21.11.12

¡Felicidades!

A las 12:39 AM, por Eleuterio
Categorías : General, Muy personal

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Propón, a los demás, que perseveren en su vida cristiana. Habrás ganado, para Dios, algún alma que iba camino de la fosa que tanto menciona el salmista y a la que tanto debemos temer

Y, ahora, el artículo de hoy.

Felicidades

El artículo de hoy va ser algo especial porque quiero felicitar a las personas que creo deben ser felicitadas.

Felicito, por lo tanto:

A las personas que ponen su fe católica por encima de todas las mundanidades que puedan recaer sobre su corazón o sobre su mente y no se dejan marcar por la Bestia.

A los creyentes católicos que han descubierto que son amados por Dios y eso les sirve, ya, siempre y siempre.

A los creyentes católicos que hacen posible que la fe arraigue en sus corazones con raíces profundas.

A los creyentes católicos que no se dejan arrebatar el corazón por lo políticamente correcto y los respetos humanos.

A los creyentes católicos que son, en verdad, pobres de espíritu, mansos y humildes.

A los creyentes católicos que se saben en un mundo pagano y procuran reaccionar espiritualmente dirigiéndose al Padre en demanda de auxilio para sus almas y la de sus prójimos.

A los creyentes católicos que se ven en la obligación de corregir fraternalmente al hermano que se ha equivocado para que no se salga del camino recto que lleva al definitivo Reino de Dios.

A los creyentes católicos que, ante la situación económica por la que pasa el mundo, no se arredra y pone sus manos al servicio de quien está necesitado.

A los creyentes católicos que no transigen con la falsedad y hacen uso de su fe para contraponer la Verdad a la mentira que niega su propia fe.

A los creyentes católicos que demandan siempre a Dios que se les apague su ira y su rabia y les dé un corazón puro, limpio, manso y jovial.

A los creyentes católicos que no se sienten abandonados por el Creador y siempre lo sienten a su lado y en su corazón.

A los creyentes católicos que no ceden a la presunta imposibilidad de llevar su fe al mundo.

A los creyentes católicos que nunca se ven saciados de formarse acerca de su fe.

A los creyentes católicos que se reconocen pecadores y piden perdón a Dios en el Sacramento de la Penitencia.

A los creyentes católicos que no dan un paso atrás cuando se sienten injuriados o vejados a causa de su fe y por Jesucristo, Perfecto Dios y perfecto hombre.

A los creyentes católicos que tienen la paciencia suficiente como para saber que, aunque siembren en el corazón ajeno la savia de Dios, sólo el Creador determina cuando fructificará.

A los creyentes católicos que no se cansan de decir que lo son en todas las circunstancias por las que pasa su existencia.

A los creyentes católicos que mientras sufren dan gracias a Dios por tal don.

A los creyentes católicos que hacen de la Palabra de Dios su muy particular medio y causa de vida.

A los creyentes católicos que nunca mancillan al hermano con sus críticas y juicios.

A los creyentes católicos que prefieren una existencia limpia y esperanzada antes que una que lo sea contraria a la voluntad de Dios.

A los creyentes católicos que reconocen sus errores y saben enmendarlos.

A los creyentes católicos que gozan de sentirse en la Iglesia católica como hijos suyos.

A los católicos que no miran a sus pastores con recelo.

A los católicos que dan gracias a Dios por cada amanecer y cada día que ha pasado.

Y, en fin, a los creyentes católicos que saben que lo son y actúan en consecuencia.

49

Al fin y al cabo hoy es mi cumpleaños y, gracias a Dios, cumplo casi medio siglo (menos uno). Y digo gracias a Dios y lo repito: gracias, Padre, por haberme dado la oportunidad de existir y, en la medida de mis posibilidades, corresponderte.

Amén.

Eleuterio Fernández Guzmán