Colaboraciones

 

¿Qué pasaría si no hubiera clase de religión?

 

08 enero, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

Uno de los males de nuestros días, en el contexto cultural en el que vivimos, es el hecho de que la política (entendida como la acción de los partidos políticos) se está convirtiendo en el único principio rector de la configuración de la convivencia social: la política pretende decidir el bien y el mal; la política pretende redefinir la naturaleza humana y la propia familia; la política pretende determinar el principio y el fin de la vida humana; la política pretende ser la única responsable del sistema de enseñanza…

Bien sabemos que la enseñanza de la religión en las escuelas es ante todo un derecho de los propios padres.

¿Acaso los padres no tienen derecho a elegir para sus hijos, en el espacio del sistema escolar, otro tipo de orientaciones y de enseñanzas, diversas o complementarias a las que emanan de los equilibrios electorales? El hecho de que vivamos en democracia, ¿supone acaso que las familias hayan entregado a los poderes públicos toda su responsabilidad directa en la educación de sus propios hijos?

Por ello, son muchos los padres que han ejercido y seguirán ejerciendo su derecho a pedir para sus hijos la asignatura de Religión Católica, impartida en el sistema de enseñanza. No olvidemos que la Escuela —desde el punto de vista moral— no es de los partidos políticos, ni de la Iglesia, ni siquiera del Estado; sino de cada una de las familias que educan a sus hijos en ella.

Si no hubiera clase de religión, en principio, se privaría a los alumnos de una oportunidad para desarrollar sus facultades y capacidades básicas, las cuales quedarían adormecidas en edades fundamentales para el crecimiento personal. Se vulneraría el derecho de los padres a la formación religiosa y moral de sus hijos, derecho consagrado en la Constitución española, artículo 27.3 y reconocido en las distintas leyes de desarrollo y en los Tratados Internacionales ratificados por España. En concreto, se conculcaría la Constitución Española en su artículo 27.3, 16 y 96; también la Ley Orgánica de libertad religiosa de 5-7-80; el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado español de 3 de Enero de 1979; el “Pacto Internacional de derechos civiles y políticos” (ONU, 16-12-66); el “Pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales” (BOE. 30-4-77), así como, la “Convención Europea para la salvaguarda de los derechos del Hombre y de las libertades fundamentales”. Protocolo Adicional nº 1 ratificado por España el 8-10-79. En todos ellos, entre otros, se reconoce el derecho de los padres a que sus hijos reciban en la escuela la formación religiosa y moral que responda a sus convicciones.

La enseñanza de la religión es especialmente necesaria por desarrollar la capacidad trascendente y dar respuesta al sentido último de la vida. Es esencial en el desarrollo integral de todas las capacidades del alumno.

La religión eleva las potencialidades del ser humano para ser más humano, dándole incluso la posibilidad de ser hijo de Dios e identificarse con Él. La religión hace posible que el ser humano se conozca a sí mismo, pues es Dios en Jesucristo quien revela su identidad: ser creado para amar y llamado a la vida eterna.

No podemos aceptar que la tarea educativa de humanizar al hombre sea una mera socialización.