15.02.09

Un jesuita brillante pero incomprendido


S. Claudio de la Colombiere (1641-1682) sufrió las incomprensiones de los que le rodeaban desde que comenzó su vida religiosa, a pesar de que se notaba su gran inteligencia. ¡Qué bien podía apreciar por las calumnias que sufrió en vida que el Señor mirara en el Evangelio del 6o. domingo de tiempo ordinario a un leproso: “sintiendo lástima” (Mc. 1, 41)! Marginado como el leproso, buscaba en el compasivo Sagrado Corazón de Jesús todo su consuelo, como demuestra su “Acto de confianza en Dios” (incluido al final de este artículo).

Destacó en el noviciado y por eso fue mandado como preceptor de los hijos de Colbert, el ministro de Tesoro de Luis XIV, pero encontraron un epigrama contra ese ministro entre escritos que guardaba por cualidades literarios en un cuaderno. No creyeron su falta de malicia y tuvo que volver a Lyon.

Poco después de comenzar su tercera probación fue admitido a los votos solemnes y mandado como superior al colegio de Paray-le-Monial en 1675, donde fundó una congregación mariana para nobles y profesionales para hacer frente a los protestantes. Allí conoció a Sta. Margarita María de Alacoque, una vidente del Sagrado Corazón de Jesús que muchos consideraban engañada por el demonio, pero a quien el santo creía y defendía, propagando la devoción al Sagrado Corazón.

El Señor le había dicho a la santa que el santo era el siervo fiel que le mandaba, pero aun así sentía una gran aversión a confesarse con él. Cuando se lo dijo, respondió el santo que estaba contento de poder darle la oportunidad de ofrecer un sacrificio al Señor, porque venciéndose ella de ese sentimiento, podía cumplir el mandato de Jesús: ‘El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo’, lo cual le ayudó a la santa a superarse.

Dice la santa que S. Claudio: “tuvo que sufrir mucho por causa mía. Decíase que yo pretendía engañarle con mis ilusiones. Pero él no se preocupaba de habladurías, y no dejó de ayudarme en el corto tiempo que estuvo en la ciudad, y siempre ha continuado ayudándome.”

Por obediencia se fue de allí con el cargo de capellán de la duquesa de York en inglaterra, que era católica. Muchos no se explicaban su vida austera en el palacio (ni siquiera subía a los balcones para ver la vista), pero su ejemplo y sus sermones conseguían tantas conversiones que por las calumnias de un sacerdote apóstata (a quien había intentado ayudar) le encarcelaron en 1578 por convertir a ingleses y fundar un convento en Londres.

Tras la intervención de Luis XIV se salvó del martirio y volvió a Francia a comienzos de 1679 muy débil de salud, con fiebre y dolor de riñones por su tiempo en la prisión. Le mandaron a Lyon y a Paray-le-Monial para recuperarse, pero Sta. Margarita María de Alacoque le escribió que el Señor le había revelado que en Paray-le-Monial quería el sacrificio de su vida. Allí murió a los 41 años.

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Acto de Confianza en Dios por S. Claudio de la Colombiere

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza. Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé, Señor, y jamás seré confundido.

Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuánto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.

En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea. (www.corazones.org)

Pregunta del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Se ha sentido incomprendido alguna vez? ¿Cómo superó esa prueba de su fe?

Mañana: La oración de petición – “suplicándole” (Mc. 1, 40)