en todas partes del mundo sus manos, sus ojos y sus corazones a Cristo, verdadero médico de los cuerpos y de las almas! Oremos por todos los enfermos, especialmente por los más graves, que no pueden de ninguna forma proveer a sí mismos, sino que dependen totalmente de los cuidados de otros; que cada uno de ellos pueda experimentar, en la solicitud de quienes están cerca, el poder del amor de Dios y la riqueza de su gracia que nos salva. María, salud de los enfermos, ruega por nosotros.

[Después del Ángelus, dijo]

En estas semanas se están registrando en Madagascar fuertes tensiones políticas que han provocado también disturbios populares. Por esto los Obispos de la isla han convocado para hoy una jornada de oración en favor de la reconciliación nacional y de la justicia social. Vivamente preocupado por el periodo particularmente crítico que el país está atravesando, os invito a uniros a los católicos malgaches para confiar al Señor los muertos en las manifestaciones y para invocar de Él, por intercesión de María Santísima, la vuelta a la concordia de los ánimos, a la tranquilidad social y a la convivencia civil.

Como señalaba hace un momento, el próximo 11 de febrero, memoria de la Beata Virgen María de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Por la tarde encontraré a los enfermos y a los demás peregrinos en la Basílica de San Pedro, después de la Santa Misa que presidirá el Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, cardenal Lozano Barragán. Desde ahora aseguro mi especial bendición a todos los enfermos, a los agentes sanitarios y a los voluntarios de todas partes del mundo.

[En español dijo]

El evangelio que se ha proclamado este domingo nos presenta a Jesucristo envuelto en una intensa labor apostólica, sin que por ello su profunda vida interior se vea mermada. Ambas cosas, la actividad del Hijo de Dios y su plegaria, son actos de su amor y entrega a sus coetáneos. Que la Santísima Virgen María nos ayude a todos los miembros de la Iglesia a actualizar este sentido misionero, que combina el trabajo y las ocupaciones con una continua vida de unión con Dios. Muchas gracias y feliz domingo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]



 


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Documentación


Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo

La Iglesia debe estar cercana a los niños enfermos y sus familias

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 8 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el Mensaje del Papa Benedicto XVI con motivo de la 17 Jornada Mundial del Enfermo, y que ayer hizo público la Santa Sede (11 de febrero próximo), y que este año se celebrará a nivel diocesano.

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Queridos hermanos y hermanas,

la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el próximo 11 de febrero, memoria litúrgica de la Beata María Virgen de Lourdes, verá a las comunidades diocesanas reunirse con sus propios obispos en momentos de oración para reflexionar y decidir iniciativas de sensibilización sobre la realidad del sufrimiento. El Año Paulino, que estamos celebrando, ofrece la ocasión propicia para detenernos a meditar con el apóstol Pablo sobre el hecho de que, “así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación” (2 Cor 1,5). La unión espiritual con Lourdes nos trae además a la mente la maternal solicitud de la Madre de Jesús por los hermanos de su Hijo “aún peregrinos y puestos en medio de peligros y afanes, hasta que no seamos conducidos a la patria bendita” (Lumen gentium, 62).

Este año nuestra atención se dirige particularmente a los niños, las criaturas más débiles e indefensas y, entre estos, a los niños enfermos y sufrientes. Hay pequeños seres humanos que llevan en su cuerpo las consecuencias de enfermedades invalidantes, y otros que luchan con males hoy aún incurables a pesar del progreso de la medicina y la asistencia de buenos investigadores y profesionales de la salud. Hay niños heridos en su cuerpo y en su alma cono consecuencia de conflictos y guerras, y otros víctimas del odio de personas adultas insensatas. Hay “niños de la calle”, privados del calor de una familia y abandonados a sí mismos, y de menores profanados por gente abyecta que viola su inocencia, provocando en ellos una herida psicológica que les marcará para el resto de sus vidas. No podemos tampoco olvidar el incalculable número de menores que mueren a causa de la sed, del hambre, de la carencia de asistencia sanitaria, como también los pequeños exiliados y prófugos de su propia tierra con sus padres en búsqueda de mejores condiciones de vida. De todos estos niños se eleva un silencioso grito de dolor que interpela a nuestra conciencia de hombres y de creyentes.

La comunidad cristiana, que no puede permanecer indiferente ante tan dramáticas situaciones, advierte el imperioso deber de intervenir. La Iglesia, de hecho, como he escrito en la encíclica Deus caritas est, “es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario” (25, b). Auguro por tanto, que también la Jornada Mundial del Enfermo ofrezca la oportunidad a las comunidades parroquiales y diocesanas de tomar cada vez más conciencia de ser “familia de Dios”, y las anime a hacer perceptible en los pueblos, en los barrios y en las ciudades el amor del Señor, que pide “que en la misma Iglesia, en cuanto familia, ningún miembro sufra porque pasa necesidad” (ibid.). El testimonio de la caridad formar parte de la vida misma de cada comunidad cristiana. Y desde el principio la Iglesia ha traducido en gestos concretos los principios evangélicos, como leemos en los Hechos de los Apóstoles. Hoy, dadas las nuevas situaciones de la asistencia sanitaria, se advierte la necesidad de una más estrecha colaboración entre los profesionales de la salud que trabajan en las distintas instituciones sanitarias y las comunidades eclesiales presentes en su territorio. En esta perspectiva se confirma en todo su valor una institución relacionada con la Santa Sede, como es el Hospital Pediátrico Niño Jesús, que celebra este año sus 140 años de vida.

Pero hay más. Dado que el niño enfermo pertenece a una familia que comparte su sufrimiento a menudo con graves impedimentos y dificultades, las comunidades cristianas no pueden dejar de hacerse cargo también de ayudar a los núcleos familiares afectados por la enfermedad de un hio o de una hija. A ejemplo del “Buen Samaritano” es necesario que se incline hacia las personas tan duramente probadas y les ofrezca el apoyo de una solidaridad concreta. De este modo, la aceptación y el compartir del sufrimiento se traduce en un apoyo útil a las familias de los niños enfermos, creando dentro de ellas un clima de serenidad y esperanza, y haciendo sentir a su alrededor una familia más vasta de hermanos y hermanas en Cristo. La compasión de Jesús por el llanto de la viuda de Naím (cfr Lc 7,12-17) y por la implorante súplica de Jairo (cfr Lc 8,41-56) constituyen, entre otros, algunos puntos de referencia para aprender a compartir los momentos de pena física y moral de tantas familias probadas. Todo esto presupone un amor desinteresado y generoso, reflejo y signo del amor misericordioso de Dios, que nunca abandona a sus hijos en la prueba, sino que siempre les proporciona admirables recursos de corazón y de inteligencia para ser capaces de afrontar adecuadamente las dificultades de la vida.

La dedicación cotidiana y el compromiso sin descanso al servicio de los niños enfermos constituyen un elocuente testimonio de amor por la vida humana, en particular por la vida de quien es débil y en todo y por todo dependiente de los demás. Es necesario afirmar con vigor la absoluta y suprema dignidad de toda vida humana. No cambia, con el transcurso del tiempo, la enseñanza que la Iglesia proclama incesantemente: la vida humana es bella y debe vivirse en plenitud también cuando es débil y está envuelta en el misterio del sufrimiento. Es a Jesús crucificado a quien debemos dirigir nuestra mirada: muriendo en la cruz Él ha querido compartir el dolor de toda la humanidad. En su sufrimiento por amor entrevemos una suprema coparticipación en las penas de los niños enfermos y de sus padres. Mi venerado Predecesor Juan Pablo II, que desde la aceptación paciente del sufrimiento ha ofrecido un ejemplo luminoso especialmente en el ocaso de su vida, escribió: “Sobre la cruz está el 'Redentor del hombre', el Varón de dolores, que ha asumido en sí mismo los sufrimientos físicos y morales de los hombres de todos los tiempos, para que en el amor podamos encontrar el sentido salvífico de su dolor y respuestas válidas a todos sus interrogantes” (Salvifici doloris, 31).

Deseo aquí expresar mi aprecio y ánimo a las Organizaciones internacionales y nacionales que se ocupan del cuidado de los niños enfermos, particularmente en los países pobres, y con generosidad y abnegación ofrecen su contribución para asegurarles cuidados adecuados y amorosos. Dirijo al mismo tiempo un urgente llamamiento a los responsables de las naciones para que se potencien leyes y reglamentos a favor de los niños enfermos y de sus familias. Siempre, pero aún más cuando está en juego la vida de los niños, la Iglesia, por su parte, está dispuesta a ofrecer su cordial colaboración en el intento de transformar toda la civilización humana en “civilización del amor” (cfr Salvifici doloris, 30).

Concluyendo, quisiera manifestar mi cercanía espiritual a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que sufrís cualquier enfermedad. Dirijo un afectuoso saludo a cuantos os asisten: a los obispos, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los agentes sanitarios, a los voluntarios y a todos aquellos que se dedican con amor a cuidar y a aliviar los sufrimientos de quien está luchando con la enfermedad. Un saludo muy especial para vosotros, queridos niños enfermos y sufrientes: el Papa os abraza con afecto paterno junto con vuestros padres y familiares, y os asegura un especial recuerdo en la oración, invitándoos a confiar en la ayuda maternal de la Inmaculada Virgen María, que en la pasada Navidad hemos contemplado una vez más mientras abraza con alegría entre los brazos al Hijo de Dios hecho niño. Al invocar sobre vosotros y sobre todos los enfermos la protección maternal de la Virgen Santa, Salud de los Enfermos, os imparto de corazón a todos una especial Bendición Apostólica.

En el Vaticano, a 2 de febrero de 2009



 

BENEDICTUS PP.XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]


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