Colaboraciones

 

La lucha en torno al tema educativo

 

 

07 enero, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

Una buena escuela es una comunidad de padres, maestros y estudiantes en retroalimentación continua, para lograr cerrar lo que Carlos Fuentes llama el triángulo de la excelencia educativa.

Si importante es el ambiente educativo en la familia, la escuela puede ser bien otro lugar privilegiado de formación, o bien de disolución y relativización de los auténticos valores inherentes a la persona.

El sistema educativo está siendo objeto de calculados y selectivos ataques que buscan el control de contenidos, de métodos y de producción del conocimiento. Así, la lucha en torno al tema educativo responde con frecuencia a una voluntad de poder a ultranza. El dominio de este sistema es y le será imprescindible a los grupos ocultos que mueven los tablados de la política mundial en la estrategia imperialista como mecanismo de legitimación, manipulación, perversión y de reproducción de un Novus Ordo Seculorum imperante económico, político y social de explotación y opresión tiránica encaminada a subvertir el orden natural y domeñar las conciencias. El objetivo buscado no es otro que crear una nueva naturaleza humana y una nueva moral social relativista, llevar a la persona a una existencia gregaria, inauténtica, gobernada por las pasiones; una juventud malcriada, caprichosa, débil, maleable y adocenada que nadando en la confusión de la provisionalidad asuman bovinamente los nuevos postulados humanos sepultados en el materialismo, el hedonismo, el relativismo y el nihilismo.

El asalto es global a todos los campos de la vida social. En este sentido la escuela no supone un compartimiento estanco, sino que es también un reflejo de los comportamientos sociales vigentes. La pérdida de formas, valores y de la propia misión educativa paterna responde muchas veces a la existencia de familias desestructuradas con niños faltos de amor y sin puntos de referencia claros, pero también carentes de modales, de disciplina, sentido de la responsabilidad y sujeción a una autoridad.

Son las humanidades las disciplinas académicas que sufren un acoso continuado, por ser estas las disciplinas más formativas de la conciencia crítica, por esta razón el olvido de las humanidades lleva a la incomunicación, la incomunicación al aislamiento y el aislamiento al pretotalitarismo. Tras despojar de los valores humanos a la ciencia y a la tecnología, y la desacreditación social-utilitarista permanente de la formación humanística, precisamente por su arraigo en la tradición humanística cristiana, y de las sucesivas reformas de los contenidos de planes de estudio siempre a la baja, se esconde el intento de eliminación de los ámbitos intelectuales de libertad y de verdad que permiten al hombre forjar su sindéresis, lograr un juicio recto ayudado por la conciencia rectamente formada.