Colaboraciones

 

Absolutismo relativista

 

 

04 febrero, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Lo que más vale no tiene precio. Un beso, la sonrisa de un niño, la caricia de una madre, la ternura de un novio o de un padre con su hijo, el gesto de solidaridad, ¿cuánto valen?

El absolutismo relativista de hoy se basa en que las cosas no tienen valor, sino simplemente precio. Pensamos que eso corresponde exactamente a nuestra situación. La sociedad moderna es una sociedad de mercaderías, en la cual todos los valores se convierten en valores de cambio. Si en una sociedad se acepta únicamente la tesis de que todas las convicciones deben respetarse, el resultado es que ninguna convicción es respetada, ni el hecho mismo de tener una convicción. Se trata de una civilización de solo hipótesis y, a la larga, toda fe religiosa y toda relación personal, como el matrimonio o los votos sagrados, dejan de comprenderse, ya que no son sustituibles por equivalentes.

¿Un nuevo nihilismo? Sí, nosotros lo llamamos el nihilismo banal. Y es muy peligroso. Por ejemplo, en la juventud actual hay una gran tendencia a la violencia. Si le preguntamos a un joven por qué es tan violento, nos responderá riendo: “¿Y por qué no?”. Es la nada, y el resultado es la violencia.

En el fondo, en el alma de los jóvenes, el relativismo es la muerte del alma. Nos parece criminal educar a los niños y a los jóvenes en el relativismo, porque eso significa que la vida no tiene importancia. Uno puede pensar de modos diferentes, pero contando con algún parámetro, teniendo algún criterio para optar. En el marco relativista, en cambio, la elección es ciega. En un contexto educacional así, antes de comenzar la vida, las almas ya han sido asesinadas.