26.08.09

El crucifijo y el alcalde de Baena

Permalink 21:48:49, por Guillermo Juan Morado, 491 palabras
Categorías : General
 

Según hemos podido ver en el vídeo que recoge InfoCatólica, el alcalde de Baena se ha negado a retirar el crucifijo del salón de plenos de su ayuntamiento. Algún partido de la oposición consideraba como una urgencia, parece, que en tan “aconfesional” estancia no podía tener cabida la efigie de Cristo en la Cruz. Quizá, luego, esos mismos, que sienten tal alergia a la colonización religiosa de espacios “públicos”, se vistan hasta de nazarenos para procesionar en Semana Santa. Todo es posible.

La presencia del crucifijo en los “santuarios” del Estado es un tema complicado. No porque la mansa representación de Jesús hiera a nadie. Él es el Inocente. El Hombre de corazón puro. El Hombre que sigue recordándonos hoy que el amor vence a la muerte, que la generosidad es mejor que el egoísmo, que la esperanza supera a la postración de no atisbar el futuro. En Italia, en un debate similar, un alto tribunal sentenció que el crucifijo era un “símbolo de civilización”. Y es verdad. No se puede entender Occidente, ni el concepto de “derechos humanos”, ni la idea de la compasión, olvidando a Cristo. Si alguien tiene, por méritos propios, el derecho a ser honrado y reconocido por todos, por todos los hombres de bien, es Jesús. Eso, a mi modo de ver, es indiscutible.

Pero otras veces pienso si no será profanar la imagen del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre, del Profeta que es más que un profeta, del Rey del Universo, hacer que su icono sea testigo silente de tanto desvarío. ¿Cómo se compagina, en el mismo hospital, la capilla dedicada a Cristo, Señor de la vida, con el quirófano en el que se practican abortos? ¿Cómo hacer compatibles la sentencia inmoral, basada exclusivamente en un derecho positivo que ignora a Dios, con la representación de Aquel que es nuestra Justicia? ¿Cómo conjugar el crucifijo y una educación prácticamente atea, negadora del valor trascendente de la persona?

Los símbolos, las señales, los signos no viven solos. No subsisten solos. Piden un hábitat que les ayude a desplegar su significado y su sentido. Sin este entorno, el símbolo se deprecia, y corre el riesgo de quedar reducido a una especie de caricatura.

El reino de Cristo es el de la verdad y de la vida, el de la santidad y de la gracia, el de la justicia, el amor y la paz. Pedir que el crucifijo no sea desterrado de los ámbitos directamente vinculados al poder público exige, creo yo, una revisión del concepto de poder. Si el César se cree dios, no hay lugar para Dios. Ni, al final, para el hombre, ni para nada que sea verdaderamente humano.

Guillermo Juan Morado.