Colaboraciones

 

El sistema moderno de convivencia

 

 

11 febrero, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

El sistema moderno de convivencia no es un sistema ético sino de consenso. No hay bien o mal sino acuerdo o desacuerdo. El valor absoluto es la paz y el diálogo solo es posible planteando "un idéntico peso probabilístico" a toda opinión. No hay certeza sino mera opinión.

Y ese sistema es, de hecho, antes de aplicarse, un sistema en crisis e incapaz de proporcionar aquello que propugna. No hay paz porque habrá siempre personas que sostengan su opinión con la fuerza, otros que no aceptarán esa imposición, y otros que nos negaremos a entrar en el juego "equipotencial" de cualquier afirmación porque pensamos que hay verdades objetivas además de opiniones subjetivas.

Ese sistema entra en crisis también porque si no hay Dios, ni verdades objetivas, no hay tampoco una razón, salvo la de la fuerza, para que alguien dé primacía a las ideas de otro. ¿Si no me someto a Dios, por qué hacerlo ante un hombre?

Ese sistema ha entrado en crisis también porque ha cometido el error de buscar otro absoluto: la Tierra, a la que ha sometido la Humanidad y que hace que se subordinen esas "voluntades absolutas" a un "proyecto colectivo común", lo que solo se puede hacer violentándolas. Y, para evitar conflictos:  "control de natalidad", "eutanasia"… van dirigidos a los débiles, a los que no han nacido, a los discapacitados. En definitiva, "el poder de los fuertes rige el Planeta".

Y es que Occidente se ha ido despojando, como en la cebolla de Guillermo de Ockham (filósofo y lógico escolástico inglés), de todo referente hasta que, pensando que dejaba al individuo al desnudo, le ha dejado "desnudo", "desprotegido", sin ninguna instancia a la que acudir para su defensa.