Colaboraciones

 

¿Una intransigencia intolerable?

 

 

31 enero, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

En la actualidad, la defensa pública de la ley natural y de la moral objetiva en materias sociales, practicada por políticos o por simples ciudadanos católicos, o por simples individuos de conciencia recta, es juzgada a menudo dentro de las democracias pluralistas como una intransigencia intolerable. Lo que menos se les perdona es hablar en nombre de una verdad objetiva, es decir, en nombre de la “realidad” y no de sus meras percepciones subjetivas (o del número de sus votos). Se ha acuñado la etiqueta de “fascista moral” para quienes actúan así. Como si ipso facto no fueran demócratas ni pluralistas. El agnóstico y el relativista, en cambio, por su amplísima tolerancia, parecen los ciudadanos ejemplares. Pero la defensa categórica de una moral social objetiva —de la ley natural— es la auténtica defensa de la libertad, ya que no hay libertad fuera de o contra la verdad.

La democracia pluralista, pues, no debe ser el reino del subjetivismo moral. Solo una moral que reconoce normas válidas siempre y para todos, sin ninguna excepción, puede garantizar el fundamento ético de la convivencia social y de una verdadera democracia. Esta, en definitiva, y todo lo pluralista que se quiera en el dominio de lo opinable, no tiene mejor garantía que el Decálogo como fundamento moral.