Colaboraciones

 

La enseñanza de la religión católica

 

 

15 marzo, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

La enseñanza de la religión católica debe ser equiparable a cualquier materia, puesto que colabora a la formación integral del alumno, por lo menos como las demás, y en un terreno específico. Hay que darle la misma importancia que tienen otras enseñanzas. Presuponer que no aporta saberes importantes para los alumnos como otras áreas, o que esta enseñanza no es seria, o bien, que es una acción de buena voluntad de la Iglesia, pero no académicamente relevante, en el fondo, son imputaciones a la enseñanza religiosa católica que no tienen fundamento, pues esta materia está impartida por profesores titulados como los demás, preparados científicamente como todos, con los instrumentos pedagógicos equiparables a los de cualquier área y con los métodos de evaluación precisos y claros como se entienden en todas las asignaturas. Su currículo está publicado en el B.O.E. y puede ser contrastado académicamente con cualquier materia.

Desde sectores políticos y sociales que se autodefinen como defensores de las libertades y de la democracia, se insiste en que la presencia de la asignatura de Religión en el sistema educativo español (y singularmente en los centros de titularidad estatal) es un resto del nacionalcatolicismo y un vestigio del pasado, supuestamente anacrónico en un país que la Constitución Española de 1978 define como aconfesional.

La enseñanza de la Religión como materia curricular y evaluable, en plano de igualdad con las demás materias académicas de la enseñanza no universitaria, responde al más estricto cumplimiento del deber que el Estado tiene como garante del ejercicio de los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Entre los derechos inherentes al ser humano se hallan el que los niños y jóvenes tienen de recibir una formación integral y el que asiste a sus padres para elegir la formación moral y religiosa que han de tener, de acuerdo con sus creencias. Así lo han hecho, dictado en varias sentencias sobre el particular, el Tribunal Supremo y el Constitucional.

Todo lo contrario, pues, de la pretendida inconstitucionalidad a la que esos grupos de presión aluden cuando desacreditan la enseñanza de esta disciplina, presentándola como algo incongruente con la aconfesionalidad del Estado.

Siendo el hecho religioso una manifestación cultural, entonces la formación religiosa es una exigencia imprescindible, ya que funda, potencia, desarrolla y completa la acción educadora de la escuela.

Las religiones son hechos humanos, históricos y sociales; la religión ha sido y es una posibilidad humana, muy difundida y relevante. En esa medida, ha de ocupar un lugar en la escuela, porque nada de lo humano le es ajeno.

La enseñanza religiosa en la escuela es, con toda legitimidad, una materia propia y rigurosamente escolar, equiparable a las demás asignaturas en el planteamiento de sus objetivos, en el rigor científico de sus contenidos y en el carácter formativo de sus métodos.

Sin su aprendizaje y enseñanza, se estaría vulnerando el derecho de las personas a tener una educación integral y se coartaría el desarrollo potencial de dimensiones tan esenciales como son la intrapersonal, la interpersonal y la trascendente. Se estaría condenando a las generaciones presentes y futuras a enfrentar un mundo sin sentido, desesperanzador y oscuro, sin ninguna herramienta efectiva.