Colaboraciones

 

Ignorancia arrogante

 

 

20 mayo, 2020 | por Claudio Martínez Möckel


 

 

 

 

Arturo Barea (1897-1957) escribió quizá una de las mejores y sin duda más honestas memorias en el exilio sobre las causas y los efectos de la Guerra Civil, La Forja de un Rebelde. Había dejado de estudiar siendo un adolescente, porque su madre era una pobre viuda lavandera (exactamente igual que la madre de Pablo Iglesias, fundador del PSOE, que coincidencia). Barea trabajó de dependiente, botones de banco. Fue soldado en Marruecos. Muy inteligente, sindicalista y socialista de corazón, gran lector, autodidacta, independiente.

A finales de los años 20, Barea se acercó a la famosa Residencia de Estudiantes, porque quería dedicarse a su pasión, escribir, y para ello necesitaba formarse. La Residencia, fundada por la Institución Libre de Enseñanza de Franciscco Giner de los Ríos, coincidía, en líneas generales con sus ideas socialistas. Las conferencias, tertulias eran gratuitas. Asistían intelectuales de primera línea: Ortega y Gasset, Eugenio D’Ors, Unamuno, y otros de talla mundial como Albert Einstein, Marie Curie, John M. Keynes, etc.

 

En aquella Residencia convivían jóvenes como Federico García Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Rafael Alberti, Juan Negrín, etc, todos ellos niños bien.

Salvador Dalí, era hijo de un notario catalán. Alberti, provenía de una saga familiar de bodegueros de Sherry, y su padre era un empresario al que las cosas no le iban mal. Luis Buñuel, era hijo de un “indiano” (un emigrante que se enriqueció en Cuba) y volvió a Calanda, Teruel donde se casó. Federico García Lorca era hijo de un acaudalado agricultor de la provincia de Granada. Juan Negrín, futuro Primer Ministro de la República en la Guerra Civil, era hijo de un próspero empresario de las Palmas de Gran Canaria. Todos los residentes eran brillantes, hijos de familias sin dificultades económicas, cultas, y enviaron a sus hijos al mejor sitio para llegar a formar parte de la elite intelectual del país. Los directores de la Institución Libre de Enseñanza sabían lo que hacían.

Y eso fue lo que hizo que Arturo Barea se alejara de la Residencia al poco de llegar. Lo cuenta él mismo: “Me encontré con una nueva aristocracia de la izquierda, que nunca había pensado que podía existir. Era tan caro ingresar en una de esas instituciones como en una de las aristocráticas escuelas de los jesuitas”.

 

Aquel granero de aristócratas ilustrados, produjo grandes réditos a la izquierda a lo largo de un siglo.

En aquel invernadero se cultivó con cuidado la superioridad intelectual de la izquierda que ha gobernado culturalmente nuestro país durante la mayoría del siglo, excepto en la dictadura. Pero como cuenta Esther Tusquets en su libro de memorias “Habíamos Ganado la Guerra”, (otra chica de izquierdas de familia bien que estudió en el Colegio Alemán con Pujol), se perdió la Guerra pero se ganó el relato. Durante 40 años de exilio se escribió y se mitificó hasta lo irreal la Arcadia Feliz de la II República. Mientras los militares africanistas fusilaban a destajo, depuraban todo tipo de disidencia intelectual e inauguraban pantanos para darle consistencia física a eso que llamaban la unidad de destino en lo universal, España, la izquierda construía el discurso del futuro que ahora agoniza.

Luego llegó la Transición, la Democracia, los Pilaristas (Rubalcaba, Javier Solana, Juan Luis Cebrian, Paco Fernández Ordóñez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Jose María Aznar), el Clan de la Tortilla, la Beautiful y otras élites, que bebieron de aquel relato, creyéndose destinados como aquellos aristócratas de la Residencia sacar a España de las tinieblas. Eran la élite heredera.

Aquellas élites empezaron a declinar, como pasa con cualquier tribu, con las crisis económicas que dejaron al descubierto las corrupciones, las peleas entre los chicos mas listos, los desprecios. Y ahora nos encontramos aquí, con los desperdicios del naufragio de aquellas élites: un grupito de niñatos que creían que ellos iban al fin a traer la mitica Arcadia Republicana, formando un Gobierno muy similar al del año 1936, que se apoyó en Esquerra, el Partido Comunista, el PSOE , PNV y demás nacionalistas. ¿Les suena?

Tenemos un Gobierno débil que ha llegado al poder a lomos de retuiteos y slogans huecos. Un gobierno hecho para la imagen, donde el que más manda, es claro, el experto en imagen un tal Iván Redondo, Jefe de Gabinete del Presidente. Hace poco, copiando a Obama (todo lo han copiado de Obama, incluso el Yes We Can = PODEMOS), resumía lo que ahora es la política: lo importante no es la economía. Lo importante es la emoción, estúpido. Son los tweets, las fotos, los mensajes cortos.

Ellos son los creadores de emociones que mueven a las masas que viven en una ignorancia oceánica. La chulería del que sabe que es ignorante, pero cree que los demás no piensan siquiera, sólo sienten. Porque ellos son los nietos de la élite, de la Residencia de Estudiantes. En una palabra: ellos son la izquierda que tanto asqueaba a Barea.  Creen que el trabajo, la experiencia no valen para convencer a las masas. Como dice de nuevo, el gran Ivan Redondo: tener razón no te hace ganar elecciones. Por eso el Gobierno nunca pregunta a empresarios, expertos, políticos de la oposición. Están tan acostumbrados a tener razón que han dejado de ser críticos, de pedir opiniones, de pensar.

Y llegó la Covid-19. Y dijeron: ¡nos va la vida en la manifestación del 8-M!. Y hubo manifestación. Y Madrid se transformó en un infierno. Y dijeron: centralicemos la gestión sanitaria, las compras de Sanidad, a pesar de que hace 30 años que esa gestión está descentralizada en las Comunidades Autónomas, que son las que saben de esto.. ¡Que se aparte todo el mundo, que no tienen ni idea! Y nos quedamos sin test PCR, sin mascarillas, sin EPIs. Y tenemos la segunda tasa de muertos por millón de habitantes en el mundo, más sanitarios que nadie contagiados en el mundo. Y dijeron: los empresarios se aprovechan de los ERTES, los agricultores son esclavistas. Y destruyeron las empresas. ¡Ay la realidad! ¡Que tozuda es que no se deja moldear!

Hemos pasado de una aristocracia arrogante y algo eficaz, hija de niños bien, a otra infinitamente más arrogante y atrevida que aquella que construyó un relato que ya no vale. Y como son ninis, que no han trabajado ni estudiado nunca de verdad, incultos en tres idiomas, pues tan felices.

¡Ay si Arturo Barea levantara la cabeza! Él era un obrero, que vivía en contacto con la vida y la realidad. Ellos, viven en una burbuja de ignorancia arrogante. ¿A alguien le extraña que estemos a punto de un estallido social?