Colaboraciones

 

Las leyes humanas pueden ser injustas

 

 

12 febrero, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Las leyes humanas pueden ser injustas. El legislador humano lo ha demostrado a lo largo de la Historia, incluso elegido democráticamente y votando la ley en referéndum. Los hombres "pueden atarse voluntariamente cadenas", pueden consagrar en plebiscito a un tirano, pero también derechos que violan la ley natural, que hacen que las leyes se corrompan y dejen de serlo.

Una ley que no protege al ciudadano más desvalido sino que lo entrega al tubo de ensayo, a la mesa del laboratorio, a la selección eugenésica, o que le acorta la vida "por carecer de calidad" es un empobrecimiento y una brecha por la que "todo lo demás será posible".

La Madre Teresa de Calcuta afirmaba algo así como que "quien es capaz de matar el hijo de sus entrañas es ya capaz de cualquier otra cosa"; porque ha roto la relación más sagrada entre seres humanos: "madre e hijo" pasan a ser "madre e hijo asesinado".

Las leyes justas tienen la posibilidad de conocerse. El pueblo judío recibió la tabla de los Diez Mandamientos, que son leyes de orden natural. También el cristianismo tiene esa herencia, pero con el aceite de la caridad y del perdón.

Esos mandamientos son luces para todos los hombres. No hay ninguno que pueda decirse que es especial para un pueblo, ni siquiera el del Amor a Dios ya que "si existe" es natural la correspondencia de la criatura. Y es "bastante más que probable que ese Dios creador sea una gozosa realidad".

Cuando la humanidad pierde esa luz construye sobre tinieblas y su "Derecho" se tuerce, comenzando a darse situaciones de clara injusticia, generando tensiones que impiden el correcto desarrollo de la persona y atentan contra la libertad de su conciencia.