Colaboraciones

 

¿Es el cristianismo la vía divina de acceso a Dios?

 

 

24 marzo, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

El elemento clave es la conciencia de poseer la revelación plena y definitiva de Dios. En efecto, «en estos últimos días» (Heb 1, 2), Dios ha hablado a través de su Palabra personal: Jesús de Nazaret. Todo su ser y comportamiento humano es manifestación de Dios, es Palabra de Dios. En él se alcanza de forma absoluta e irrepetible la automanifestación de Dios, él es el «mediador y plenitud de toda revelación». «Si Cristo —explica R. Latourelle— es a la vez el misterio revelante y el misterio revelado, el mediador y la plenitud de la revelación, se sigue que él ocupa en la fe cristiana una posición absolutamente única, que distingue al cristianismo de todas las otras religiones, incluido el judaísmo. El cristianismo es la única religión cuya revelación se encarna en una persona que se presenta como la verdad viva y absoluta. Otras religiones tuvieron sus fundadores, pero ninguno de ellos (Buda, Confucio, Zoroastro, Mahoma) se propuso como objeto de la fe de sus discípulos. Creer en Cristo es creer en Dios. Cristo no es un simple fundador de una religión; es a la vez inmanente a la historia y el trascendente absoluto; uno entre millares, pero el único, el totalmente otro».

Cuando se afirma que el cristianismo es la religión verdadera y definitiva es preciso aclarar que la absolutez de la verdad y de la santidad, que es propia de la religión cristiana, no se atribuye al cristianismo tal cual se ha realizado históricamente, sino a Jesucristo, el único que es la «plenitud de la vida religiosa».

En el cristianismo no hay más verdad y santidad que Cristo, su Evangelio y las verdades contenidas en él.