Colaboraciones

 

Los dos Cristos

 

 

21/01/2019 | por Diego Vigil de Quiñones


 

 

En Enero de 1935, Miguel de Unamuno escribió en un periódico de la época (Ahora) un artículo en el que memoraba un paseo navideño por el hoy llamado Madrid Central, y en el curso del cual, pasando por delante de la entonces Catedral de San Isidro (que anteriormente fue Iglesia de los Jesuitas en Madrid), dice que pensó que en la devoción de los españoles de entonces había como dos Cristos:

hay aquí, entre los indígenas y rurales campesinos de España, un Cristo propio, un Cristo campesino y rural que fue seguramente el de San Isidro Labrador, un Cristo en Cruz, agonizante, sangriento y desangrado, laico, popular, y luego de introducción reciente, para los salones de reunión de la buena sociedad pequeño- burguesa y aun pseudo-aristocrática, otro Cristo de origen francés y…perial, borbónico: el del sagrado Corazón, ya sin sangre

Y al final del artículo, Unamuno remataba resumiendo a  “los dos Cristosal indígena y nacional y al advenedizo e imperial, al de la llaga sangrienta y al del corazón sin sangre; al rural y al urbano, al rojo y gualdo y al azul y blanco”.

 

A poco que se conozca la devoción al Corazón de Cristo, resultan extrañas las palabras de Unamuno. Se comprenden más considerando que se trata de una percepción superficial de esta devoción debida seguramente a tres factores:

1º La defectuosa expresión artística que admitimos ha tenido el Sagrado Corazón (de ahí el “ya sin sangre”),

2º La mala vivencia de la devoción por parte de algunos cristianos de la élite social de la época.

3º Que don Miguel se estaba refiriendo más a lo sociológico que a lo teológico.

 

Lo cierto es que, tanto en lo sociológico como en lo teológico, la devoción al Sagrado Corazón ha experimentado con posterioridad al Concilio Vaticano II una renovación digna de conocerse. Una renovación que ha tenido en España a uno de sus principales teólogos, a quien con este artículo queremos hoy recordar en el primer aniversario de su muerte.

Se trata del Jesuita Luis María Mendizábal, quien por la abundancia de su obra y de sus frutos es, sin duda, uno de los Jesuitas más relevantes de la España del último siglo.

El Dr. Mendizábal (y decimos Dr. pues lo era, y sus creaciones literarias y disertaciones, aun dirigidas en ocasiones a gente sencilla, son muy científicas/universitarias), profundizó desde la Teología espiritual en la devoción al Corazón de Cristo a tal nivel que con razón se ha afirmado que “renovó la espiritualidad del Corazón de Jesús” (Pablo Cervera).

Vista la figura (y el fenómeno, pues los frutos de su aportación se pueden calificar de fenómeno) del Padre Mendizábal desde el texto de Unamuno, se podría decir que el Padre Luis María tomó a ese Cristo de corazón sin sangre, y lo dio a conocer precisamente “agonizante, sangriento y desangrado”. De hecho, Mendizábal solía insistir en representar al Sagrado Corazón con su herida y su sangre bien visibles.

En el siglo XX se solía hablar de dos Españas. Hoy, en cambio, se habla sobre todo de La España vacía (tema del libro del año 2017 según la prensa), por contraposición a la España poblada. Pues resulta que, por providencia de Dios, el Padre Mendizábal, que tras una brillante etapa en Roma, habitaba en la España poblada (Madrid), fue llamado por el Cardenal primado a colaborar con él en la formación de sacerdotes en Toledo. Y allí se dedicó durante años a dirigir espiritualmente a seminaristas y sacerdote que, ya por procedencia, ya por lugar donde han desempeñado su ministerio, se puede decir que son curas, precisamente, de la España vacía. Y de su animación espiritual surgió también una congregación femenina (la Fraternidad reparadora en el Corazón de Cristo sacerdote) que se dedica precisamente al apostolado en la España vacía: las hermanas van “de dos en dos” (Mc 6,7) a pueblos poco poblados. Todos ellos, curas y monjas, fueron formados en una vida espiritual cimentada en la amistad con Dios manifestado en Cristo. Un Cristo estudiado y vivido primero por Mendizábal desde Roma y Madrid, al que han ido llevando por esos pueblos y campos sus discípulos y discípulas. De modo que, incluso en lo espacial, podríamos decir que el Padre unió a los dos Cristo de Unamuno: “al rural y al urbano”.

El legado del Padre Mendizábal es extensísimo en predicaciones y conferencias (muchas conservadas en audio) y en textos escritos (algunos aun inéditos), recogidos muchos de ellos en la web www.padremendizabal.com. Profundizar en su obra ayudaría mucho a toda la Iglesia a tener un conocimiento más profundo de Cristo, un “conocimiento interno” (que diría san Ignacio), que permitiría amarle y seguirle más. Sobre sus escritos se ha llegado a hacer una tesis que sistematiza de modo claro y atractivo la aportación teológica del Dr. Mendizábal, pudiendo ser un buen material para introducirse en su estudio. El autor de la misma, Dr. Bohigues, ha diseñado además un itinerario para la maduración de la vida cristiana basado en las enseñanzas del Padre Mendizábal, que puede ser un gran material para una introducción catequética.

El viernes se cumplió un año de la muerte del Padre Mendizábal, y se celebraron más de sesenta funerales en diferentes puntos de Europa y África. Coincidiendo con este primer aniversario, vayan estas líneas como testimonio de amistad y admiración al Padre Luis María, y como recomendación a los lectores de forumlibertas que todavía no le conozcan. Su lectura y audición no les defraudará.