Colaboraciones

 

La televisión, el invitado permanente del hogar

 

 

17 junio, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

En esta época, la televisión se ha convertido en el invitado permanente del hogar. La pequeña pantalla no es un objeto doméstico más. Puede llegar a ser el intruso de la vida familiar, llegando a veces a dominarla, a convertirse en centro de la misma. El aparato de TV es el mueble más activo de una casa; un convidado a veces beligerante, que puede ser instrumento de recreación, información y cultura, o constituirse en medio de manipulación psicológica que incide en los comportamientos más decisivos de una persona.

   Algunos dicen que la TV debe ser un reflejo de la sociedad, para justificar de este modo que en ella se muestre todo, aunque sea ofensivo para la conciencia de la mayoría o lesivo de los más elementales principios de moral pública. Con el pretexto de autenticidad y libertad se ha abierto así el camino para que la TV sea con frecuencia un medio de opresión, no de expresión.

   Es evidente que, en este país, no se ve la televisión, tanto pública como privada, que se desea, sino la que imponen quienes la hacen. No es utópico pensar en una TV que sea honesta en la información, que entretenga y divierta, que ayude a formar, que eduque y brinde cultura, que sea utilizada al servicio de la persona, de la familia, del bien común de la sociedad. Como medio de expresión libre y de creación artística que eleve y dignifique a las personas. Lo relativamente cómodo es lograr una televisión como la actual, plagada de hedonismo, de violencia (la experiencia se encarga de demostrar que la violencia en TV engendra violencia en los comportamientos, dentro del hogar y fuera del hogar)… en muchos de sus contenidos.