Colaboraciones

 

Satisfacción inmediata vs. capacidad de sacrificio

 

 

06 agosto, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

El mundo del niño es el presente; de ahí su natural impaciencia. No solo quiere una galleta, sino que la quiere ahora. Decir a un niño que deberá esperar antes de salir a jugar es como decirle que no podrá jugar nunca más. Puesto que vive de sensaciones, un niño no tiene perspectiva de futuro, ni es capaz de planear el porvenir. Por eso es tan saludable enseñarle a meter su dinero en una alcancía. Así se va preparando para su vida adulta.

      El hombre maduro actúa según su deber, por encima de los gustos a antojos del momento. Para los padres de familia no siempre resulta agradable cuidar a sus hijos, lavarlos, proporcionarles todo lo que necesitan... Afortunadamente para los niños, hay muchos padres generosos.

      El sacrificio nunca ha sido popular. Cuando Jesús anunció a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame», seguramente los discípulos no pudieron evitar retorcerse un poco bajo la túnica. Ningún sacrificio es agradable. No solo eso, sino que tampoco tiene ningún valor en sí o por sí mismo. El sacrificio solo tiene valor en tres casos. Las personas maduras saben reconocerlos.

      Como medio para alcanzar un objetivo. Toda elección conlleva una renuncia. Dejamos de lado un bien determinado, pero solo porque así podemos obtener uno mejor. Un estudiante, por ejemplo, invierte varios años de su vida en prepararse profesionalmente, renunciando con frecuencia a muchas satisfacciones inmediatas, pero porque así podrá cosechar los beneficios después.

      Como ejercicio para formar la voluntad. Algunas cualidades solo se pueden adquirir con la práctica. La fuerza de voluntad es una de ellas. Un libro puede enseñarte las principales técnicas que se requieren para ser un buen jugador de fútbol, pero después habrá que practicar en el campo durante largas horas de entrenamiento. La abnegación es un entrenamiento indispensable para la voluntad.

      Como acto de amor. Cuando uno se sacrifica por otro, es como si le dijera: «Mira, te quiero más que a mí mismo. Te prefiero a ti antes que a mí mismo». Todo regalo es un tipo de sacrificio, algo de nosotros mismos que ofrecemos a los demás.

      La capacidad de sobreponernos a nosotros mismos y de llevar a cabo acciones costosas vigoriza nuestro carácter y nos abre el camino hacia la máxima realización de nuestras potencialidades. Toda grande obra y todo proyecto a largo plazo, incluido el de construir una personalidad auténtica, requiere fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio.