12.02.09
Si Hans Kung et alii se quejan, Benedicto XVI hace las cosas bien
Muy conocida es la frase aquella de “por sus frutos los reconoceréis”, dicha por un tal Jesús de Nazaret. Y se refería a los posibles falsos profetas con los que pudieran encontrarse sus discípulos.Así, cuando alguien se refiere a Benedicto XVI como productor de malos frutos o de malas consecuencias de su papado es que, al fin y al cabo, se le está achacando un comportamiento no muy acorde con la función que el Espíritu Santo le atribuyó al ser elegido.
Ya podemos imaginar quiénes hacen alarde de desconocimiento de la realidad eclesial y quiénes lanzan maledicencias en contra de Benedicto XVI.
Exactamente… algunas de las que están pensando.
Aquí voy a traer a colación dos ejemplos, dos, de cómo es posible tergiversar las circunstancias y, además, pretender tener razón.
1.-El pasado día 11 del presente mes de febrero, se publicada, en Religión Digital un artículo algo desvinculado de la realidad y claramente tendencioso.
Cuando Benedicto XVI tomó la decisión de levantar la excomunión a los cuatro obispos ordenados, en su día, por Marcel Lefebvre, es de suponer que tenía, en su corazón, la creencia de que hacía lo correcto en aras de la comunión entre católicos. Es decir, que lo hacía para bien y no por haber tenido una ocurrencia en una fría mañana de Roma.
Pues parece que no.
A partir de que se conocieran las declaraciones del obispo Williamson (negando la Shoah) no han tardado nada, pero nada, en decir, poco más o menos, que es culpa de Benedicto XVI que dijera lo que dijo el tal obispo sobre el Holocausto. Y nada más lejos de la realidad.
Importa poco que el mismo lefebvrismo haya actuado de forma diligente y haya hecho lo que tenía que hacer porque el culpable es Benedicto XVI que, al parecer, va a llevar a la Iglesia católica, de nuevo, a la “Edad Media”.
Ahí queda eso: siendo el fruto bueno (depuración de lo malo) hay que atribuírselo a quien lo ha provocado.
2.- Otra señal de que las cosas van bien es la siguiente.El teólogo Hans Kung le hecha las culpas, a Benedicto XVI, de casi todo.
Al respecto de lo mismo de Williamson (aunque, en verdad, lo que se pretende es que no haya verdadera comunión con según qué creyentes) dice Kung que “es el Papa quien debe presentar una disculpa personal y anular la decisión de suspender la excomunión.”
Poco le importa a Hans Kung que sea necesaria la unión de los cristianos (aquí de los católicos, para ir empezando) porque fue demandada por el mismo Cristo; poco le importa que, para hacer tal cosa sea necesario podar lo sarmientos que pudieran estar podridos y dejar la vid en condiciones de producir buenos frutos; poco la importa que, en ocasiones, haya que tragar determinados “sapos” porque, de otra forma, mucho de lo bueno se llevaría a cabo ni se alcanzaría.
Por si eso no fuera, ya, suficiente, y abundando en lo mismo dicho en el primer artículo citado, dice Kung, que “Esperamos que el Papa no se arrime a esta gente que aún representa a la Iglesia de la Edad Media y a la Contrarreforma”.
Y es que, en realidad, lo que quiere el teólogo suizo, es sembrar cizaña para ver si cosecha, sus afirmaciones, algún que otro quebradero de cabeza y, de paso, poner a Benedicto XVI al pie de los caballos.
Por eso, por lo dicho aquí y por otras muchas cosas que se podrían decir, cuando los malos se quejan es que se está haciendo bien, frutos incluidos.