Colaboraciones

 

La participación de los católicos en la vida política

 

El compromiso cristiano en política no es fruto de una situación puntual, sino que es parte de la misión del creyente, particularmente del fiel laico

 

 

10 agosto, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

“La vida política de cada nación —dice el R.P. Santiago Ramírez O.P.— y la del mundo entero será próspera, estable y ordenada cuando los gobernantes y gobernados de todas y cada una estén dotados de sus virtudes respectivas, ajustando escrupulosamente a ellas su conducta; la verdadera vida política no debe ser un nido de intrigas, sino un semillero de virtudes”.


      El tema de la participación política de los católicos como forma de testimoniar la verdad reviste de gran actualidad a medida que la crisis de las ideologías y la descomposición social y política desgarran nuestra patria. La noción de participación principio de orden natural, siempre que se la conciba rectamente, incluyendo las ideas de competencia y de responsabilidad, pues ambas definen los criterios básicos que han de presidir los diferentes grados y modalidades de participación de cada persona en las distintas actividades sociales. Ya Juan XXIII resume claramente la doctrina constante: “…En lo que respecta a la comunidad política, resulta importante que, en todas las categorías sociales, los ciudadanos se sientan cada día más obligados a velar por el bien común” (MM, 96). También este Sumo Pontífice, en un documento un poco olvidado, Pacem in terris, nos exponía aquella famosa definición de la importancia de la participación diciéndonos: “…Es una exigencia cierta de la dignidad humana que los hombres puedan con pleno derecho dedicarse a la vida pública, si bien solamente pueden participar en ella ajustándose a las modalidades que concuerden con la situación real de la comunidad política a la que pertenecen” (PT, 73).

 

      Es muy común entre los cristianos en su afán de acción caer en pura militancia olvidándose tanto de la vida espiritual como intelectual. El objetivo principal del católico debe ser el de testimoniar la verdad a largo plazo. No buscar frutos inmediatos sino perseverar en la fe, ser guardián del depósito sagrado del Verbo Encarnado. “…El cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos sustanciales, a su fe y a su concepción del hombre. No es licito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de violencia y a la manera como ella entiende la libertad individual dentro de la colectividad, negando al mismo tiempo toda trascendencia al hombre y a su historia personal y colectiva. Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social” (OA, 26). Su corazón debe tenerlo en la vida eterna pero sus ojos y mentes en la búsqueda del Reinado Social de Cristo. Escribe el santo Padre Pío XI: “…Si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia” (QP, 17).

 

      El Papa Benedicto XVI aclara que la Iglesia “no es y no pretende ser un agente político”, alentó la participación de generosos y valientes laicos cristianos en política, y advirtió la necesidad de resistir la “secularización interna” que afecta a la Iglesia.

 

      El Santo Padre Benedicto XVI subraya que el campo de la política “es una tarea muy importante, a la que se deben dedicar con generosidad y valentía los cristianos laicos, iluminados por la fe y por el magisterio de la Iglesia y animados por la caridad de Cristo”.

 

      El Papa Francisco recuerda que la política es una “vocación de servicio” que promueve “la amistad social para la generación del bien común”.

 

      “No olvidemos que entrar en política, advierte el Papa Francisco, significa apostar por la amistad social”, pues solo de este modo esta actividad “colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las llamadas ‘clases dirigentes’ crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo”.

 

      El Santo Padre Francisco explica que “ser católico en la política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad”.

 

      Francisco indica que “la política no es el mero arte de administrar el poder, los recursos o las crisis. La política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación de bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las así llamadas ‘clases dirigentes’ crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo”.

 

      “Un partido católico. Quizá fue esta una primera intuición en el despertar de la Doctrina Social de la Iglesia que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político hoy día en la sociedad, digo cristiano. No va más el partido católico. En política es mejor tener una polifonía en política inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogenizadora y neutralizante –y de yapa– quieta. No, no va”, exclama Francisco.

 

      El Santo Padre Francisco recuerda que “la política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.

      “La función y la responsabilidad política, afirma Francisco, constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo”.

      En este sentido, “la política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”, sostiene el Papa Francisco.

      Recuerda Francisco que “en la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella”.

      “Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social”, asevera Francisco.

      Explica Francisco que “cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro”.

      "Un buen católico no se inmiscuye en política. Eso no es cierto. Este no es un buen camino. Un buen católico debe entrometerse en política, dando lo mejor de sí, para que el gobernante pueda gobernar. Y ¿qué es lo mejor que podemos ofrecer a los gobernantes? ¡La oración! Eso es lo que dice Pablo: ‘La oración para todos los hombres y para el rey y para todos los que están en el poder’. ‘Pero, Padre, aquella es una mala persona, debe ir al infierno.... ‘Reza por él, reza por ella, para que pueda gobernar bien, para que ame a su pueblo, para que sirva a su pueblo, para sea humilde’, señala el Papa Francisco.

      "No se puede gobernar al pueblo sin amor y sin humildad. Y cada hombre, cada mujer que tiene que tomar posesión de un servicio público, debe hacerse estas dos preguntas: ‘¿Amo a mi pueblo para servirle mejor? ¿Soy humilde y oigo lo que dicen todos los otros, las diferentes opiniones para elegir el mejor camino?’. Si no se hace estas preguntas su gobierno no va a ser bueno. El hombre o la mujer gobernante que ama a su pueblo, es un hombre o una mujer humilde", concluye Francisco.

      El prudente es quién nos debe gobernar, el sabio enseñar y el santo edificar nos señala santo Tomás. Por esa misma razón, la virtud por excelencia del hombre de gobierno es la prudencia, la virtud de conducir a una sociedad humana perfectamente organizada hacia el bien común tanto temporal como sobrenatural.


      Por lo tanto para concluir podemos afirmar sin temor a equivocarnos que para los cristianos, la política tiene que ser extensión de nuestra fe porque tanto en nuestra vida privada como pública debemos regirnos por los principios evangélicos. Nuestro puesto de combate como fieles laicos no está en las sacristías parroquiales. Ni siquiera en los movimientos eclesiales. Nuestra misión evangelizadora se encuentra en los problemas cotidianos de la Patria porque el señorío de la política se contempla en todos los intereses de la sociedad terrena y bajo este aspecto podemos decir que ninguna otra ciencia humana la supera, salvo la teología. La política es el campo de misión y evangelización de los laicos para ser testigos de la verdad porque es un desbordamiento de la más perfecta expresión de caridad, que es la caridad política como nos enseñaba Pío XI y de esta forma debemos considerarla los católicos.

     Terminamos con dos citas del Papa Francisco:

      "Involucrarse en la política es una obligación para un cristiano. Nosotros no podemos jugar a Pilato, lavarnos las manos: No podemos".

      "Debemos inmiscuirnos en la política porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común. Y los laicos cristianos deben trabajar en política".