Colaboraciones

 

Conciencia a la escucha

 

 

31 julio, 2119)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

El cardenal Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) concedió una entrevista a la revista cultural polaca Fronda (n. 15/16, 1999), de la que seleccionamos algunas respuestas

 

 

Acerca de los que afirman que lo importante para la salvación no es la fe, sino solo que el hombre viva de acuerdo con su conciencia, Ratzinger comenta: “Cuando hoy día alguien habla de conciencia, la mayoría de las veces la concibe como lo que él subjetivamente piensa. Se cree que en las cuestiones religiosas y morales no hay nada objetivo”. En cambio, en la Sagrada Escritura la conciencia es la sede donde se da la apertura del hombre a Dios, a la verdad. “El hombre, si busca, si se abre, tiene posibilidad de conocer al menos parte del camino que conduce a Cristo. Entonces la situación aparece totalmente distinta. En este sentido, el asunto de obedecer a la conciencia es un camino que exige gran esfuerzo. Este camino supone no hacer aquello que subjetivamente me apetece, sino mirar alrededor, ponerse en camino, purificarse de nuevo una vez más, y con ello recobrar el sentido interno del oído, a la escucha de la voz de Dios y de Cristo. Solamente así se puede entender en qué consiste la grandeza y hermosura de la fe. Las diferentes religiones pueden suministrar solo elementos que me conducen a la entrada del camino, pero pueden también transmitir elementos que me apartan de la entrada en el camino. La fe me enseña de modo claro en qué dirección Dios me quiere llevar y da a la conciencia su más total claridad”.

      El cardenal piensa que “no es posible seguir siendo un decidido ateo o nihilista durante toda la vida sin transgredir la propia conciencia, pues la voz de Dios está en cada hombre. En el nihilismo y en el ateísmo hay tantas cosas que contradicen al ser humano, que aquel que vive de esta manera, en todas partes se encuentra con preguntas sin respuesta. (…) Por eso, no es verdad que sin fe la vida sea más cómoda; por el contrario, la falta de fe hace que la vida sea más oscura, sin esperanza. Si alguien acepta la fe, ve que ella le da la verdadera felicidad. Pero se trata aquí de la fe tal como nos la enseñan la Iglesia y la Sagrada Escritura. Una fe que no es un paquete lleno de dogmas y prohibiciones, sino luz: veo adónde puedo ir”.