No podemos rechazar, no podemos condenar a muerte a quienes se lanzan al mar para encontrar trabajo, casa y vida"
Rouco quiere firmar la paz con ZP
RDMiércoles, 26 de agosto 2009

Tras años de enfrentamiento, unas veces soterrado y otras en la plaza pública, el cardenal de Madrid y presidente del episcopado, Antonio María Rouco Varela, parece decidido a firmar la paz con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. O al menos, una tregua. Y, desde Italia, asegura que hay “signos esperanzadores” de distensión entre la Iglesia y el Ejecutivo socialista”.
En el prestigioso escenario internacional del mitin de Rimini, que organiza todos los años Comunión y Liberación, y ante la presencia de destacadas personalidades eclesiásticas y civiles (entre ellas el ex primer ministro inglés, Tony Blair), Rouco reconoció que “a partir de la óptima colaboración para organizar la Jornada mundial de la juventud de Madrid 2011, están aumentando las convergencias y las ocasiones de diálogo con el Ejecutivo”.
Parco en sus expresiones, Rouco no dijo más al respecto y dedicó el resto de su intervención en Rimini a glosar las bondades de las Jornadas Mundiales de la Juventud y las excelencias de Madrid para acoger la del 2011. “Las Jornadas –dijo el purpurado- dan frutos de conversiones, vocaciones y consagraciones apostólicas”.
Más tarde, en un encuentro con periodistas, insitió sobre el tema de la inmigración. Y en plan reivindicativo. “No es posible dejar morir a los emigrantes que emprenden una difícil travesía en busca de un futuro mejor”, advirtió.
En un encuentro con los periodistas mantenido en el "Meeting por la amistad entre los pueblos", que organiza Comunión y Liberación, el arzobispo de Madrid reconoció tanto el derecho a emigrar, en ciertas situaciones, como el derecho a regular el proceso migratorio en función del bien común.
Los comentarios del presidente de la Conferencia Episcopal Española tuvieron lugar en pleno debate en Italia sobre la inmigración.
Los únicos cinco supervivientes de la tragedia que la semana pasada se cobró la vida de unas setenta personas que trataban de llegar en una barcaza a Italia desde el norte de África serán acusados ante la Justicia italiana de inmigración clandestina en aplicación de la nueva ley sobre seguridad impulsada por el Gobierno de Silvio Berlusconi."Nos llama la atención en España la forma como se está planteando aquí el problema", reconoció el prelado.
Según el cardenal, "hay poca unidad a la hora de tratar el problema por parte de los gobiernos europeos y de la Unión Europea, de forma que cada país, o los más afectados, están tratando de organizar su política para resolver el problema"."No podemos rechazar, no podemos condenar a muerte a quienes se lanzan al mar para encontrar trabajo, casa y vida en otros países de Europa", aclara el pastor de la capital española.
"Creo que los principios de la doctrina social de la iglesia en este punto son claros. Efectivamente hay un derecho a la emigración, cuando no se encuentran condiciones de vida en los propios países, pero también hay derecho a una regulación del proceso migratorio en función del bien común y del país y de la sociedad al que acuden los emigrantes".
"Claro, son principios muy generales que necesitan concreción política y jurídica. Y en ese proceso de concreción nos encontramos con problemas concretísimos que a veces nos desbordan", reconoce.
Importancia de la inmigración hispana
El purpurado explicó que, España, en los últimos años ha experimentado un "crecimiento espectacular" de inmigrantes, de forma que entre el 8 y el 10% de la población hoy son emigrantes, el 17 ó 18% en la Comunidad de Madrid, según datos que él mismo ofreció.
Ahora bien, aclaró, en su país este fenómeno es sumamente particular, pues "el 60 ó 70% viene de los países de América que hablan español y que participan básicamente de las mismas raíces religiosas y culturales de España".
"Desde el punto de vista pastoral en las parroquias españolas los emigrantes ecuatorianos, peruanos..., están en la parroquia como en su casa, igual que en el Perú, en Ecuador".
"Más aún hay parroquias de los centros históricos de las ciudades, como en Madrid, donde ya el 80% de los feligreses son americanos hispanos, participan en la vida de la iglesia con normalidad, en su vida asociativa, en los consejos pastorales parroquiales, etc.".
"Y con todo son los que están sufriendo con mayor fuerza el efecto de la crisis económica", lamentó.El segundo grupo de inmigrantes más numeroso en España procede de Europa central y del Este, y explicó que con ellos la relación también es fácil.
En el caso de un tercer grupo, los inmigrantes africanos, el cardenal mencionó "la tragedia de los pasos a las Islas Canarias y a la costa española".
"Lo sufren especialmente las Islas Canarias pues están muy cerca de África. Y los canarios piden que el resto de los lugares de España ayudemos. Y tratamos de que se eviten esas tragedias".
Por último, explicó que el grupo de los emigrantes musulmanes "es relativamente pequeño". "En Madrid, es el 8%. En el Estado español no creo que sea mucho más, quizá el 10%".
Y la traca final en una conferencia pronunciada en el mitin de Rimini. Ttitulada “Iglesia, sociedad y política”, fue uno de los actos centrales de la 30ª edición del Meeting de Rímini, que se celebra esta semana bajo el lema “Conocer es siempre un acontecimiento”.Durante su intervención, el presidente de la Conferencia Episcopal ha lanzado esta pregunta: “¿Tiene el poder político facultad de limitar, condicionar, restringir e incluso negar los derechos fundamentales de la persona el derecho a la vida, a la libertad religiosa, de pensamientohumana , sin que se quiebre su legitimidadde conciencia, de expresión y de enseñanza ética? La contestación, subyacente a muchas de las corrientes culturales que inspiran e influyen hoy la teoría y la praxis política, es militantemente afirmativa”.
Rouco ha destacado que “la sociedad, si quiere organizarse en perfección, habrá de facilitar el espacio necesario de acción y de vida para que la persona humana pueda alcanzar su fin último: la vida eterna en Dios”. Y denuncia que “no irá por ahí, por desgracia, la evolución laicista de la sociedad moderna y contemporánea, que tenderá cada vez más a concebirse y a realizarse al margen de Dios como principio y fin del hombre”.
En un contexto dominado por la nueva cultura laicista que no deja lugar para Dios, el presidente de la Conferencia Episcopal Española afirma que “ha llegado la hora de vivir la Iglesia de nuevo como el acontecimiento de la presencia de Cristo para el hombre y el mundo del siglo XXI. Han de ser apreciadas y potenciadas las formas personales y eclesiales de aplicación de la doctrina conciliar a la vida de la Iglesia del último tercio del siglo XX, inspiradas y configuradas por el Espíritu Santo a través del don de variados y riquísimos carismas y vividas fielmente en la comunión de la Iglesia”.