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¿Por qué no evita Dios el mal?

 

 

25 septiembre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

Santo Tomás de Aquino subraya que Dios ha dotado a sus criaturas de verdadera capacidad de actuar, lo que implica que sus acciones tengan consecuencias reales. Si a las criaturas libres no les permitiera causar efectos malos, tal libertad sería ficticia. Por tanto, dice santo Tomás, “Dios permite que se produzcan algunos males para que no resulten impedidos muchos bienes”: la misma libertad, la capacidad de enmendarse, el heroísmo en la resistencia al mal, la solidaridad con los que sufren…

¿Por qué no evita Dios el mal? Por dos motivos; porque nos ha hecho libres, y porque la cruz es el instrumento de la Redención.

Nos ha hecho libres. Pudo no darnos libertad, en cuyo caso nadie pecaría, nadie se condenaría. Pero tampoco podríamos decir que nos salvaríamos: convertidos en muñecos incapaces de merecer, la salvación para esos seres-robots no tendría ningún significado. El robot no ama, no espera, no cree. ¿Qué supone la salvación para quien no ama libremente a Dios? ¿Qué felicidad cabe esperar de una situación de amor impuesto a la fuerza? Una felicidad pasiva, estúpida, mecánica. ¿Para rodearse de este tipo de seres creó Dios al hombre? ¿Pueden estos robots ser imagen y semejanza de Dios?

Y si nos ha hecho libres, nos tiene que dejar que, si queremos, usemos mal de nuestra libertad. Y de ese mal uso nace el mal material, pues somos los hombres los que creamos un mal que Dios ha de respetar como producto de las decisiones libres de seres libres.

Pero es que, además, la cruz es redentora. Dios permite el mal, permite la libertad que lo genera, pero lo vuelve en nuestro beneficio. Nos invita a que carguemos con el mal que nosotros mismos causamos, con la cruz que la vida pone sobre nuestros hombros, para que así no solo recibamos los méritos redentores de la cruz de Cristo, sino que comuniquemos —se llama comunión de los santos— a los demás ese torrente de salvación. Él mismo, hecho hombre, recorrió su Calvario, fruto del mal uso de la libertad de sus verdugos, en lugar de evitar ese mal. “Si eres Dios, legiones de ángeles vendrán a salvarte”. Hubiesen venido si las hubiese llamado, pero no lo hizo; respetó la libertad de quienes le condenaban, y transformó Su dolor en salvación para todos.

Carlos A. Marmelada, en su libro El dios de los ateos (Ed. Stella Maris), “señala que Dios no tiene ninguna obligación de crear ningún mundo, y mucho menos un mundo que sea el mejor de los mundos posibles”, concepto que filosóficamente es complejo porque un ser omnipotente siempre podría hacer un mundo aún mejor.

¿Puede Dios todopoderoso hacer un mundo tan bueno que Dios mismo no pueda hacerlo mejor? Esta pregunta es equivalente a la de si puede Dios hacer un triángulo cuadrado. “No es que no pueda Dios, es que es irrealizable en sí mismo”, dice Marmelada.

Añade que un mundo “perfecto” no sería un mundo, sino que sería otro Dios.

En el mismo momento que el mundo no es Dios, sino una creación, algo con finitud, límites, limitaciones, es evidente que en el mundo hay espacio para el mal.