26.08.09

¿Acaso no es necesaria una reforma litúrgica?

Permalink 00:11:18, por Eleuterio, 827 palabras
Categorías : General, Defender la fe
 

Ante las dudas surgidas acerca de si existe, o no, intención de reformar la reforma litúrgica por parte de Roma, yo digo lo que sigue. Quizá así se pueda responder a la pregunta que hace el título del artículo.

En el tema de la liturgia que la Iglesia católica sigue y que se corresponde con una tradición ya muy antigua, no caprichosa ni ideada, de repente, por nadie, han surgido, en los últimos años (no sé si veinte, treinta o cuarenta) una serie de tergiversaciones en el sentido y práctica de la misma que son, verdaderamente, preocupantes.

Sabemos que la liturgia no es un aspecto poco importante de la religión católica sino, muy al contrario, una forma de dar gloria Dios en las diversas ceremonias de las que se compone la misma.

Por eso, los actos y momentos que la componen no pueden deberse a capricho de nadie sino que han de estar, perfectamente, establecidos para que no se produzca ningún abuso.

Por otra parte, aunque se pueda argumentar que la inculturación puede incluir la celebración de ceremonias poco “ortodoxas” el problema es que, precisamente, la ortodoxia ha de ser máxima y completa en la liturgia.

Por decirlo de otra forma, no se pueden admitir heterodoxias en la forma de celebración si es que se quiere que el objetivo de tal celebración se cumpla.

Sin embargo, y según lo dicho arriba, no han sido pocas las formas en las que, la imaginación humana y de los fieles católicos, ha procurado (y procura) tergiversar lo que es la liturgia y, sobre todo, lo que la liturgia supone.

En “El espíritu de la liturgia” dice Josep Ratzinger lo siguiente:

Podríamos decir que entonces -en 1918- la liturgia se parecía a un fresco que, aunque se conservaba intacto, estaba casi completamente oculto por capas sucesivas. Gracias al Concilio Vaticano II, aquel fresco quedó al descubierto y, por un momento, quedamos fascinados por la belleza de sus colores y de sus formas. Sin embargo, ahora está nuevamente amenazado, tanto por las restauraciones o reconstrucciones desacertadas, como por el aliento de las masas que pasan de largo”.

De una manera delicada, Benedicto XVI escribe sobre las “restauraciones desacertadas” porque es más que posible que, a tenor del Concilio Vaticano II lo que era apertura y, digamos, “limpieza” de la liturgia, se haya llevado, en muchos casos, por caminos equivocados.

Por eso, los abusos que se han producido y que, por doquier, abundan, requieren un cambio que permita decir que la liturgia católica no ha dejado de ser liturgia sino que, precisamente, continúa siéndolo.

Entonces, parece que el ahora Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Antonio Cañizares, entregó a Benedicto XVI lo que podría ser una reforma de la liturgia católica.

Podría parecer poca cosa pero, en el fondo, afecta a aspectos muy importantes de aquella: se recuperaría el uso del latín (lengua oficial de la Iglesia católica)

Pero, sobre todo, la reforma (que no sería más que afirmación) contendría la “forma” de recibir la comunión: pasaría de ser de pie y con posibilidad de tomarla en la mano a ser de rodillas y en la boca.

No queda, ahí, la cosa.

Al parecer, también se puede proponer que, en el momento de la consagración, el celebrante dé la espalda a la asamblea y, por tanto, mire a la cruz.

¿Es, esto, raro o extraño?

Cuando se suelen dar extraños bailes en las celebraciones litúrgicas; cuando se pueden ver extrañas vestiduras en los celebrantes; cuando se pueden conocer casos en los que los lugares de celebración no son los más adecuados teniendo en cuenta el respeto que se le debe a Dios; cuando se utilizan, por los cálices, cualquier objeto (copas de cristal, por ejemplo)… entonces, podemos preguntarnos si es raro o extraño o no es raro ni extraño que se quiera poner orden en tal estado de cosas.

Ahora bien, es muy posible que se pueda decir que el cardenal Cañizares (encargado, por el Papa, de estos menesteres) no es muy progre.

Aunque no se puede decir que la liturgia puede ser progre, muelle, relativa o según y cómo. Eso no se puede decir si no es que se quiere terminar con la liturgia en su concepción básica, de raíz, esencial.

Entonces, ¿Acaso no es necesaria una reforma litúrgica?

Pues que cada cual responda como crea que entiende el tema pero lo que no es de recibo, creo yo, es pretender que nada cambie para que los abusos litúrgicos vayan creciendo en número y barbaridad.

Y luego… si las cosas de palacio van despacio… es otra cosa muy distinta.