Las cartas del difunto Edward Kennedy al Papa
«Santidad, siempre traté de ser un católico fiel, aunque mis debilidades me hicieron fallar»
RD/AgenciasDomingo, 30 de agosto 2009
Una última sorpresa del fallecido senador Edward M. Kennedy: en el funeral anoche en Washington, el Cardenal Theodore E. McCarrick leyó extractos del intercambio epistolar entre el político y el Vaticano. Las cartas son en extremo reveladoras, tanto por la importancia para Kennedy de la fe y la iglesia Católica, como por la respuesta pastoral del pontífice, incluso a un político con quien la iglesia tuvo graves desacuerdos. “Poco antes de morir, el senador Kennedy escribió una conmovedora carta al Papa. Un par de semanas después, el Papa respondió con un paternal mensaje de preocupación por la enfermedad del senador y oraciones por su recuperación.
“Cito algunos párrafos de la carta de Ted Kennedy: 'Su Santidad, espero que al recibir esta carta goce de buena salud. Oro porque usted tenga todas las bendiciones de Dios al guiar a nuestra Iglesia e inspire al mundo en estos difíciles tiempos.
“Le escribo con profunda humildad para pedirle que rece por mi, ahora que mi salud declina. Se me diagnosticó cáncer en el cerebro hace más de un año y, aunque sigo en terapia, el mal está haciendo mella en mi. Tengo 77 años y me preparo para el siguiente pasaje de la vida.
Tuve la bendición de ser parte de una familia maravillosa, y mis padres, en particular mi madre, mantuvieron la fe católica en el centro de nuestras vidas. El regalo de la fe se ha mantenido, ha crecido y me ha dado alivio en las horas más oscuras. Se que he sido un hombre imperfecto, pero con la ayuda de mi fe he tratado de enderezar el camino.
“Quiero que sepa, su Santidad, que en los casi 50 años de servicio público, he dado lo mejor por abanderar los derechos de los pobres y abrir puertas de oportunidades económicas. He trabajado para recibir a los inmigrantes, combatir la discriminación y ampliar el acceso al cuidado médico y la educación.
Siempre traté de ser un católico fiel, Su Santidad, y aunque mis debilidades me hicieron fallar, nunca dejé de creer y respetar las enseñanzas fundamentales de mi fe. Rezo por las bendiciones de Dios para usted y nuestra Iglesia y agradecería mucho sus oraciones por mi”.