Colaboraciones

 

Nacionalismo e independentismo

 

 

29 octubre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

Sin el trabajo de los políticos, tantas veces ingrato, no sería posible la construcción del bien común. Al mismo tiempo hay que decir que el fundamento y la razón de ser de la autoridad política, así como la justificación moral de su ejercicio, en el gobierno y en la oposición, es la defensa y la promoción del bien del conjunto de los ciudadanos, respetando los derechos humanos, favoreciendo el ejercicio responsable de la libertad, protegiendo las instituciones fundamentales de la vida humana, como la familia, las asociaciones cívicas, y todas aquellas realidades sociales que promueven el bienestar material y espiritual de los ciudadanos, entre las cuales ocupan un lugar importante las comunidades religiosas. Ese servicio al bien común es el fundamento del valor y de la excelencia de la vida política. Todo ello se deteriora cuando las instituciones políticas centran el objetivo real de sus actividades no en el bien común, sino en el bien particular de un grupo, de un partido, de una determinada clase de personas, tratando para ello de conseguir el poder y de perpetuarse en él. Las ideologías no pueden sustituir nunca al servicio leal de la sociedad entera en sus necesidades y aspiraciones más reales y concretas: El valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve: son fundamentales e imprescindibles, ciertamente, la dignidad de cada persona, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar el bien común como fin y criterio regulador de la vida política.

 

Según Gabriel Rufián, portavoz de ERC, “un partido independentista es aquel que aboga abiertamente por la independencia, mientras que uno nacionalista simplemente quiere velar por los intereses de lo que este considere su nación, sin llegar al extremo de la independencia. Un profesor que tuve lo explicaba así de sencillo: el independentista quiere independizarse y ser completamente autónomo, mientras que el nacionalista busca ser completamente autónomo usando el nacionalismo para tirar de la cuerda y obtener ventajas fiscales, estatutarias y financieras del Estado” (Discurso en el Congreso de los Diputados, 2016).

Para Pablo Casado, presidente del PP, “los nacionalistas son excluyentes e insaciables en sus reivindicaciones, pero entran dentro de la Constitución, lo que no ocurre con los independentistas” (Rueda de prensa, Pamplona, 6 de marzo de 2019).

Afirma Mario Vargas Llosa: “(…) El nacionalismo es una perversión ideológica muy extendida, porque apela a instintos profundamente arraigados en los seres humanos, como el temor a lo distinto y a lo nuevo, el miedo y el odio al otro, al que adora otros dioses, habla otra lengua y practica otras costumbres, instintos —demás está decirlo— absolutamente reñidos con la civilización. Por eso, el nacionalismo en nuestros días es ya solo una ideología reaccionaria, antihistórica, racista, enemiga del progreso, la democracia y la libertad (…).

”(…) A los actos de fe, como el nacionalismo, hay que oponerles, además de razones, otro acto de fe. Si crees en la libertad, en la democracia, en la civilización, no puedes ser nacionalista. El nacionalismo está reñido con todas esas instituciones y categorías que nos han ido sacando de la tribu y el garrote y el salvajismo y nos han inculcado el respeto a los demás, enseñándonos a convivir con quienes son distintos y creen cosas diferentes de las que creemos nosotros, y hecho entender que vivir en la legalidad y la diversidad y la libertad es mejor que en la barbarie y la anarquía. Somos individuos con derechos y deberes, no partes de una tribu, porque el formar parte de una tribu, ser apenas un apéndice de ella, es incompatible con ser libres. Descubrirlo, es lo mejor que le ha ocurrido a la especie humana. Por eso debemos oponernos, sin complejos de inferioridad, con razones e ideas, pero también con convicciones y creencias, a quienes quisieran regresarnos a esa tribu feliz que hemos inventado porque nunca existió” (El País, diciembre 2017).

Según Antonio Robles: “(…) Hace ya tiempo que los conceptos catalanismo, nacionalismo e independentismo han dejado de tener significados distintos para mezclarse en un magma confuso que les ha hecho perder sus perfiles específicos en aras de la construcción nacional. Pero históricamente no ha sido así (…).

(…) Catalanismo, nacionalismo e independentismo son conceptos, aparentemente, distintos, como soberanismo, derecho a decidir, pacto fiscal o concierto económico. Aparentemente. En la realidad, son conceptos análogos y momentos distintos de un mismo proceso (…) (LibertadDigital, mayo 2011).

Sostiene Ángel Gómez: “El nacionalismo es una ideología y un movimiento social y político que surgió junto con el concepto de nación propio de la Edad Contemporánea en las circunstancias históricas de la Era de las Revoluciones.

Como ideología, el nacionalismo pone a una determinada nación como el único referente identitario, dentro de una comunidad política; y parte de dos principios básicos con respecto a la relación entre la nación y el Estado:

El principio de la soberanía nacional: que mantendría que la nación es la única base legítima para el Estado.

El principio de nacionalidad que mantendría que cada nación debe formar su propio Estado, y que las fronteras del Estado deberían coincidir con las de la nación.

El independentismo es una corriente política, derivada generalmente del nacionalismo (si bien algunos movimientos independentistas rechazan definirse como nacionalistas), que propugna la independencia de un territorio respecto del Estado o Estados en que se circunscribe.

”El independentismo suele plantear sus tesis sobre el principio de que el territorio que se quiere independizar es una nación, aludiendo básicamente a su historia, cultura, lengua propia, y sobre la afirmación de que dicha nación no alcanzará su máxima plenitud cultural, social o económica mientras continúe formando parte del Estado del que se quiere independizar” (Comentario al escrito “No es lo mismo independentista que nacionalista”, de Xavier Andreu Nin, Erepublik. The New World).

“Si hoy estuvieran vivos, grandes figuras que lucharon contra el racismo, el segregacionismo o el nacionalismo como Abraham Lincoln, Martin Luther King, Nelson Mandela o Albert Einstein, entre otros, no dudarían en señalar al mal llamado nacionalismo catalán como racista y supremacista”, afirma Miguel Martínez (elCatalán.es, junio 2019).