15.02.09

En nuestra vida, algunas veces alejada de Dios, podemos encontrar al Padre en muchas situaciones por las que pasamos. Por eso, podemos seguir sus huellas, las huellas de Dios, para que nos sirvan de guía, de encuentro y, muchas veces, de consuelo.
Por tanto, estos pequeños relatos, pequeñas inspiraciones producidas por la presencia de Dios de forma firme y efectiva, son, precisamente, “Huellas de Dios” en nuestras vidas porque, en realidad, nosotros somos su semejanza y, como tal, deberíamos encontrar a nuestro Creador, sencillamente, en todas partesEl de esta semana lleva por título:
Respeto humano
Nuestras relaciones con el prójimo pueden llevarse a cabo de forma diversa. Así, bien podemos hacer lo que en espíritu nos conviene o, también, lo que en materia nos interesa.
Recogen los Hechos de los Apóstoles (5:29) algo que nunca deberíamos olvidar y que siempre deberíamos traer a nuestras vidas:
“Se debe obedecer a Dios antes que a los hombres“.
Por su parte, el Cura de Ars venía a decir lo siguiente: “¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? Es el respeto humano ¡Oh, maldito respeto humano, qué de almas arrastra al infierno!“.
Entonces, ¿Qué es, exactamente, el respeto humano?
En realidad, supone situarse ante la realidad que vivimos dándole más importancia a lo que los demás puedan decir o pensar sobre nuestras actitudes y, al fin y al cabo, sobre nosotros.
Y, sobre todo, lo que supone el respeto humano es que, al adoptar, nosotros, una actitud relacionada con nuestros valores cristianos, tal actitud pueda suponer algún tipo de malestar para nuestra convivencia.
Entonces, si ponemos por delante el qué dirán por sobre tales valores es cuando nos dejamos dominar por el respeto humano y nos olvidamos, con demasiada facilidad, de la frase de los Hechos de los Apóstoles citada arriba.
Supone, por tanto, el respeto humano, algo muy negativo para nuestra vida espiritual porque la hace decaer en los abismos de la ignorancia o de la falta de presentación al mundo de la misma. Así, cuando preferimos no mostrar nuestro pensamiento, venido del Espíritu, ante los acontecimientos del mundo y, simplemente, ponemos en primer lugar lo que nos dice la mundanidad… entonces no podemos decir que prevalezca la voluntad de Dios.
Ante todo esto, no está de más traer, aquí, lo dicho por Sto. Tomás de Aquino (al comentar el Credo): “Asimismo, todos aquellos que obedecen a los reyes más que a Dios o en aquellas cosas que no deben obedecer, lo constituyen dioses suyos”
Constituirse en dios de uno mismo es, o supone, el final de una fase de alejamiento de Dios: en primer lugar, no cumplimos los mandamientos porque, a lo mejor, no entendemos el contenido de su mensaje o, simplemente, no nos conviene; luego, nos vamos apartando del Padre porque, en realidad, no lo creemos necesario para nuestra vida; por último, nos hacemos dioses de nosotros mismos porque es la única manera de sobrevivirnos.
Y esto es lo que, al fin y al cabo, nos provoca el respeto humano: alejamiento de Dios y sometimiento al mundo.
Y esto es lo que nos produce el respeto humano: empobrecimiento de nuestra vida espiritual y caída en el abismo de nuestro egoísmo.
Y es que, en realidad, respetar lo humano, en cuanto comportamiento y en cuanto espíritu por sobre lo divino no es buen negocio para nosotros que buscamos la salvación eterna.