Colaboraciones

 

No es compatible ser cristiano y socialista

 

 

24 septiembre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

El socialismo es, por definición y por su misma práctica, antagónico con la Fe cristiana y con su antropología. Lo que postula el socialismo no es lo mismo que lo que nos enseña Jesucristo.

El socialismo es incompatible con la doctrina católica, bien por su concepción del universo y del hombre, bien porque alcanza a dos instituciones que son pilares de la civilización cristiana, esto es, la propiedad y la familia.

El socialismo viola la libertad personal. El socialismo busca eliminar la “injusticia” al transferir los derechos y responsabilidades de los individuos y las familias al Estado. En el proceso, el socialismo realmente crea injusticia. Se destruye la verdadera libertad: la libertad de decidir todos los asuntos que se encuentran dentro de nuestra propia competencia y de seguir el curso mostrado por nuestra razón, dentro de las leyes de la moralidad, inclusive los dictados de la justicia y la caridad.

Analizando las cosas objetivamente, no es compatible ser cristiano y socialista: el tratamiento de la familia, el tratamiento del aborto, la campaña de la eutanasia, la asignatura, por ejemplo, de la Educación para la Ciudadanía...

Los católicos seguidores de Mises o de Marx, por poner un ejemplo, hacen caso omiso del Magisterio de la Iglesia, y no en pocas ocasiones llegan a oponerse al mismo defendiendo doctrinas torcidas. Lo peor llega cuando encima tratan de convencer de su compatibilidad, cuando previamente han hecho un cristianismo edulcorado a su gusto, un “disfraz de cristianismo” en palabras del Papa Pío XII.

El socialismo, ya se considere como doctrina, ya como hecho histórico, ya como “acción”, si sigue siendo verdaderamente socialismo, aún después de sus concesiones a la verdad y a la justicia, es incompatible con los dogmas de la Iglesia católica, porque su manera de concebir la sociedad se opone diametralmente a la Verdad cristiana.