ZENIT

El mundo visto desde Roma

Servicio diario - 26 de agosto de 2009



SANTA SEDE
Benedicto XVI pide una conversión ecológica a la comunidad internacional
El Papa propone a los jóvenes buscar la Verdad como san Agustín

MUNDO
Reconocido científico asegura: El Papa tenía razón sobre el sida
La Iglesia en Argentina ante la despenalización del consumo de droga
Obispos de Estados Unidos: La Iglesia en Cuba, hace más que sobrevivir
Perplejidad del cardenal Rouco ante el proyecto de ley de libertad religiosa
Cardenal Rouco: Manifestación por la vida en España reflejará su sociedad
La Jornada de la Juventud Madrid 2011 cuenta con la ayuda de las autoridades
Cardenal Rouco: No es posible "condenar a muerte" a los emigrantes
Vietnam: polémico parque público sobre las ruinas de emblemática iglesia
Obispos piden a los jóvenes evaluar justamente la Segunda Guerra Mundial
España: veinte obispos celebran el Año Jubilar de San Atilano
Declaración del encuentro de la Pastoral Penitenciaria del Cono Sur

AUDIENCIA DEL MIÉRCOLES
Benedicto XVI: Un modelo de desarrollo respetuoso del ambiente

DOCUMENTACIÓN
Cardenal Rouco: Iglesia, sociedad y política

 


Santa Sede


Benedicto XVI pide una conversión ecológica a la comunidad internacional

Aboga por un modelo de desarrollo que respete el ambiente

 

CASTEL GANDOLFO, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI abogó este miércoles por la edificación de un nuevo modelo de desarrollo que salvaguarde el medio ambiente, motivo por el cual invitó a la comunidad internacional a una conversión ecológica.

Su llamamiento, como él mismo explicó al tomar la palabra en inglés durante la audiencia general, tiene lugar en plena preparación de la 64 sesión ordinaria de la asamblea general de las Naciones Unidas, del 15 de septiembre al 2 de octubre, que se centrará en la salvaguardia del ambiente.

Se trata de una etapa decisiva para la preparación d e la cumbre que las Naciones Unidas han convocado del 7 al 18 de diciembre en Copenhague sobre el cambio climático (COP15).

Estos encuentros, como el mismo pontífice reconoció en sus palabras dirigidas a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, muestran cómo "se está desarrollando una nueva sensibilidad por estos temas, que suscitan la justa preocupación de las autoridades y de la opinión pública".

"La tierra es un don precioso del Creador, que ha diseñado su orden intrínseco, dándonos así las señales orientadoras a las que debemos atenernos como administradores de su creación", afirmó el pontífice.

Su intervención se convirtió en una explicación de las propuestas de ética y ambiente que ha condensado en su reciente encíclica "Caritas in veritate".

"Experimentando la común responsabilidad por la creación, la Iglesia no sólo está comprometida en la promoción de la defensa de la tierra, del agua y del aire, entregados por el Creador a todos, sino que sobre todo se empeña por proteger al hombre de la destrucción de sí mismo", aclaró.

De hecho, "cuando se respeta la 'ecología humana' en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia".

Y preguntó: "¿Acaso no es verdad que la utilización desconsiderada de la creación comienza allí donde Dios es marginado o incluso donde se le niega la existencia?".

"Si desfallece la relación de la creatura humana con el Creador, la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se convierte en la 'última instancia', y el objetivo de la existencia queda reducido a una afanada carrera para poseer lo más posible", constató.

"Qué importantes es, por tanto, el que la comunidad internacional y los diferentes gobiernos sepan dar las señales adecuadas a los propios ciudadanos para afrontar de manera eficaz las modalidades de utilización del medio ambiente que resultan dañinas", aclaró.

Al mismo tiempo, advirtió: "Los costes económicos y sociales derivados del uso de los recursos ambientales comunes, reconocidos de manera transparente, deben ser asumidos por aquellos que los utilizan, y no por otras poblaciones o por las generaciones futuras".

"La protección del ambiente y la salvaguardia de los recursos y del clima exige que todos los líderes actúen de manera conjunta, respetando la ley y promoviendo la solidaridad, sobre todo con las regiones más débiles de la tierra", aseguró.

Por este motivo, pidió "edificar un desarrollo humano integral en beneficio de los pueblos presentes y futuros, un desarrollo inspirado en los valores de la caridad en la verdad", como reza el título de su encíclica.

"Para que esto suceda es indispensable convertir el actual modelo de desarrollo global hacia una toma de responsabilidad más grande y compartida ante la creación: lo exigen no sólo las emergencias ambientales, sino también el escándalo del hambre y de la miseria", aseguró.

El obispo de Roma concluyó recitando un pasaje del Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís: "Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición... Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas".



 


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El Papa propone a los jóvenes buscar la Verdad como san Agustín

Presenta su testimonio de vida y el de su madre, santa Mónica

 

CASTEL GANDOLFO, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI propuso este miércoles a los jóvenes buscar apasionadamente la verdad como lo hizo su gran maestro, san Agustín.

Al concluir la audiencia general, el Papa dirigió un saludo particular a los jóvenes, enfermos y recién casados, recordando que el 28 de agosto se celebra la memoria litúrgica del obispo de Hipona que vivió entre los 354 y 430, a quien Joseph Ratzinger dedicó su tesis doctoral.

Este jueves, como él mismo también evoco, la liturgia recuerda a su madre, santa Mónica.

"Que su ejemplo os lleve, jóvenes, a una búsqueda sincera y apasionada de la Ver dad evangélica", deseó el Papa.

Después, dirigiéndose a los enfermos que le escuchaban les exhortó a aprender del testimonio de la vida de Mónica y Agustín "el valor redentor del sufrimiento ofrecido a Dios en unión con el sacrificio de la Cruz".

Por último, deseó que el ejemplo de los dos santos sirva de apoyo a los recién casados, algunos presentes en el patio de Castel Gandolfo con sus trajes de boda, "en el generoso testimonio de la gratuidad del amor de Dios".


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Mundo


Reconocido científico asegura: El Papa tenía razón sobre el sida

Aclaración de Edward Green, director del Aids Prevention Research Project de Harvard

RÍMINI, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- El director del Aids Prevention Research Project de la Harvard School of Public Health, Edward Green, ha asegurado que en la polémica sobre el sida y el preservativo Benedicto XVI tenía razón.

Al intervenir en el "Meeting por la amistad entre los pueblos" de Rímini el científico, considerado como uno de los máximos expertos en la materia, confesó que "le ha llamado la atención como científico la cercanía entre lo que dijo el Papa el pasado mes de marzo en Camerún y los resultados de los descubrimientos científicos más recientes".

"El preservativo no detiene el sida. Sólo un comportamiento sexual responsable puede hacer frente a la pandemia", subrayó.

"Cuando Benedicto XVI afirmó que en África se debían adoptar comportamientos sexuales diferentes porque confiar sólo en los preservativos no sirve para luchar contra el sida, la prensa internacional se escandalizó", siguió constatando.

En realidad el Papa ha dicho la verdad, insistió: "el preservativo puede funcionar para individuos particulares, pero no servirá para hacer frente a la situación de un continente".

"Proponer como prevención el uso regular del preservativo en África puede tener el efecto contrario --añadió Green--. Se llama 'riesgo de compensación', te sientes protegido y te lanzas a exponerte más".

"¿Por qué no se ha intentado cambiar las costumbres de las personas? -se preguntó el científico estadounidense--. La industria mundial ha tardado muchos años en comprender que las medidas de carácter técnico y médico no sirven para resolver el problema".

Green destacó el éxito que han tenido las políticas de lucha contra el sida que se han aplicado en Uganda, basadas en la estrategia sinteziada en las iniciales "ABC" por su significado en inglés: "abstinencia", "fidelidad", y como último recurso, el "preservativo".

"En el caso de Uganda --informó-- se ha obtenido un resultado impresionante en la lucha contra el SIDA. El presidente ha sabido decir la verdad a su gente, a los jóvenes que en ocasiones es necesario un poco de sacrificio, abstinencia y fidelidad. El resultado ha sido formidable".  



 



 


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La Iglesia en Argentina ante la despenalización del consumo de droga

Reclama una política integral

BUENOS AIRES, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org-AICA).- El responsable de la Comisión Nacional argentina para la Pastoral de las Adicciones, monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú, reclamó una política de Estado integral a la problemática de la drogadependencia, que contemple aspectos jurídicos, económicos, sanitarios, sociales y educativos.

Su reivindicación tuvo lugar después del fallo de la Corte Suprema de Justicia que, según algunos medios de comunicación, podría abrir el camino a la despenalización del consumo privado de droga, al declarar inconstitucional la sentencia contra cinco jóvenes que fueron condenados por posesión de cigarrillos de marihuana.

Según el prelado, esta sentencia puede tener una lectura "contradictoria y perjudicial".

"Una cuestión tan compleja como ésta no se resuelve con una decisión de la Corte o con un marco legal, requiere una política integral", subrayó en declaraciones a la prensa.

     Tras insistir en que "hay que evitar todo lo que facilite el acceso y consumo por parte de los jóvenes", aseguró que la Iglesia "no está de acuerdo con propuestas que impliquen aspectos parciales y no integrales para la atención del adicto".

     No obstante, aclaró que esa posición no implica "criminalizar" al adicto. "Para nosotros el adicto es un enfermo, no un criminal, y como tal no tiene que estar en la cárcel sino en el centro de salud, para ser atendido y contenido", precisó.

No más libertades al flagelo de la droga

     En tanto, los obispos Francisco Polti, de Santiago del Estero, y Adolfo Uriona, de Añatuya, coincidieron en que no hay que darle más libertades al flagelo de la droga.

     Monseñor Polti dijo, al diario El Liberal, que "hay que recordar lo que ha dicho en su momento el Santo Padre Juan Pablo II de que la droga es un mal y al mal no hay que concederle derechos, y de todas formas, en la actualidad, la Iglesia sigue teniendo este pensamiento".

     En tanto, monseñor Uriona consideró que el fallo "es como ir abriendo puertas a algo que hace mucho daño a nuestra sociedad", y recordó que "Añatuya se encuentra en la ruta de la droga que viene del norte del país con destino a otras provincias, y a diario veo en nuestra diócesis los estragos que produce la droga entre nuestros jóvenes".

     "Me parece que la ley debe tener un fin pedagógico, hay que ayudar a las personas para que descubran el daño que está haciendo la drogadicción", remarcó el obispo.

     Por último, monseñor Polti remarcó el comunicado emitido ayer por el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia de la arquidiócesis de Buenos Aires, en el cual, si bien reconocen "buena intención de los que buscan no criminalizar al adicto", advierten que en el caso de las familias más vulnerables, la despenalización implica "dejar abandonado al adicto, no hacerse cargo de su derecho a la salud".

     "La dinámica misma de la adicción, lleva muchas veces a hacer cualquier cosa para satisfacer el deseo de consumo. El próximo encuentro entre el Estado y el adicto ya no será en la enfermedad, sino en el delito que a veces nace de ella", alertaron.


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Obispos de Estados Unidos: La Iglesia en Cuba, hace más que sobrevivir

El obispo de Orlando alaba la construcción del nuevo seminario

 

MIAMI, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- La Iglesia en Cuba hace más que simplemente sobrevivir --y un seminario en construcción es prueba de su fuerza--, sin embargo, los católicos de la isla necesitan esperanza, afirma el obispo de Orlando, Florida.
 
Monseñor Thomas Wenski hace esta reflexión en un artículo publicado este martes en el "Miami Herald", en el que habla de su visita la pasada semana a Cuba. Fue a l a isla acompañando al cardenal Sean O'Malley, arzobispo de Boston, y el obispo auxiliar de San Antonio Oscar Cantu.

El obispo de Florida subraya que los obispos de Estados Unidos, de visita a la isla para expresar solidaridad hacia sus herma nos en el episcopado- tuvieron la oportunidad de reiterar que los obispos cubanos y estadounidenses "se han opuesto al embargo económico [de EE.UU.] durante décadas. Ha fracasado en su objetivo de cambiar la política pero ha infligido innecesario sufrimiento a la población cubana".

El obispo Wenski señala las declaraciones que la delegación hizo en una rueda de prensa en La Habana: la relación Iglesia-Estado "no es la que debería ser pero es mejor de lo que ha sido"; y la ayuda enviada por los católicos de Estados Unidos en socorro por los huracanes, alcanzó el destino que pretendía".

Añade: "Un reportero preguntó: '¿Qué necesita Cuba ahora?' La respuesta que yo di, la he visto ya impresa pero fue breve. Respondí con una palabra: ‘Esperanza'".

"Hoy, Cuba está marcada por el aumento de la incerteza y el creciente sentido de desesperanza. Para muchos, especialmente los jóvenes, la esperanza se define como ‘marcharse'".

"Cuando una sociedad cierra la puerta al Infinito, a la trascendencia [...] la esperanza es expulsada. Aunque Cuba ya no es un estado oficialmente ateo, 50 años de comunismo durante los que la práctica religiosa fue activamente desmotivada han tenido su efecto en la sociedad cubana".

Sin embargo, el obispo Wenski afirma: "A través de todo, la Iglesia --aunque debilitada y reducida en número-- sobrevivió. Hoy la Iglesia en Cuba, más allá que simplemente sobrevivir, está luchando por ser testigo de esperanza. Y, a pesar de las dificultades y la falta de recursos, está consiguiendo nuevos miembros y más espacio en el que llevar a cabo su misión".

Un particular signo de esperanza, señala el prelado , es la construcción de un nuevo seminario a las afueras de La Habana, que está siendo en gran medida financiado por los Caballeros de Colón.

"Este seminario es el primer proyecto de construcción significativo emprendido por la Iglesia Católica en 50 años --afirma--. Será terminado a finales del verano de 2010, un modo adecuado de cerrar el Año de los Sacerdotes en este país".

El obispo de Florida concluye citando a Benedicto XVI cuando afirma que la Iglesia siempre prevalecerá a través de las dificultades.

"En todas las épocas --cita--, la Iglesia, el Pueblo de Dios, también vive por la luz de Dios y, como dice el Evangelio, es alimentada por Dios. Así, en todas las pruebas en las diversas situaciones de la Iglesia, a través de las épocas en diferentes partes del mundo, vence a través del sufrimiento. Ella es la presen cia, la garantía del amor de Dios contra todas las ideologías del odio y el egoísmo".

[Traducido del inglés por Nieves San Martín]
 



 



 


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Perplejidad del cardenal Rouco ante el proyecto de ley de libertad religiosa

No comenta las declaraciones del ministro de Justicia

 

RÍMINI, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- El cardenal Antonio María Rouco Varela se abstuvo este miércoles de comentar las declaraciones de un ministro español con las que anunciaba la futura prohibición de símbolos religiosos en lugares públicos por carecer de carácter oficial.

Asimismo, el presidente de la Conferencia Episcopal Española confesó a los periodistas su perplejidad ante la necesidad de promulgar una nueva ley de libertad religiosa, como ya ha anunciado el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Según dijo el 8 de agosto el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, el gobierno estudia incluir en la ley de libertad religiosa la retirada de todos los símbolos religiosos de colegios e institutos públicos, excepto aquellos que tengan valor histórico, artístico o para el patrimonio.

En una rueda de prensa concedida en Rímini, el cardenal Rouco aclaró que "el gobierno no ha hecho ninguna declaración. Hay unas manifestaciones del ministro de Justicia que son más o menos privadas, es decir, yo no puedo hacerme eco de unas declaraciones dichas no sé dónde ni cómo por parte del ministro".

"Lo que sí es oficial es que el gobierno proyecta cambiar la ley de libertad religiosa. Pero tenemos que decir que no se nos ha remitido todavía ningún texto en torno al anteproyecto de ley, o sobre las bases del proyecto de ley".

"No hay ninguna documentación al respecto, salvo el anuncio público de que el gobierno pretende reformar la ley d e libertad religiosa".

Según aclaró el cardenal, "la ley actual vigente sobre libertad religiosa afectaba a la Iglesia católica sólo muy subsidiariamente".

"Porque las relaciones jurídicas de la Iglesia católica con el Estado español se basan en los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español de 1979 que siguen vigentes y seguirán vigentes".

"Esto significa que sea cual sea el texto de la ley de libertad religiosa, de la nueva ley o de la ley reformada, este principio queda intocado".

"Es evidente que, a pesar de todo, una ley de libertad religiosa, que va a afectar sobre todo a otras realidades religiosas que no tienen instrumentos de regulación jurídica con el Estado español, sin embargo nos va a afectar a todos de un modo o de otro".

"Nos llama la atención que se haga ese proyecto de re forma de la ley de libertad religiosa, porque, en primer lugar, la ley existente es muy buena ley: ha abierto la posibilidad de acuerdos ya firmados, en el año 1992, en la tercera o cuarta legislatura socialista con Felipe González, con la comunidad judía, con las comunidades musulmanas de España, y con la entidades religiosas evangélicas de España"

"Con estos datos en la mano", el cardenal se preguntó: "¿A qué viene una nueva ley de libertad religiosa? La respuesta no la encontramos", confesó.

[Información recogida por Mirko Testa]


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Cardenal Rouco: Manifestación por la vida en España reflejará su sociedad

El arzobispo de Madrid aclara que la organizan asociaciones ciudadanas

 

RÍMINI, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- La manifestación en defensa de la vida y contra el aborto, que se ha convocado para octubre en Madrid, será un reflejo de amplios sectores de la sociedad española, considera el cardenal Antonio María Rouco Varela.

Al arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española los periodistas le preguntaron este miércoles en el "Meeting por la amistad entre los pueblos" celebrado en Rímini, si la Iglesia apoyará abiertamente esa convocatoria prevista para el 17 de octubre.

El purpurado respondió que "hay que recordar que la Comisión Permanente del episcopad o español acaba de publicar en junio una nota en la que toma postura sobre el proyecto de ley del gobierno sobre la ampliación, o el cambio o la reforma de la legislación sobre el aborto en España".

"Creo que es una nota construida de una forma sistemáticamente clara y por otro lado muy analítica: se analizan los distintos aspectos del proyecto desde el punto de vista de la ética cristiana".

"Lo que más resaltamos en la nota como hecho muy llamativamente grave es el haber convertido o querer convertir, a través del nuevo proyecto de ley, el aborto en un derecho, al menos en las primeras catorce semanas del embarazo".

Por lo que se refiere a la manifestación convocada en Madrid, el cardenal recordó que "la promueven organizaciones ciudadanas, entre las cuales se encuentran organizaciones católicas, entre las cuales se encuentran en su miemb ros muchos católicos y probablemente también los que no participan activamente en la vida de la Iglesia".

"Creo que va a ser un reflejo muy vivo de lo que es la realidad social de España y de cómo se está viviendo este proyecto de ley por parte de muchos españoles y por amplios sectores de la sociedad española".

"Los obispos españoles en otras ocasiones hemos dicho que los católicos deben comprometerse en la vida pública y deben comprometerse con todas las grandes causas que tienen que ver con los derechos fundamentales de la persona, y en primer lugar con el derecho a la vida que es, desde el punto de vista de la realización de los derechos humanos, el primero y más básico derecho humano".


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La Jornada de la Juventud Madrid 2011 cuenta con la ayuda de las autoridades

Según revela el cardenal Rouco

 

RÍMINI, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- El cardenal Antonio María Rouco Varela reveló este miércoles que tanto las autoridades del gobierno español, como las de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid están colaborando con la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud 2011.

Por decisión de Benedicto XVI, el encuentro de los jóvenes del mundo tendrá lugar en la capital española en agosto de ese año. Y la arquidiócesis de la capital, cuyo pastor es el cardenal Rouco, ya está movilizada en los preparativos.

"El Comité de Organización ya está constituido. El programa de trabajo ya está diseñado. Las grandes cuestiones previas están despejadas", reveló el purpurado a un grupo de periodistas que siguen el "Meeting por la amistad entre los pueblos", organizado por el movimiento Comunión y Liberación en Rímini.

"En las Jornadas últimas Mundiales de la Juventud fue siempre un problema encontrar un lugar para los grandes actos de la Jornada por dificultades a veces relacionadas con la actuación administrativa de los gobierno correspondientes", recordó el presidente de la Conferencia Episcopal Española.

"En nuestro caso esos problemas están despejados --reveló--. Los actos últimos, la vigilia y la misa, se celebrarán en el Aeródromo de Cuatro Vientos. El gobierno ha cedido ya este gran espacio que está situado dentro de la ciudad de Madrid".

"Con lo cual tengo que decir que en lo que respecta a la relació ;n con el gobierno en este punto tenemos que hablar de una cooperación muy positiva, que se ha cristalizado ya en esa cesión. Hemos encontrado muy buena disposición".

"Se ha constituido ya el equipo de trabajo de los responsables del Ejército del Aire, que son los responsables de Cuatro Vientos, y el comité de organización de la Jornada".

"Luego también se ha despejado el lugar de la celebración de la acogida del Papa, la misa inaugural, y del Via Crucis, los otros tres grandes actos públicos, en la Plaza de la Cibeles, el Ayuntamiento de Madrid también se ha mostrado muy abierto a la colaboración con el comité organizador de la Jornada".

"Y por su parte el gobierno de la Comunidad de Madrid también se ha mostrado extraordinariamente abierto a la colaboración con el Comité organizador y con la Iglesia en la preparaci&oacut e;n de la Jornada".

Por tanto, dijo a los periodistas, "resumiendo: la relación con el gobierno en este punto es buena, la relación con el ayuntamiento de Madrid y con la Comunidad es excelente, y esperamos ya poder trabajar sin ningún elemento extraño al propio proceso de preparación de la Jornada".

El cardenal reconoció que "la Jornada supone un reto eclesial grande, de carácter pastoral, apostólico. Significa también un gran reto cultural, al que queremos también responder con la colaboración de las administraciones públicas".

Por ejemplo, dijo, se está colaborando con los estupendos museos de Madrid,. En concreto, se está "tratando de organizar un itinerario que se llamará buscando a Cristo en el Museo del Prado".

La Jornada Mundial de la Juventud, reconoció, es también un "reto logí ;stico, en estrecha relación con el número de peregrinos que esperamos".

"Nos hemos propuesto ofrecer alojamiento a un millón, o millón y medio, de jóvenes que vendrán de fuera de Madrid. Es un reto formidable al que también creemos que podremos responder con las propias fuerzas de la Iglesia en Madrid, con sus parroquias, sus colegios, que son numerosos".

Para lograr este objetivo, la Iglesia pide también la colaboración de los Ayuntamientos "del gran Madrid, el Madrid metropolitano", constató.

Por último, reveló, "la financiación está concebida a través de un cauce de cooperación de la sociedad con la Jornada Mundial, a través de la Fundación Madrid Vivo, y luego a través también de la ayuda de los fieles, de lo que pueda aportar la Jornada misma, y de las ayudas públicas".

[Información recogida por Mirko Testa]



 


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Cardenal Rouco: No es posible "condenar a muerte" a los emigrantes

Comenta el debate sobre la inmigración en Italia

 

RÍMINI, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- No es posible dejar morir a los emigrantes que emprenden una difícil travesía en busca de un futuro mejor, advirtió este miércoles el cardenal Antonio María Rouco Varela.

En un encuentro con los periodistas mantenido en el "Meeting por la amistad entre los pueblos", que organiza Comunión y Liberación, el arzobispo de Madrid reconoció tanto el derecho a emigrar, en ciertas situaciones, como el derecho a regular el proceso migratorio en función del bien común.

Los comentarios del presidente de la Conferencia Episcopal Española tuvieron lugar en pleno debate en Italia sobre la inmigración .

Los únicos cinco supervivientes de la tragedia que la semana pasada se cobró la vida de unas setenta personas que trataban de llegar en una barcaza a Italia desde el norte de África serán acusados ante la Justicia italiana de inmigración clandestina en aplicación de la nueva ley sobre seguridad impulsada por el Gobierno de Silvio Berlusconi.

"Nos llama la atención en España la forma como se está planteando aquí el problema", reconoció el prelado.

Según el cardenal, "hay poca unidad a la hora de tratar el problema por parte de los gobiernos europeos y de la Unión Europea, de forma que cada país, o los más afectados, están tratando de organizar su política para resolver el problema".

"No podemos rechazar, no podemos condenar a muerte a quienes se lanzan al mar para encontrar trabajo, casa y vida en otros países de Europa", aclara el pastor de la capital española.

"Creo que los principios de la doctrina social de la iglesia en este punto son claros. Efectivamente hay un derecho a la emigración, cuando no se encuentran condiciones de vida en los propios países, pero también hay derecho a una regulación del proceso migratorio en función del bien común y del país y de la sociedad al que acuden los emigrantes".

"Claro, son principios muy generales que necesitan concreción política y jurídica. Y en ese proceso de concreción nos encontramos con problemas concretísimos que a veces nos desbordan", reconoce.

Importancia de la inmigración hispana

El purpurado explicó que, España, en los últimos años ha experimentado un "crecimiento espectacular" de inmigrantes, de forma que entre e l 8 y el 10% de la población hoy son emigrantes, el 17 ó 18% en la Comunidad de Madrid, según datos que él mismo ofreció.

Ahora bien, aclaró, en su país este fenómeno es sumamente particular, pues "el 60 ó 70% viene de los países de América que hablan español y que participan básicamente de las mismas raíces religiosas y culturales de España".

"Desde el punto de vista pastoral en las parroquias españolas los emigrantes ecuatorianos, peruanos..., están en la parroquia como en su casa, igual que en el Perú, en Ecuador".

"Más aún hay parroquias de los centros históricos de las ciudades, como en Madrid, donde ya el 80% de los feligreses son americanos hispanos, participan en la vida de la iglesia con normalidad, en su vida asociativa, en los consejos pastorales parroquiales, etc.".

"Y con todo son los que están sufriendo con mayor fuerza el efecto de la crisis económica", lamentó.

El segundo grupo de inmigrantes más numeroso en España procede de Europa central y del Este, y explicó que con ellos la relación también es fácil.

En el caso de un tercer grupo, los inmigrantes africanos, el cardenal mencionó "la tragedia de los pasos a las Islas Canarias y a la costa española".

"Lo sufren especialmente las Islas Canarias pues están muy cerca de África. Y los canarios piden que el resto de los lugares de España ayudemos. Y tratamos de que se eviten esas tragedias".

Por último, explicó que el grupo de los emigrantes musulmanes "es relativamente pequeño". "En Madrid, es el 8%. En el Estado español no creo que sea mucho más, quizá el 10%" .

[Información recogida por Mirko Testa]


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Vietnam: polémico parque público sobre las ruinas de emblemática iglesia

La policía pegó y arrestó a unos católicos que la arreglaban para el culto 

 

DONG HOI, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org):- El gobierno de Vietnam decretó el uso de las ruinas de la iglesia de Tam Toa para un parque público el pasado 17 de agosto, a pesar de que los católicos de la diócesis de Vinh han defendido su uso como lugar de culto incluso ante ataques violentos de la policía. 

Las excavadoras municipales aplanaron el 20 de agosto los últimos restos del edificio sagrado, dejando en pie únicamente el campanario, informó la agencia AsiaNews

Sólo cinco días antes, en Xa Doi, 200.000 personas habían celebrado la Misa de la Asunción, y otras 500.000 la habían seguido a lo largo de la carretera por la que se accede, ya que la policía les impedía el paso. 

Durante la celebración, el obispo de Vinh, monseñor Pablo de María Cao Dinh Thuyen, de 83 años, lamentó la violencia de la policía contra los católicos. 

El pasado 20 de julio, católicos fueron robados, arrestados y apaleados por la policía por reclamar el retorno de la iglesia a los legítimos propietarios del terreno e intentar restaurar el templo. Dos sacerdotes tuvieron que ser trasladados al hospital. (Cf. Zenit 22 de julio de 2009). 

La iglesia de Tam Toa tiene un significado especial para los católicos de Vietnam. Su presencia está documentada desde el año 1631 y en el siglo XVII era la más grande de la región, con 1.200 fieles.  

El actual edificio se encuentra en un delicado escenario natural. El padre Claude Bonin lo construyó en 1887 en una colina sobre la orilla del río Nhat Le, buscando la accesibilidad para los católicos. 

Desde el final de la guerra, los católicos locales han celebrado Misa en el interior del recinto de la iglesia al aire libre o en sus hogares.  

El pasado 2 de febrero, el obispo, 14 sacerdotes y unos mil católicos celebraron la Eucaristía en la iglesia de Tam Toa a pesar de las amenazas de las autoridades.  

En 1997, el Gobierno declaró el lugar sitio histórico, sin la aprobación de la Iglesia local, como muestra de los crímenes de guerra llevados a cabo por los Estados Unidos.  

Ello implicaba que el recinto se convertía en propiedad pública, pero los fieles insisten en que pertenece a la Iglesia. 

Con el desarrollo económico y la construcción de la ciudad, Dong Hoy, la zona se ha convertido en la más cara del área, con construcciones exclusivas. 

El año pasado, las excavadoras ya aplanaron mucho terreno del entorno de Tam Toa y se construyeron muchos apartamentos de lujo, algunos de ellos para miembros del gobierno local. 

Algunos miembros del partido del gobierno pidieron que se decretara que las ruinas de esa iglesia sirvieran de mausoleo de la guerra, ya que el templo fue bombardeado por los americanos en los años 60. 

Después, solicitaron que se construyera un centro turístico y, finalmente, de momento, el gobierno ha decretado que se habilite un parque público en ese lugar, que ha ocupado la atención de algunos medios de comunicación internacionales. 

El decreto que determina el uso público de la iglesia de Tam T oa es parecido al que el gobierno vietnamita aprobó para los casos de la exnunciatura de Hanoi y la iglesia de Thai Ha.



 


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Obispos piden a los jóvenes evaluar justamente la Segunda Guerra Mundial

Mensaje de los obispos polacos y alemanes a los 70 años de su estallido 

 

BONN/VARSOVIA, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- Los obispos de Alemania y Polonia destacaron la necesidad de "que las nuevas generaciones adquieran y conserven una justa valoración de la Segunda Guerra Mundial", en un comunicado conjunto publicado este martes con motivo del 70 aniversario del inicio de la guerra. 

"No sólo tenemos necesidad de un honesto balance de las atrocidades del pasado, sino también de renunciar a los estereotipos que hacen más problemática una correcta comprensión de este tiempo y pueden socavar la confianza, construida a pesar de las dificultades", señalan. 

En septiembre de 1939, las fuerzas ar madas de Alemania invadían Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. 

Ahora, los obispos de ambos países afirman conjuntamente que "es necesario cuidar verdaderamente la paz y la formación de hombres libres de odio". 

"Algunas tendencias en la sociedad o en la política desvelan la tentación de un uso propagandístico de las heridas infligidas para reavivar los resentimientos alimentados por una interpretación facciosa de la historia", advierte el mensaje. 

"La Iglesia intenta por ello pronunciarse contra esa eliminación de la verdad histórica invitando a un diálogo intenso, siempre ligado a la capacidad de escuchar las razones de la otra parte", continúa. 

La declaración reconoce que "algunas heridas aún no han sido cerradas" y recuerda a "las millones de víctimas perseguidas y sacrificadas a causa de la ideología racista, de su procedencia o fe", entre ellas judíos, gitanos, discapacitados mentales y la élite de los pueblos de la Europa Central y Oriental. 

Los obispos condenan conjuntamente en la declaración "los crímenes de guerra" y las deportaciones de la guerra y la posguerra, y recuerdan las consecuencias negativas de la guerra para ambos países, como el sometimiento a regímenes comunistas. 

"En Europa del Este, aquella guerra tenía el objetivo de destruir y esclavizar a pueblos enteros", recuerdan. 

"La elite gobernante de Polonia, entre ellos intelectuales, académicos y miembros del clero, fue afectada por una política de exterminio que buscaba someter a toda una nación"", reconocen. 

La declaración está firmada por los dos presidentes de las conferencias epis copales de Alemania y Polonia, los arzobispos Robert Zollitsch y Józef Michalik respectivamente. 

El documento pide mantener la buena fe, perdonar y confesar la propia culpa.  

También orar más por la paz, una mayor cooperación de las instituciones religiosas de Alemania y Polonia, promover juntos la familia y proteger la vida y prestar unidos asistencia en la evangelización del mundo, especialmente de gran parte de África.  

Indica que "sólo en el clima del perdón y de la reconciliación se puede desarrollar la cultura de la paz que sirve al bien común". 

"La paz se construye día a día y sólo puede florecer si estamos dispuestos a reconocer nuestra responsabilidad", destaca. 

Para los obispos, "el don de la paz debe vivirse en el propio corazón para que se pueda propagar a las familias y a las varias form as de organización social, y pueda finalmente llegar a toda la comunidad de las naciones". 

Por último, el mensaje destaca el "paso histórico constituido por la integración europea" y pide "no dejar pasar la oportunidad de construir la paz ofrecida por la unificación de los pueblos de Europa".


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España: veinte obispos celebran el Año Jubilar de San Atilano

La Eucaristía será presidida por el cardenal Cañizares

 

TARAZONA, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- El próximo día 28 de agosto,  los restos de san Atilano, primer obispo y patrono de la Diócesis de Zamora, viajarán a la localidad de Tarazona, lugar de origen del santo, donde se celebra el Año Jubilar con motivo del milenario de su muerte. En la celebración eucarística, presidida por el cardenal Cañizares, participarán veinte obispos españoles.

La peregrinación diocesana, que partirá de Zamora el próximo viernes 28 a las 4 de la madrugada -informa la agencia SIC--, estará compuesta por representantes del Obispado, el Cabildo Catedral, el párroco y feligreses de la Parroquia de San Pedro y San Ildefonso -donde reposan los restos de san Atilano-, y una veintena de miembros de la Orden de Caballeros Cubicularios, que tienen la encomienda histórica de velar por los restos de san Ildefonso y san Atilano en la iglesia arciprestal.
 
Entre los actos centrales que la Diócesis de Tarazona ha organizado para este Año Jubilar de San Atilano (del 22 de febrero al 23 de noviembre), en el que conmemoran el milenario de la muerte del santo obispo, se encuentra la celebración de la eucaristía solemne en la Parroquia de San Francisco de Asís, a las 11 horas. Esta iglesia funciona ahora como catedral mientras duran las obras de rehabilitación del primer templo diocesano.
 
Además de este envío de las reliquias de san Atilano, la Diócesis de Zamora ha contribuido a la celebración turiasonense con la cesión de siete piezas artísticas para la exposición "Milenio".
 
La eucaristía del día 28, enmarcada en las fiestas de la ciudad de Tarazona, será presidida por el cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y concelebrada por una veintena de obispos.
 
Además del obispo de Tarazona, Demetrio Fernández, y del zamorano, Gregorio Martínez Sacristán, la misa solemne contará con la participación del anterior obispo de Zamora, Casimiro López, y del toresano obispo de León, Julián López (esta sede episcopal fue ocupada por san Froilán, compañero de san Atilano).
 
Otros prelados que participarán en la celebración son Francisco Álvarez (arzobispo emérito de Toledo), Manuel Ureña (arzobispo de Zaragoza), Juan José Omella (obispo de Calahorra-La Calzada-Logroño), Gerardo Melgar (obispo de Osma-Soria), Atilano Rodríguez (obispo de Ciudad Rodrigo), Miguel Asurmendi (obispo de Vitoria), Vicente Jiménez (obispo de Santander), Antonio Algora (obispo de Ciudad Real), Ángel Rubio (obispo de Segovia), Francisco Pérez (arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela), Jaume Pujol (arzobispo de Tarragona), Juan José Asenjo (obispo coadjutor de Sevilla), José Manuel Lorca (obispo de Cartagena y administrador apostólico de Teruel y Albarracín), Victorio Oliver (obispo emérito de Orihuela-Alicante) y Fernando Sebastián (arzobispo emérito de Pamplona).
 
A las 10,45 horas el cardenal Cañizares y el obispo de Tarazona recibirán en la Parroquia de San Francisco los restos de san Atilano, llevados en andas por los Caballeros Cubicularios, y harán lo mismo con la reliquia que custodia el Cabildo Catedral de Toledo (el cráneo).
 
Tras la celebración de la eucaristía, los Cubicularios sacarán de la iglesia los restos del santo, que serán portados por las Cofradías de Semana Santa de Tarazona durante la procesión por las calles de la localidad.
 
En su carta de presentación del Año Jubilar de San Atilano, celebrado por la Diócesis de Tarazona, su obispo, Demetrio Fernández, escribe que "San Atilano nació en Tarazona el año 939 y murió siendo obispo de Zamora el año 1009. Durante este año 2009 celebramos mil años de su dies natalis, es decir, de su tránsito al cielo. Él es patrono principal de la ciudad de Tarazona, que lo considera como uno de sus más ilustres hijos".
 
Con este motivo, durante todo este año están teniendo lugar en Tarazona diversos actos en torno a la figura del santo turiasonense que llegó a ser ob ispo de Zamora.
 
Como recuerda en su página web la Diócesis de Tarazona, "la historia del Santo nos dice que le dolían sus pecados de juventud y que incluso se sentía indigno de su ministerio episcopal. Por estos sentimientos decide abandonar Zamora y emprender una peregrinación que sabemos duró unos dos años. Antes de partir decide arrojar el anillo episcopal al río Duero, pensando que si es digno del ministerio episcopal el Señor se lo devolvería. Terminada la peregrinación retorna a Zamora y es acogido en una ermita que cuida una familia. Lo hospedan como peregrino y antes de cenar le piden que les ayude a limpiar un pez. San Atilano así lo hace y en la entrañas del pez encuentra el anillo episcopal. Siente una gran alegría, el Señor lo confirma en la vocación y en su ministerio episcopal. Las campanas de toda la ciudad en ese momento empiezan a tañer y nuestro santo entra en la ciudad con gran alegría de todos los fieles".
 


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Declaración del encuentro de la Pastoral Penitenciaria del Cono Sur

“Discípulos Misioneros por el Sueño de Dios”

 

LUQUE, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- Los integrantes de la Pastoral Penitenciaria del Cono Sur, reunidos en la ciudad de Luque, Paraguay, han hecho pública una declaración titulada "Discípulos Misioneros por el Sueño de Dios", en la que expresan su sueño: un continente sin cárceles.

Después de cinco días de estudio y presentación de las más diversas realidades sobre la situación de las cárceles en el Cono Sur, los representantes de la Pastoral Penitenciaria de los cinco países del bloque (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile) llegaron a la conclusión de que es muy necesario crear políticas públicas que garanticen el bienestar del preso y sus familiares.

"Nosotros conseguimos avanzar en acuerdos y parámetros para la Pastoral Carcelaria ya que nosotros los que componemos el Cono Sur somos referencia para toda América Latina y, con eso, necesitamos pensar en colectividad, unir más a las personas y hacer que, de alguna manera, pare de pensarse apenas en lo individual", comentó el coordinador de la Pastoral Penitenciaria en Brasil, padre Gunther Zgubic.

Uno de los compromisos asumidos al final del encuentro es que la Pastoral Penitenciaria ayudará al Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latino Americano (CELAM) en la elaboración de una guía para los próximos diez años dentro de la Misión Continental permanente. "Esto incluye la introducción de una nueva visión en toda la justicia penal", dijo Zgubic.

Los integrantes reconocen --inf orma a ZENIT la Pastoral Penitenciaria del Cono Sur--, aludiendo al título de su declaración, que su sueño no es fácil, "que primero debe darse con profundidad un cambio del modelo social en nuestros países de tal modo que no haya excluidos ni hermanos considerados descartables con los cuales se llenan hoy las prisiones".
 
Durante los días de encuentro contaron con la presencia del sacerdote Enrique Quiroga Civera, secretario ejecutivo del Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
 
Se comenzó con el III Encuentro de Juristas católicos regional (JUCALAyC), bajo el lema "Ser discípulo-misionero-profesional desde el Documento de Aparecida". Los abogados de los cinco países del Cono Sur, acompañados por otros profesionales, reflexionaron sobre el compromiso del discípulo misionero profesional en el mundo d e la carcelación.
 
Se plantearon como desafío incidir en las Políticas Públicas en temas como salud, educación, trabajo, vivienda y seguridad, dirigidas a la población más vulnerable con la cual tenemos una deuda social.
 
A la vez, expresaron su deseo de "luchar proféticamente por la superación de las divisiones sociales y la exclusión, mediante el respeto a los derechos humanos, erradicando la tortura, el exterminio y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes que sistemáticamente se viven en las cárceles de nuestros países".
 
Por eso, añaden, "no declinamos en nuestra labor a favor de la humanización del sistema carcelario mientras él exista".
 
Asimismo declaran ver "con claridad que necesitan una mayor y profunda formación de los agentes pastorales que trabajan e n el mundo de la carcelación", que, insisten una vez más, "no sólo es la realidad de los encarcelados, sino también de sus familias, los grupos vulnerables de la sociedad, el personal de seguridad, los profesionales, los pos carcelados".
 
También se plantean como desafío "promover en la formación de los universitarios y los seminaristas el compromiso con la realidad de las cárceles, aportando una mirada desde el Evangelio, ley superior a todas las demás que no dejan de ser obra de los hombres en un momento histórico determinado".
 
Entre ellos, se comprometen "a extendernos la mano, a trabajar en conjunto, a hacer nuestros los problemas y sueños de la pastoral carcelaria de cada uno de nuestros países".
 
"Solos es imposible -reconocen en la declaración firmada el 23 de agosto--, pero unidos y con la gracia de Dios toda utopía se puede concretar, por eso no vamos a desistir, vamos a trabajar con alegría y valentía, con audacia y creatividad en la misión de vivir el Evangelio en el mundo de la carcelación".
 
Concluyen pidiendo "la intercesión de María, Nuestra Señora de la Asunción, que nos educa en un estilo de vida compartida y solidaria, en atención y acogida de los más pobres entre los pobres, nuestros hermanos encarcelados, (Cfr. Aparecida 272)".
 
Por Nieves San Martín
 



 


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Audiencia del miércoles


Benedicto XVI: Un modelo de desarrollo respetuoso del ambiente

Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general

 

CASTEL GANDOLFO, miércoles, 26 agosto 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este miércoles durante la audiencia general que concedió a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo en la que afrontó el tema de la salvaguardia de la creación.



 

* * *



 

Queridos hermanos y hermanas:

Nos acercamos ya al final del mes de agosto, que para muchos significa la conclusión de las vacaciones de verano. Mientras regresamos a las actividades diarias, ¡cómo no dar las gracias a Dios por el don precioso de la creación, que podemos disfrutar no sólo durante el período de vacaciones! Los diferentes fenómenos de degradación ambiental y las calamidades naturales, que por desgracia registran las crónicas con frecuencia, nos recuerdan la urgencia del respeto debido a la naturaleza, recuperando y valorando, en la vida de todos los días, una correcta relación con el ambiente. Se está desarrollando una nueva sensibilidad por estos temas, que suscitan la justa preocupación de las autoridades y de la opinión pública, que se expresa también con la multiplicación de encuentros a nivel internacional.

La tierra es un don precioso del Creador, que ha diseñado su orden intrínseco, dándonos así las señales orientadoras a las que debemos atenernos como administradores de su creación. A partir de esta conciencia, la Iglesia considera las cuestiones ligadas al ambiente y a su salvaguardia como íntimamente ligadas con el tema del desarrollo humano integral. A estas cuestiones me he referido varias veces en mi última encíclica "Caritas in veritate", recordando la "la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad" (n. 49) no sólo en las relaciones entre los países, sino también entre cada uno de los hombres, pues el ambiente natural es dado por Dios a todos, y su utilización comporta una responsabilidad personal con toda la humanidad, en particular, con los pobres y las generaciones futuras (Cf. n. 48). Experimentando la común responsabilidad por la creación (Cf. n. 51), la Iglesia no sólo está comprometida en la promoción de la defensa de la tierra, del agua y del aire, entregados por el Creador a todos, sino que sobre todo se empeña por proteger al hombre de la destrucción de sí mismo. De hecho, "cuando se respeta la 'ecología humana' en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia" (ibídem). ¿Acaso no es verdad que la utilización desconsiderada de la creación comienza allí donde Dios es marginado o incluso donde se le niega la existencia? Si desfallece la relación de la creatura humana con el Creador, la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se convierte en la "última instancia", y el objetivo de la existencia queda reducido a una afanada carrera par a poseer lo más posible.

La creación, materia estructurada de manera inteligente por Dios, está confiada a la responsabilidad del hombre, que es capaz de interpretarla y de remodelarla activamente, sin considerarse como el dueño absoluto. El hombre está llamado a ejercer un gobierno responsable para custodiarla, obtener beneficios y cultivarla, encontrando los recursos necesarios para una existencia digna para todos.

Con la ayuda de la naturaleza misma y con el compromiso del propio trabajo y creatividad, la humanidad es capaz de asumir el grave deber de entregar a las nuevas generaciones una tierra que a su vez éstas podrán habitar dignamente y cultivar ulteriormente (Cf "Caritas in veritate", 50). Para que esto se realice, es indispensable el desarrollo de "esa alianza entre el ser humano y el medio ambiente que debe ser reflejo del amor creador de Dios" (Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz 2008, 7), reconociendo que todos nosotros procedemos de Dios y que todos estamos en camino hacia Él.

Qué importantes es, por tanto, el que la comunidad internacional y los diferentes gobiernos sepan dar las señales adecuadas a los propios ciudadanos para afrontar de manera eficaz las modalidades de utilización del medio ambiente que resultan dañinas. Los costes económicos y sociales derivados del uso de los recursos ambientales comunes, reconocidos de manera transparente, deben ser asumidos por aquellos que los utilizan, y no por otras poblaciones o por las generaciones futuras. La protección del ambiente y la salvaguardia de los recursos y del clima exige que todos los líderes actúen de manera conjunta, respetando la ley y promoviendo la solidaridad, sobre todo con las regiones más débiles de la tierra (Cf. "Caritas in veritate", 50).

Juntos podemos edificar un desarrollo humano integral en beneficio de los pueblos presentes y futuros, un desarrollo inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Para que esto suceda es indispensable convertir el actual modelo de desarrollo global hacia una toma de responsabilidad más grande y compartida ante la creación: lo exigen no sólo las emergencias ambientales, sino también el escándalo del hambre y de la miseria.

Queridos hermanos y hermanas: demos gracias al Señor y hagamos nuestras las p alabras de san Francisco en el Cántico de las Criaturas: " Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición... Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas".

También nosotros queremos rezar y vivir con el espíritu de estas palabras.

[El Papa saludó a continuación a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo a los peregrinos de lengua española. En particular a los grupos de las diócesis de Coria-Cáceres y Cuenca; a los Padres Franciscanos de España y a las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento; así como a los fieles de las Parroquias de Villena, La Solana y Toledo. En este tiempo de vacaciones, agradecemos al Señor el don maravilloso de la creación. Como he escrito en la Encíclica Caritas in veritate, la cuestión del medio ambi ente está ligada a la del desarrollo humano integral. Cuando en la sociedad se respeta la ecología humana, se beneficia también la ecología ambiental. La creación ha sido confiada por Dios a la responsabilidad del hombre. Es posible, inspirándose en los valores de la caridad en la verdad, construir un desarrollo humano integral que beneficie a todos los pueblos y a las generaciones futuras. Muchas gracias por vuestra visita.

[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]



 


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Documentación


Cardenal Rouco: Iglesia, sociedad y política

Intervención del arzobispo de Madrid en el Meeting de Rímini

 

RÍMINI, miércoles 26 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la conferencia que dictó este miércoles el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, en la XXX Edición del "Meeting para la Amistad entre los Pueblos" que organiza el movimiento eclesial Comunión y Liberación en Rímini.

Las palabras y frases subrayadas forman parte del documento original entregado por el autor.


 

* * *

INTRODUCCIÓN. ¿LAS PALABRAS DE SIEMPRE PARA PROBLEMAS NUEVOS?

1. Conocer implica si empre acontecimiento y el acontecimiento comporta inevitablemente novedad. Novedad para el que conoce: novedad subjetiva; y novedad para su entorno, el cercano y el lejano: novedad objetiva. Sucede, sin embargo, que el acto y el proceso de conocer está esencialmente ligado a conceptos y, sobre todo, a palabras paradójicamente antiguas, fruto intelectual, cultural y espiritual de largos, continuados y complejos procesos históricos protagonizados y conducidos por personas ¡ciertamente!; pero entrelazadas y relacionadas entre sí a través de formas diversas de unidad. Más aún, la pervivencia de las mismas palabras a lo largo del tiempo apunta a la persistencia de las realidades por ellas significadas. ¿Cómo pues atreverse intelectualmente a un estudio de viejas palabras significativas de realidades de larga historia o metahistóricas, buscando un conocimiento que implique acontecimiento y novedad para el que habla y para los que escuchan? ¿Novedad en sí misma?

2. "Iglesia, Sociedad y Política" son viejas palabras que se refieren a formas humanas de vivir, de convivir y de obrar presentes y operantes en la actualidad de la familia humana; enraizada la una, la Iglesia, en una historia bimilenaria, y las otras dos, sociedad y política, en la naturaleza misma de "lo humano" ¡en su razón de ser! Incluso la Iglesia, como una forma histórica que vertebra y expresa una dimensión de la persona humana, inherente al mismo ser del hombre, la religiosa, se halla igualmente, en su fondo antropológico, entre los elementos constitutivos del ser y de la existencia de lo humano, que trasciende espacios y tiempos. ¿Cómo aproximarse a ellas y a sus significados, hoy, con intención y voluntad de conocerlas de nuevo impulsados por el amor a la verdad y por su búsqueda? Conocerlas de nuevo, que no quiere decir, sin más, "novedosamente", sino rigurosamente en correspondencia objetiva y subjetiva con lo que sucede en el momento actual de la historia a -y en- las realidades por ellas expresadas. Es decir, situándose, primero, en el corazón mismo de la problemática que afecta a la Iglesia y a la sociedad, aquí y ahora, en este momento preciso de la historia de la humanidad; y, segundo, adentrándose "en el hacer política" del hombre contemporáneo y descubriendo "los pre-supuestos" sociológicos, culturales e ideológicos que lo determinan. Y, siempre, sin olvidar la esencial interdependencia que se da entre las tres realidades dentro del marco vivo de la unidad existencial de la persona humana. Precisamente el punto de cruce y encuentro no sólo institucional, sino, sobre todo, operativo de la trilogía "Iglesia, Socied ad y Política", es el que resulta del mismo fin que explica y justifica su razón de ser: el bien integro y pleno de la persona humana ¡de cada hombre!

3. La pretensión intelectual de llegar al conocimiento vivo de esa triple realidad -Iglesia, sociedad y política-, inextricablemente interrelacionada entre sí en función de la realización plena del hombre o, lo que es lo mismo -dicho en los términos soteriológicos de la teología católica-, de su salvación, implica, por lo tanto, acercarse a "sus problemas" en el hoy de la vida -de nuestras vidas-, aunque sea de forma esquemática, y, luego, tratar de comprenderlos como una renovada experiencia del conocimiento siempre vivo y nuevo de la verdad que nos salva, que se nos da una y otra vez como una presencia y acontecimiento de la Gracia. Sí, se trata, simultáneamente, de una experiencia de la razón iluminada por la fe y de una experiencia del corazón que ama la verdad y quiere amar en verdad ¡verdaderamente! "Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica -enseña Benedicto XVI-: amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano" (CiV, 1). Con la fuerza humilde de ese "impulso", tan bellamente explicado por el Papa en su última Encíclica "Caritas in Veritate", es posible, más aún, obligado ese acercamiento siempre antiguo y siempre nuevo a la verdad; en nuestro caso, a la verdad de "la Iglesia, la sociedad y la política".

LA IGLESIA

La historia de la palabra es bien conocida: sus raíces vetero-testamentarias, su claro y específico perfil semántico en el Nuevo Testamento y en el lenguaje del Magisterio y de la Doctrina de la propia Iglesia. El significado ha sido vivido en el pasado con distintas resonancias históricas y lo mismo sucede en la actualidad. La Iglesia la interpretan unos con categorías simplemente sociológicas y estadísticas; otros, con categorías psicológicas y culturales y, otros, con el método comparativo de la fenomenología religiosa. Entre los cristianos de las distintas confesiones tampoco hay unanimidad en su interpretación teológica. Incluso entre los católicos se ha hecho uso teológico y pastoral de la expresión "distintos modelos de Iglesia", oponiendo a veces las teorías de los teólogos a la doctrina del Magisterio. Pero, en lo que no hay duda es en el reconocimiento de una nueva actualidad, social y cultural de la Iglesia en el siglo XX de alcance universal, más allá de las claves interpretativas de &quo t;la Modernidad" y de "la Postmodernidad".

1. Mirando hacia dentro de la vida interna de la Iglesia, no habría que andar con vacilaciones al afirmar que el siglo pasado ha sido un tiempo excepcionalmente "eclesiológico", marcado por una toma creciente de conciencia del significado universal de la Iglesia en y para la historia de la salvación y para el presente y futuro de la humanidad. Se ha visto o intuido que de ella depende decisivamente el destino del hombre.

En el ya famoso diagnóstico de Romano Guardini en 1922, "un acontecimiento religioso de alcance incalculable ha comenzado: la Iglesia despierta en las almas"[1] - se detecta lo que estaba ocurriendo en los niveles más profundos de la Iglesia y de la sociedad, al menos, en Europa. Habían transcurridos escasamente cuatro años después del final de aquella inmensa e incomprensible tragedia de la I Guerra Mundial . Una joven universitaria, de familia judía, Edith Stein, se sentía cada vez más tocada y atraída por la acción de la gracia en su interior, muy turbado por la gran y eterna pregunta de la presencia de Dios en su vida. ¿Tocada ya por su llamada?. La experiencia de la conversión le llega pronto de la mano de una lectura en una noche insomne: de la lectura completa, intensa y apasionada de "El Libro de la Vida" de Santa Teresa de Jesús. Fue una experiencia de la presencia de Cristo-Jesús, desbordante de amor y, a la vez y al mismo tiempo, una experiencia de la Iglesia. No duda en ningún momento de que su camino, el camino de Jesucristo, la lleva a la Iglesia Católica.

2. El 11 de diciembre de 1925, Pío XI, un Papa excepcional para un período excepcional de la historia del siglo XX, el tiempo de entreguerras -entre la I y la II Guerra Mundial: 1919-1939- publicaba en su tercer año de Pontificado la Encíclica "Quas Primas", instaurando la Fiesta de Cristo Rey en la Iglesia y en 1943, el 29 de junio, en plena Guerra, abierto ya el frente italiano de batalla, Pío XII publicaría la Encíclica "Mystici Corporis Christi".

Esa era la gran cuestión que inquietaba y entusiasmaba a la vez a los católicos de esas décadas claves para la historia contemporánea de la humanidad. ¿Cuál era la real relación existente entre Cristo y la Iglesia? ¿Qué tenía que ver la Iglesia, organización religiosa, visible ante el mundo, aparentemente una magnitud más del engranaje del poder humano, fuertemente institucionalizada -en la mejor de las hipótesis, al servicio de fines humanamente nobles- con la verdadera experiencia religiosa del hombre? o, más específicamente dicho, &ique st;con su vivencia evangélica, trasmitida por la auténtica tradición cristiana? La acusación liberal a la Iglesia de pretensiones mundanas de poder se había unido desde los primeros pasos de la Ilustración racionalista a la tesis eclesiológica luterana, la más influyente en la doctrina y en la vida del Protestantismo, de que sólo la Iglesia invisible, la Iglesia del Espíritu, era de origen divino; la única, por lo demás, universal. No así la Iglesia visible, "ein rein weltliches Ding" -una cosa puramente mundana-, perteneciente al orden de las realidades temporales sujetas al poder político de cada Estado o Nación. Los Príncipes protestantes alemanes, hasta la caída de la Alemania prusiana en la derrota de 1918, se arrogarán las facultades del "Summum Episcopatum". Una acusación, la del laicismo liberal, que vendría a ser asu mida y compartida en su forma más radicalizada -y, en parte, con inusitada virulencia- por los movimientos obreros, inspirados y organizados a través de la nueva y poderosa corriente política del socialismo, influenciado mayoritariamente por las ideas de Marx sobre la religión como "opio del pueblo".

La contestación a esa pregunta crucial para dar razón de la esperanza cristiana, iba a venir y vino con una fuerza espiritual extraordinaria por la vía paulina de la teología de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, renovada y rejuvenecida intelectual y existencialmente: Cristo es la Cabeza del Cuerpo de su Iglesia. La Iglesia, la única Iglesia, visible e invisible, es cu Cuerpo. La Iglesia, animada por el Espíritu Santo, es con la Palabra, los Sacramentos y el ministerio apostólico, por tanto, el instrumento de la Gracia: de la vida divina en las almas y de la santificación del mundo. El f in de la Iglesia no es otro que instaurar el Reino de Cristo en el corazón de la historia. Johann Adam Möhler, el genial Maestro de la Escuela Católica de Tubinga, había definido a la Iglesia en 1832, hacía casi un siglo, como: "la permanente Encarnación del Hijo de Dios" "el Hijo de Dios, que se muestra permanentemente de forma humana entre los hombres, que constantemente se renueva y que eternamente se rejuvenece"[2]. Es verdad que a esta tesis eclesiológica de Möhler  no le faltaron pronto críticas teológicas muy agudas: la tachaban de una exagerada e insostenible identificación de Cristo con la Iglesia visible. Pero una cosa resultaba innegable: la fascinación espiritual que ejercía entonces en la renovación espiritual de la experiencia de la Iglesia en las almas. El "movimiento litúrgico", que toma también fuerza en esos años, reflejaría y robustecería, a la vez, esa nueva toma de conciencia de la realidad divino-humana de la Iglesia, explicitada y acentuada por la doctrina del Magisterio Pontificio y presente e influyente en la vida de los fieles. Dos hechos, que marcarían hitos trascendentales en la historia de la Iglesia conformando decisivamente su futuro, coadyuvaron poderosamente a este despertar en las almas de la Iglesia como el lugar divino-humano imprescindible para la presencia y el acontecimiento de Cristo en la historia: la desaparición de los Estados Pontificios con la consiguiente pérdida del poder temporal de los Papas y la codificación del Derecho Canónico como un momento emblemático en el proceso de "la espiritualización" creciente que caracteriza la historia interna del derecho canónico según Ulrich Stutz, el historiador protestante, iniciador y maestro de tantos historiadores contemporá neos del Derecho Canónico[3].

Esta especie de descubrimiento espiritual de la Iglesia por parte de los católicos en las décadas claves de la historia reciente de Europa y del mundo, incluyó también, muy significativamente el despertar de la conciencia del seglar como miembro activo y responsable de ese "Cuerpo Místico", al cual incumben tareas apostólicas específicas, propias de su vocación, dentro y fuera de la Iglesia. También el seglar ha de ser testigo del Evangelio de Cristo en el ámbito interno de la vida de la Iglesia; también ha de cooperar "pro sua parte et pro suo modo" en el anuncio eclesial al mundo de que Jesucristo Resucitado es el Redentor y Salvador del hombre. Tarea suya insustituible e indelegable: procurar el Reinado de Cristo en las realidades temporales, santificándolas. Precisamente, en este contexto de la vivencia espiritualmente honda y apostólicamente entusiasta de la Iglesia, nace y se alimenta el formidable impulso misionero que la mueve en el siglo XX a la predicación del Evangelio prácticamente en todos los rincones de la tierra y a una heroica disponibilidad martirial. El siglo XX es un siglo de mártires, como pocos lo fueron en toda la historia de la Iglesia: ¡mártires en los cinco y de los cinco Continentes!

3. Con esta inmediata prehistoria es más que explicable que al Concilio Vaticano II, -¡el acontecimiento de los acontecimientos eclesiales del siglo XX!- se le llamase y caracterizase por muchos dentro del marco de la historia de los Concilios Ecuménicos como el Concilio eclesiológico por excelencia. Y, ciertamente, aunque la temática del Concilio, que se quiso comprender y autointerpretar como "pastoral", abarque todo el abanico de aspectos a los que se extiende la misión de la Iglesia, es obligado reconocer que la doctrina sobre ella misma ocupa el lugar hermenéuticamente central. Son, sobre todo, las enseñanzas de la Constitución Dogmática "Lumen Gentium" sobre el ser y misión de la Iglesia y de la Constitución Pastoral "Gaudium et Spes" sobre su relación con el mundo las que enmarcan, centran e impregnan intelectual y existencialmente todo el Magisterio Conciliar. Aquella rica experiencia doctrinal, litúrgica, espiritual, apostólica y misionera que nació y fluyó copiosamente de aquel "despertar de la Iglesia en las almas", del que hablara Guardini en 1922, se discierne, se ilumina y se completa por el Concilio Vaticano II, mirando ya al siglo XXI de nuestra Era. Dos principios teológicos especialmente iluminadores emergen de la doctrina conciliar, transparentando ese pasado apasionante de la Iglesia del siglo XX y sobre todo alumbrando la novedad del siglo XXI: 1º la Iglesia es obra de la Santísima Trinidad, nacida y fundada en la historia por Cristo, con Cristo y en Cristo para instaurar definitivamente entre los hombres el Reino de Dios; 2º la Iglesia, toda ella, visible e invisiblemente considerada, es, "por tanto, este pueblo mesiánico [que] aunque de hecho aún no abarque a todos los hombres y muchas veces parezca un pequeño rebaño, sin embargo, es un germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano. Cristo hizo de él una comunión de vida, de amor y de unidad, lo asume también como instrumento de redención universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (Cf. M. 5, 13-16)" (LG.9).

4. El agitado periodo postconciliar, no fenecido del todo, se ha visto sometido en no pocos ambientes eclesiales a una doble tentación. Tentación en último término reduccionista y rupturista del propio acontecimiento conciliar.

Se ha tratado, primero, de minimizar para la existencia cristiana el significado originario y fundante de la Iglesia como el instrumento necesario del encuentro y para el encuentro personal con Jesucristo; y, consiguientemente, como el lugar primero e imprescindible de la comunión con Él y, por ello, de los cristianos -de los bautizados- entre sí. De este modo, inevitablemente, se pierde el vital punto de partida para poder hablar de experiencia cristiana como experiencia salvadora del hombre -¡de "lo humano"!-: la realización personal de encuentro con la Persona divina del Hijo de María -"el Hijo del hombre"-, Jesucristo, el Señor, Crucificado y Resucitado por nosotros. Y, sin esta dimensión -¡digámoslo sin miedo!- la dimensión mística, es decir, la dimensión verdaderamente religiosa o la religiosamente verdadera, es imposible la experiencia cristiana.... Las crisis personales en y de la vida de fe estaban servidas. Y, como consecuencia lógica y existencialmente forzosa de ello, se producía, segundo, la tentación de reducir el sentido y el campo de la misión de la Iglesia a una acción puramente temporal, ordenada directa y propiamente a la solución pragmática de los problemas del mundo y sirviéndose de los instrumentos de este mundo, sobre todo, los del poder socio-económico y político. La fascinación intelectual y cultural, que siguió ejerciendo un Marxismo tardío de corte cultural, pensado y sentido con nostalgias existencialistas, prendió con fuerza en mentes y actitudes existenciales de una juventud nacida y crecida en familias y ambientes cristianos; una juventud, oscila nte entre el hastío de tanto materialismo barato, el apego a un fácil y copioso consumismo y el ansia idealista de una salida de tanto aburrimiento y miseria espiritual.

5. Esas tentaciones no has sido totalmente superadas. Hay que tenerlas en cuenta a la hora -que ha llegado ya- de vivir la Iglesia de nuevo como el acontecimiento de la presencia de Cristo para el hombre y el mundo del siglo XXI: el primero del Tercer Milenio de la Era Cristiana. Pero mucho más han de ser apreciadas y potenciadas las formas personales y eclesiales de aplicación de la doctrina conciliar a la vida de la Iglesia del último tercio del siglo XX, inspiradas y configuradas por el Espíritu Santo a través del don de variados y riquísimos carismas y vividas fielmente en la comunión de la Iglesia. El Magisterio Pontificio de Pablo VI y de Juan Pablo II y, ahora, de Benedicto XVI -Papas excepciona lmente sensibles para lo que "los signos de los tiempos" sugieren a la Iglesia-, nos ha señalado inequívocamente el camino del futuro para su vida y misión: camino luminoso para la vivencia y la realización fiel, pastoral y apostólicamente fecunda, de la vocación cristiana, sea cual sea su forma de definición eclesial: de seglar, de consagrado y del sacerdocio ministerial. Un camino con una doble exigencia, antigua y nueva: la del necesario "mirar" de nuevo al Rostro de Cristo o, dicho con otras palabras, la de la necesidad de la oración contemplativa; y la de evangelizar de nuevo desde la vivencia honda y compartida del orar contemplativo, alimentado en la celebración y en la adoración eucarística, capaz de llegar con fuerza al hombre de nuestro tiempo, especialmente a los jóvenes, dentro y fuera de los países de tradición cristiana, y quitándoles el miedo a abrir las puertas de sus vidas ¡de su corazón! a Cristo.

LA SOCIEDAD

La sociedad es también palabra antigua: ¡muy antigua! Pertenece al patrimonio cultural universal de la humanidad. Designa un aspecto que le es esencial a la realidad integral de lo humano. El ser del hombre incluye constitutivamente relación al otro: corporal y espiritualmente. Su configuración, sexualmente diferenciada como varón y mujer, constituye la primera y fundamental expresión de la apertura trascendente que le es esencial y existencialmente inherente a la persona humana. El hombre sólo alcanza la realización plena de sí mismo en la inter-relación con los otros hombres.

1. La filosofía clásica se servirá de la palabra sociedad como de una categoría fundamental para comprender lo humano en todo su integridad. La usa y emplea refiriéndola a distintas formas de concreción de la sociabilidad innata del hombre. Matrimonio y familia destacan como la primera y básica forma de cristalización de "lo social" en la vivencia y experiencia de lo humano. El Estado, en cambio, como la última y plena. El concepto de "sociedad perfecta", en la que el hombre encuentra todos los recursos necesarios para su propio perfeccionamiento, adquiere toda su nitidez filosófica en la gran Escolástica del Medievo -en Santo Tomás de Aquino- y del Renacimiento -en la Escuela de Salamanca y en Francisco Suárez-. Los clásicos de la filosofía griega la veían plasmada en "la polis" -"la ciudad"-. Los juristas y pensadores latinos la vinculan al gran espacio económico, sociológico y político, abierto por las conquistas del Imperio Romano y de sus Legiones principalmente en el gran arco geográfico del Mediterráneo. Su pensamiento político fue evolucionando desde la visión "republicana" de "la urbs" -de la ciudad de Roma- como fórmula suficiente de realización de la sociedad perfecta, a la concepción del "Orbis" -"el Orbe"- como el marco humano y cultural de referencia para la formación de una sociedad universalmente estructurada y, por ello, insuperable en su perfección. La tradición universalista de la concepción y realización histórica de la sociedad perfecta será retomada en el Medievo europeo por el conducto histórico-espiritual de la restauración cristiana de la idea imperial romana y que pervive, profundamente modificada, hasta ir languideciendo y desaparecer por completo en los umbrales mismos de la Modernidad. Su lugar político lo ocuparán ya desde el Renacimiento los Estados Nacionales. Con su imparable curso histórico empujarán al pensamiento filosófico-político a la identificación real de la trilogía, Estado-Sociedad perfecta-Nación. Los convierten semánticamente poco menos que en términos sinónimos. Sin embargo, teólogos y juristas salmantinos de la época se propusieron integrar a la compleja multiplicidad plurinacional que se dibujaba ya claramente en los siglos XVI y XVII como el mapa geopolítico del futuro, especialmente en el Continente europeo, dentro de la unidad universal de la familia humana. Con este fin, ético-político, reformulan la vieja doctrina del "Ius Gentium" -"el derecho de gentes", desarrollando la ideas de los cultivadores del "jus utrumque" de la Edad Media con fina sensibilidad histórica para las nuevas realidades políticas de su tiempo. Sus logros fueron de orden preferentemente teórico; pero no sin efectos prác ticos positivos para el nacimiento del nuevo mundo americano y la configuración socio-política de la Europa moderna y contemporánea.

2. La Ilustración concentrará sobre el Estado Nacional su reflexión filosófico-jurídica y, mucho más, su praxis socio-política. Sin embargo lo hará, tratando de integrar, bajo distintas fórmulas de justificación y explicación teóricas, la doctrina de los derechos humanos como piezas fundamentales de valor universal, en la concepción y configuración jurídica de la sociedad y, más específicamente, del Estado. En esta historia de la teoría y praxis social que nos encamina al periodo histórico nuevo de la Edad Moderna, entre los siglos XVII y XVIII, el concepto de sociedad, estrechamente vinculado al concepto de Estado en una línea progresiva de confusión con él, se ma ntiene aún abierto a la relación trascendente con Dios en un doble sentido: primero, en el de que a toda y a cualquier forma de inter-relación humana, en una palabra, a su sociabilidad, precede y subyace la relación con Dios, su Creador y Señor -"la religación" del hombre con Dios es la primera y fundamental forma de relación para la constitución y realización plena de su ser-; y, segundo, en el de que es también Dios el autor de la naturaleza social del hombre y, por lo tanto, el autor de su estructura y, consiguientemente, de las pautas de actuación y funcionamiento básicas, derivadas de ella. La sociedad, por tanto, si quiere organizarse en perfección, habrá de facilitar el espacio necesario de acción y de vida para que la persona humana pueda alcanzar su fin último: la vida eterna en Dios. No irá por ahí, por desgracia, la evolución laicista de la sociedad moderna y contemporánea, que tenderá cada vez más a concebirse y a realizarse al margen de Dios como principio y fin del hombre. Rechaza la doctrina y la teología cristiana sobre la sociedad y no la sustituye por ningún otro tipo de filosofía, abierto racionalmente a una comprensión de la experiencia social del hombre en la que quepan la idea y realidad trascendente de Dios. Para la doctrina social laicista, la confusión práctica -cuando no teórica- de las categorías, sociedad y Estado, deviene un instrumento dialécticamente muy útil para construir su teoría atea o agnóstica del Estado.

3. La sociedad evoluciona, sin embargo, en los siglos XIX y XX y se configura de hecho cada vez con mayor complejidad a lo interno de sí misma, tanto, dentro de los límites de las fronteras nacionales, como vista en la perspectiva de su creciente internacionalización. El fenómeno contemporáneo de "la globalización" refleja bien hasta qué límites de amplitud y complicación humana -económica, cultural, ética, espiritual y religiosa- ha llegado la sociedad actual. La concepción "romántica", tratando de identificarla con una comunidad de raza, de cultura y de historia común, ha quedado desbordada por la realidad de un mundo intercomunicado globalmente sin límites ni internos ni externos, abierto a la universalidad por la ciencia y la técnica contemporánea. Comunicación de espacios y de tiempos; comunicación informativa y formativa; comunicación e intercambio de recursos, cooperación en todos los campos de la experiencia humana... ese es hoy el horizonte sin fronteras en el que el hombre se realiza "socialmente". No es extraño q ue el siglo XX haya sido caracterizado, igualmente, como el siglo de "la socialización". Las fuertes tensiones causadas por la llamada "cuestión social" habían ido acumulándose a lo largo de la últimas décadas del siglo XIX. A esa situación quieren responder corrientes de un pensamiento filosófico nuevo, muy condicionado por las nuevas ciencias humanas que investigan con método empírico los aspectos más sobresalientes de la realidad social: los propiamente sociológicos, los políticos y los jurídicos. Sus soluciones están marcadas por el sello cultural y político de lo que se llamó "Socialismo", frente a la doctrina liberal nacida al calor revolucionario de la Francia de finales del siglo XVIII y desarrollada durante todo el siglo XIX con el inconfundible acento intelectual del individualismo filosófico. En una y otra teoría -aunque parezca paradójico en el caso del liberalismo político- el Estado juega una principalísima función. Esta tensa sociedad se rompe interior y exteriormente en el siglo XX. Las dos guerras mundiales documentan estremecedoramente la tragedia. En la conciencia contemporánea de la humanidad, se alzó ya con toda explicitud intelectual y existencial la pregunta por Dios y por su ley: ley natural y divina. ¿Puede subsistir la sociedad con un mínimun de integridad moral y, por lo tanto, humana sin Dios?

4. La Iglesia se hizo cargo desde el momento más álgido de la cuestión social en el paso del siglo XIX al XX de la causa de los más débiles -la clase obrera-, con su doctrina y con la firme, comprometida y decidida defensa de los derechos de la persona humana y del bien común. El Concilio Vaticano II ahonda la fundamentación teológica y exp licita pastoral y apostólicamente ese compromiso incondicional con la suerte del hombre contemporáneo, sobre todo, en la Constitución Pastoral "Gaudium et Spes". Compromiso manifiesto desde su propósito y confesión inicial de que "el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón" (GS. 1). El Magisterio social de Pablo VI y de Juan Pablo II, atentos a los acontecimientos que conmueven a la sociedad y a las esperanzas que la animan, explican y precisan la doctrina conciliar. Con Benedicto XVI, su actualización sorprende y edifica por la profundidad humana y teológica que encierra su diagnóstico de lo que está pasando a la familia humana de nuestros días -¿"una humanidad "post-moderna"?- y por el modelo de soluciones que propone para sus angustiosos problemas: soluciones de raíz y desde su raíz ética y espiritual. Un reto apasionante nos queda a los fieles católicos en esta encrucijada histórica de la humanidad: dar cuerpo a esa respuesta del Magisterio vivo de la Iglesia que, por ser fiel a la novedad del acontecimiento cristiano, resultará verdaderamente liberadora para nuestra sociedad y nuestros conciudadanos. El Papa nos ofrece la pista teológica para asumirla lúcida y cordialmente: "La ‹‹ciudad del hombre›› no se promueve solo con soluciones de derechos y deberes, sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a t odo compromiso por la justicia en el mundo" (CiV, 6).

El compromiso social de un cristiano, asumido coherentemente hoy desde y en la caridad de Cristo, en "el sitio de la vida" que supone la sociedad contemporánea, contiene una doble y urgente tarea: la de abrir espacio público para la adoración de Dios dentro de la tupida red de intereses e instituciones individuales y colectivas de todo orden que comprenden e integran la actual sociedad, es decir, espacio público para el ejercicio expreso del derecho a la libertad religiosa; y, la de actuar e influir en la realidad secular, siempre tentada e infectada de pecado -de negación de la ley moral y de su origen divino-, de tal modo que nuestras palabras y obras sean en virtud de la caridad de Cristo como testimonio, ejemplo e instrumento para su auténtica y progresiva humanización; o, lo que es lo mismo, para su santificación. Esta es la senda más exc elente para la actualización hoy del apostolado seglar según la mente del Vaticano II. La senda estrecha, además, que nos conducirá indefectiblemente, con toda seguridad, a nuestra propia santificación. Los seglares católicos ayudan así a sus hermanos, los hombres, a andar bien el camino que conduce a la salvación más allá del tiempo: ¡en la eternidad de la Gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo! Ayudan a los demás y se ayudan mutuamente.

Una y otra tarea sólo son accesibles y realizables en la comunión de la Iglesia.

LA POLÍTICA

La política es otra vieja palabra unida a la experiencia inmemorial del hombre que vive y necesita vivir ordenada y fructíferamente en sociedad. ¿Cómo va a ser posible la cooperación de todos los miembros de una sociedad en la consecución del bien común sin una dirección clara en sus objetivos, ordenada en su realización y firme y eficaz en la disposición de los medios? El simple realismo de la experiencia cotidiana de la vida enseña que no. Por ello, la respuesta fue siempre clara en todas las etapas y épocas de la historia social y cultural del hombre: no es posible sin autoridad. De aquí que la praxis política como la ciencia, el arte y la técnica de gobernar la sociedad humana plenamente constituida hayan orientado siempre sus esfuerzos principales a aclarar y dirimir la cuestión de la autoridad como el punto neurálgico, sociológica, jurídica y éticamente, de toda teoría social. Quién la ejerce y cómo la ejerce, cuál es su sujeto originario y en qué consiste su ejercicio, son otras tantas de las preguntas concretas que la filosofía y teología del derecho y del Estado y, actualmente, el estud io empírico de las llamadas ciencias humanas, se plantean bajo distintas perspectivas doctrinales y con distinto grado de intensidad en sus análisis

1. Son dos los aspectos de la cuestión que han acaparado la mayor atención de la doctrina y la preocupación existencial de las personas: los ciudadanos en la comunidad política.

Como se legitima que unos hombres puedan ejercer, como superiores de los demás, la facultad de ordenar con normas vinculantes y coactivas sus conductas y comportamientos en la vida de relación social y, a veces, hasta en la privada, y con qué "poder" cuentan para hacerlo. Las respuestas teóricas han coincidido de uno u otro modo a lo largo de la historia en los siguientes principios ético-jurídicos: el pueblo, todos los que constituyen la comunidad política, son el sujeto titular primero del poder político. Para que determinadas personas puedan ejercer legítimamente esa autoridad y poder, han de contar con la elección y la autorización de todos los ciudadanos, elaborada y expresada libremente, según métodos de representación acordados y aprobados por ellos. El poder político, con el que actúa la autoridad en la comunidad políticamente organizada, se ejerce con la aplicación legal y administrativa de los recursos del derecho y se impone, si es preciso, por la fuerza física de la que posee el monopolio social y jurídico. ¿El pueblo, sujeto inmediato de la soberanía política es, además, la instancia incuestionablemente última que legitima al titular de la autoridad política en su origen y en el ejercicio del poder que le es propio? ¿No conoce, por tanto, el pueblo ni personas ni normas superiores a las que tenga que atenerse en la constitución, organización y funcionamiento del Estado y de los órganos del poder? La respuesta, ofrecida y exigida por la antropología cristiana, fue siempre inequívoca: el origen y el fundamento de la soberanía popular reside en Dios que ha creado al hombre como ser social y con una socialidad que postula la institución del principio de autoridad y de sus órganos de ejercicio. Se trata pues de una soberanía subordinada en su origen y puesta en práctica a la ley natural: a la ley fundada en la sabiduría y en la voluntad de Dios. Las respuestas de las antropologías laicistas radicales fueron y son también siempre las mismas: la soberanía del pueblo es ilimitada; más aún, es la única fuente de legitimación ética del derecho positivo y de su aplicación coactiva; e, incluso más, la instancia última que legitima toda y cualquier ética social.

2. Otra fu e la posición teórica y práctica del laicismo moderado, especialmente activo después de la II Guerra Mundial. Su concepción del principio de soberanía comprendía su limitación jurídica y ética en virtud, primero, de la vigencia previa de los derechos humanos y, segundo, a causa, de las obligaciones y exigencias derivadas del derecho internacional. En la mente de todos los que habían vivido la experiencia de los Estados totalitarios -el comunista y el nacionalsocialista- y habían sufrido las ruinas físicas, morales y espirituales de la II Guerra Mundial, no cabía la menor duda sobre la necesidad histórica de superar el positivismo jurídico y el relativismo ético por la vía intelectual y espiritual de una teoría y praxis constitucional profundamente reformadora de la concepción del poder político. Urgía arbitrar m edios pedagógicos, culturales y sociales para establecer el imperativo de su limitación ética como un principio prejurídico indiscutible. Aquí se encontraba el gran reto histórico para el futuro de la humanidad: el de conseguir fórmulas eficaces de limitación ética de ese "poder", que es el poder por excelencia, "el poder político", que se mostraba cada vez más fuerte e imponente. Sus recursos -los de la fuerza- crecían sin parar: las armas atómicas, el poder mediático y psicológico, los instrumentos de la experimentación química y biológica... Sonó pronto en Europa la voz de alarma ante esta gravísima cuestión de los límites éticos al ejercicio del "poder político". ¿No estaba en juego la paz del mundo?[4]. El problema sigue vivo; incluso, agravado por el éxito de lo que Benedicto XVI ha calificado de la dictadura del relativismo. También hoy es la gran cuestión de la actual coyuntura política mundial, de cuya buena o mala solución depende, en gran medida, el futuro de la solidaridad y de la paz en cada pueblo y entre todos los pueblos que configuran la familia humana.

3. ¿Tiene "el poder político" facultad de limitar, condicionar, restringir e, incluso, negar los derechos fundamentales de la persona humana -el derecho a la vida, a la libertad religiosa, de pensamiento, de conciencia, de expresión y de enseñanza- sin que se quiebre su legitimidad ética? ¿O puede disponer sin límite moral y jurídico alguno de las instituciones básicas del matrimonio y de la familia o de la libertad básica de asociación de los ciudadanos? La contestación, subyacente a muchas de las corrientes culturales que inspiran e influyen hoy la teoría y la praxis política, es militantemente afirmativa. La respuesta de los cristianos ha de ser, en contraste, la de presencia activa y positiva en la vida pública, dirigida a superar la estatalización creciente de toda la vida social y la muchas veces simultánea desprotección de derechos fundamentales de la persona, de las familias y de los grupos sociales. Hemos de colocar en el centro mismo de la experiencia cristiana de "lo político" la aspiración y el esfuerzo para que el orden jurídico-político se ponga al servicio de la persona humana y de su realización plena como su objetivo último, decisivo para la realización del bien común. El Estado no es dueño de la sociedad y, mucho menos, del hombre. La vocación del seglar cristiano tiene actualmente una importante y urgente tarea en el campo de la acción y de la vida política: abrirla a la ética del servicio, abrirla a la experiencias de gratuidad, de libertad solidaria y subsidiaria y, sobre todo, de comunión. No, no ha sido lo más acertado confiar en las posibilidades liberadoras de una teología politizada; pero sí ha sido un acierto providencial, y lo es hoy más que nunca, el haber sabido inspirar y transformar la acción política en un servicio motivado, impulsado y configurado por la caridad. Su efecto liberador será seguro y gozoso como una novedad solo explicable y experimentable espiritualmente por la novedad de la presencia y de la virtualidad del Reino de Cristo: "un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, del amor y la paz".

NOTAS

[1] "Ein religiöser Vorgang von unabsehbarer Trageweite hat eingesetzt: Die Kirche erwacht in den Seelen". Romano Guardini, Vom Sinn der Kirche. Die Kirche des Herrn, Mainz-Paderborn 1990, 19.

[2] Johann Adam Mühler, "Symbolik oder Darstellung der Dogmatischen Gegensätze der Katholiken und Protestanten", II, 641, ss.: „So ist denn die sichtbare Kirche, von dem eben entwickelten Gesichtspunkt aus, der unter den Menschen in menschlicher Form fortwährend erscheinende, stets sich erneuernde, ewig sich verjüngende Sohn Gottes, die andauernde Fleischwerdung desselben, so wie denn auch die Gläubigen in der Heiligen Schrift der Leib Christi genannt werden".

[3] Cfr. Hans Erich Feine, Kirchliche Rechtsgeschichte. Die Katholische Kirche, Köln-Graz4 1964,   VII-IX; 658, ss.

[4] Cfr. Romano Guardini, Das Ende der Neuzeit. Die Macht, Mainz-Paderborn 1986, 97-99. Para Guardini "el poder se nos ha hecho problemático y no solamente en el sentido de una cr&iacu te;tica cultural, como se había alzado cada vez con mayor fuerza frente al optimismo histórico dominante durante todo el siglo XIX y hasta su final, sino por principio: en la conciencia general entra cada vez más profundamente el sentimiento -la impresión- de que nuestra actitud en relación con el poder es falsa, incluso que nuestro creciente poder nos amenaza a nosotros mismos", pág. 98 (Traducción española del autor).


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