Colaboraciones

 

Reflexiones

 

16 septiembre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


Descargar pdf*

 

 

 

 

El saber nos hace libres

 

El saber es elección, y cuanto más sabemos, más posibilidades de elegir tenemos y más libres somos.

El saber es tolerancia, y esta es el sedimento de una sociedad feliz y afortunada.

Por ello, quien controla el saber de los individuos domina a los individuos, y así Stalin afirmaba que, «de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario».

Hay personas y grupos que quieren que pensemos y entendamos lo que ellos desean. Hay intelectuales que falsean la realidad; a todos ellos no les importa, lo más mínimo, el alejamiento de la verdad; pero quien así actúa, quien se desinteresa de la certeza, quien no tiene la voluntad de ser verídico, es políticamente un tirano e intelectualmente un bárbaro.

 

 

No es posible sin autoridad

 

La política es otra vieja palabra unida a la experiencia inmemorial del hombre que vive y necesita vivir ordenada y fructíferamente en sociedad. ¿Cómo va a ser posible la cooperación de todos los miembros de una sociedad en la consecución del interés general o bien común sin una dirección clara en sus objetivos, ordenada en su realización y firme y eficaz en la disposición de los medios? El simple realismo de la experiencia cotidiana de la vida enseña que no. Por ello, la respuesta fue siempre clara en todas las etapas y épocas de la historia social y cultural del hombre: no es posible sin autoridad. De aquí que la praxis política como la ciencia, el arte y la técnica de gobernar la sociedad humana plenamente constituida hayan orientado siempre sus esfuerzos principales a aclarar y dirimir la cuestión de la autoridad como el punto neurálgico, sociológica, jurídica y éticamente, de toda teoría social. Quién la ejerce y cómo la ejerce, cuál es su sujeto originario y en qué consiste su ejercicio, son otras tantas de las preguntas concretas que la filosofía y teología del derecho y del Estado y, actualmente, el estudio empírico de las llamadas ciencias humanas, se plantean bajo distintas perspectivas doctrinales y con distinto grado de intensidad en sus análisis.

Si la autoridad no actúa en orden al bien común, desatiende su fin propio y se hace ilegítima.

 

 

Política y políticos

 

Tal vez en esto radique hoy la más importante contribución que la política hace a la sociedad en su conjunto: darle la credibilidad y transparencia necesarias para que la confianza sea un recurso preferible a la violencia.

Olvidada la persona como fundamento y reemplazada por el individuo teóricamente individualista y salvaje, la política de hoy es un simple juego de negocios cuyo premio es el poder. No se puede esperar nada bueno de este juego. En serio: nada bueno.

La política es el arte de lo posible, la búsqueda de una vida mejor para todos, la coordinación de esfuerzos en la construcción del bien común.

Política es el arte de gobernar en justicia y en paz la vida personal, laboral y social de los ciudadanos de un Pueblo, Nación o Estado mirando a su bienestar y bien común. Sin embargo, para ciertos políticos, la política es esencialmente una lucha y una contienda que permite asegurar a los individuos y a los partidos que detentan el poder su dominación sobre la sociedad, y al mismo tiempo, la adquisición de ventajas, beneficios y privilegios que se desprenden de la ostentación del poder político. La democracia no está al servicio de la política, sino que la política debe estar al servicio de la democracia.

Konrad Adenauer dijo que «la política es demasiado importante como para dejársela a los políticos».

Los políticos deben ser como enseñan los romanos: «Hombres buenos y peritos en el hablar», que saben obedecer y mandar, gobernar bien su casa y familia, cooperar diligentemente en su comunidad de vecinos, evitar la tiranía de las minorías, la oligarquía de los poderosos, la demagogia de las mayorías parlamentarias, y que ofrecen un proyecto real de bienestar humano y de desarrollo social y económico donde haya el menor paro laboral posible y la mayor concordia y paz ciudadana.

 

 

Democracia

 

Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la «subjetividad» de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad.

El Estado de Derecho es la condición necesaria para establecer una verdadera democracia. Para que esta se pueda desarrollar, se precisa la educación cívica, así como la promoción del orden público y de la paz en la convivencia civil. En efecto, no hay una democracia verdadera y estable sin justicia social.

En el Estado de Derecho es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres.

La democracia no es el régimen del número, sino el del derecho.

Adueñarse democráticamente del Estado para imponer «democráticamente» una forma única de pensamiento y vida no recibe el nombre de progreso sino el de democracia totalitaria, sea cual sea su origen y benéficos deseos.

 

 

Lo que hoy importa no es la verdad de las cosas sino la verdad de las mayorías

 

La posmodernidad ha generado un tipo de cultura donde se han invertido los términos. La realidad ya no es lo que existe objetivamente sino lo que a cada cual le parece ver; de lo que se trata ya no es de descubrir hechos verdaderos acerca del mundo real sino de crearlos. El hombre se ha convertido en la medida de todas las cosas, siendo los estados quienes a través de los pactos y los acuerdos dan con la clave para dirimir los posibles conflictos sociales. La sociedad occidental ha decidido que sea el Estado quien nos diga que es lo legítimo y lo ilegitimo, que sea él quien decida qué es lo correcto y lo que más conviene. En definitiva, lo que hoy importa no es la verdad de las cosas sino la verdad de las mayorías, tal como dijera en su día Konrad Adenauer: «Lo importante en política no es tener razón, sino que se la den a uno».

Si reparamos un momento de lo que pasa a nuestro alrededor nos daremos cuenta cómo el sentir de las mayorías se impone despóticamente sobre las minorías.  Cómo «lo democrático» ha pasado a ser la categoría suprema exclusiva y excluyente. Si no te cobijas bajo el paraguas de las mayorías de nada te va a servir que te asista la razón. Ser demócrata ha llegado a ser el título indispensable para poder vivir en esta sociedad y si no gozas de esta consideración estás perdido, nadie te va a tener en consideración, vas a quedar estigmatizado.  Es como si con la llegada de la democracia la Humanidad hubiera alcanzado su realización suprema y hubiéramos llegado al fin de la historia.

 

 

Partidos políticos

 

Los partidos políticos y su trabajo deben servir para escuchar las demandas de los ciudadanos, para recoger y organizar los proyectos y propuestas que se elaboran en la sociedad civil y sintetizarlas en un programa político para colocarlas en relación con las diversas instituciones que conforman el Estado. Los partidos deben tener en su interior una estructura democrática, ser lugar de elaboración política y de construcción de proyectos, lugar de debates y de confrontación de ideas y de programas, tener contacto con las personas y las diversas instancias de la sociedad civil para no encerrarse en sí mismos. De esta manera, además de formar ciudadanos en y para la participación política y en las virtudes cívicas, serán medios capaces de formar...

 

 

Libertad de expresión

 

Según el Diario de Mallorca (18-04-2020), la Asociación de Medios de Información (AMI) ha recordado que las libertades de información y de expresión y la libertad de prensa son principios fundamentales de la democracia española que deben ser defendidos por todas las instituciones y sus representantes, especialmente en un momento de crisis como el actual.

La AMI recuerda que la libertad de prensa y el pluralismo son pilares esenciales de la democracia.

La Asociación de Medios de Información condena todo intento de censura o limitación de la libertad de información con independencia de su línea editorial.

La actual Constitución española de 1978, en su artículo 20.1 reconoce y protege el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. La cuestión está en saber si esos derechos se garantizan realmente en la práctica o si de hecho el poder político, cuando no el económico, están desvirtuando los principios constitucionales. La jurisprudencia del Tribunal Constitucional es unánime al valorar de forma preferente el derecho a la libertad de expresión en caso de colisionar frente a otros derechos constitucionales, por considerar que la formación y existencia de una opinión pública libre es condición necesaria para el ejercicio de otros derechos inherentes al funcionamiento de un sistema democrático. Asimismo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos recoge en su más reciente jurisprudencia que la libertad de expresión constituye uno de los fundamentos esenciales de una sociedad democrática y una condición primordial para el progreso y desarrollo de cada persona. A la función de los medios de comunicación de difundir la información, se añade el derecho del público de recibirla. Si fuera de otro modo, la prensa no podría desempeñar su papel indispensable de «perro guardián». Además, hay que tener en cuenta que la libertad de prensa comprende el posible recurso a cierta dosis de exageración, o incluso de provocación.

La libertad de expresión es un derecho humano fundamental como consta en el art. 19 de La Declaración Universal de Derechos Humanos.

Ninguna libertad, ni siquiera la libertad de expresión, es absoluta, pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás.

Es evidente también que la libertad de expresión debería atenerse a los principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada. Nada, por más fascinante que sea, puede escribirse, realizarse o transmitirse en perjuicio no solo de la verdad de los hechos que refieren los profesionales de la información, sino también de la «verdad del hombre», de la dignidad de la persona humana (con esta expresión se quiere manifestar que el hombre se presenta ante sí mismo y ante los demás, no como una cosa o como un objeto, sino como portador de valores y respetabilidad, como portador de derechos y deberes inherentes a su condición de persona) en todas sus dimensiones.

El único límite a la libertad de información es, según una abundante jurisprudencia constitucional y europea, el respeto a los principios de veracidad y relevancia pública, y su determinación corresponde exclusivamente a los tribunales de Justicia con arreglo a la Ley.

La libertad de expresión tiene límites que no pueden ser superados en ningún país verdaderamente justo. En su ejercicio hay que buscar siempre no herir la dignidad fundamental de las personas y de los grupos humanos, y de respetar sus creencias religiosas.

 

 

Me informo, luego existo

 

Una forma de existir y no vivir del hombre actual se debe al hecho de la información. El hombre de hoy, desde el niño hasta el anciano, viene literalmente bombardeado de información sobre lo que tiene que ser, lo que debe de poseer, qué debe vestir, qué escuela debe frecuentar, las amistades de las que debe rodearse, qué es lo que debe comer, beber, los lugares a dónde tendrá que ir de vacaciones. La información, cantidad infinitamente enorme, y la velocidad de la misma, cantidad infinitamente pequeña obligan al hombre a buscar en cualquier parte aquello que le viene impuesto como un sentido para definir su existencia. Si antes Descartes decía, cogito ergo sum, es decir pienso luego existo, ahora el hombre moderno tendría que decir me informo, luego existo.

Y no es que la información sea un aspecto negativo en la construcción del sentido de la existencia. El problema del hombre moderno está en la calidad y en la cantidad de la información sobre la que apoya su ser.

 

 

En busca de sentido

 

Según Nietzsche: «Quien dispone de un para qué vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo».

De acuerdo con la Logoterapia, la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle sentido a la propia vida, a la vida tal cual es, y toda vida por más adversa que sea siempre tiene algún sentido.

Según V. Frankl, la vida vale la pena porque hay razones, hay muchos motivos por los cuales vivir, y esto es lo que le da sentido a la existencia humana. Pero el sentido de la vida no puede ser dado, sino que debe ser hallado por uno mismo.

La vida misma es una misión continua… es un vivir por algo o para alguien.

Cada hombre, tú, yo, el más desgraciado de los miserables, tenemos dentro de nosotros una mente y un corazón que nadie puede tocar, que nadie puede destruir. Es cierto que nos pueden secuestrar, encadenar, amenazar. Pero nadie nos puede obligar a pensar lo que no queremos, ni amar lo que odiamos, ni despreciar aquello que es lo más importante para nosotros. A lo sumo, podrán dañar nuestro sistema nervioso o destruir partes importantes de nuestro cerebro, pero entonces no habrán doblegado la capacidad del espíritu: un hombre enloquecido no puede usar plenamente de sus facultades, no es capaz de amar en plenitud.

No han desaparecido, por desgracia, los campos de concentración y de exterminio. Pero resulta dramático encontrarse con jóvenes o adultos desesperados, dispuestos al suicidio o al abandono, cuando conservan a veces todas sus energías físicas e, incluso, bienes materiales más que suficientes. ¿Por qué su angustia, por qué su «neurosis»? Quizá, nos diría Viktor Frankl, porque no han encontrado el sentido de su vida. Es cierto que muchas neurosis tienen un origen psicosomático. Pero también es cierto que hay neurosis que nacen, precisamente, del sentimiento del fracaso de quien no tiene ningún proyecto serio por el que luchar, por el que sufrir.

Cada hombre y mujer, en esta tierra, puede vivir para algo, puede vivir para alguien. Querer vivir “para nada”, en la desesperación y en el vacío de quien busca atrapar el placer del momento sin ningún proyecto serio, sin ningún amor sincero, es caminar hacia la propia destrucción emocional y existencial. Es un suicidio moral, quizá tan grave como el suicidio físico, al que no pocas veces, por desgracia, conduce.

Por eso la terapia a la neurosis moderna radica en ayudar a los demás (y ayudarnos a nosotros mismos) a descubrir nuestro quehacer, nuestra misión en esta vida. No se trata de encontrar que de la noche a la mañana puedo empezar a ser pintor, o médico, o bombero. Lo que debo hacer, con seriedad y con realismo, es ver lo que ha sido mi trayectoria personal para coger los hilos que me dicen qué espera de mí la vida, qué anhelan los demás de mi existencia.

«La felicidad no está en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace» (L. Tolstoi).

 

 

Deseos insatisfechos

 

En el libro  The Progress Paradox: How Life Gets Better While People Feel Worse, Gregg Easterbrook señala que a medida que se satisfacen los deseos de bienes materiales, crecen los psicológicos. «Casi todo lo que la gente desea de verdad —amor, amistad, respeto, familia, nivel social, diversión— no está en el mercado», dice el autor. La prosperidad puede empeorar la situación: en 1957, solo el 3% de los estadounidenses se sentían solos; ahora son el 13%.

Está claro que estos problemas no son graves comparados con la pobreza o el desempleo y, además, se pueden solucionar. La obesidad se puede combatir mejorando la alimentación y haciendo ejercicio. La ansiedad, asumiendo que algunas decisiones serán menos afortunadas que otras. Sin embargo, los problemas de la prosperidad nos deberían recordar que no importa tanto cuánta riqueza tengamos sino cómo la usemos.

 

 

Los impuestos

 

El impuesto bien administrado, sirve de base para la construcción de Bienes que den seguridad al pueblo, y busquen brindar comodidad y estabilidad.

El pueblo requiere de beneficios que le lleve a vivir en bienestar y contar con los medios para su supervivencia en casos de desastre y que sirvan de estímulo para la edificación de seguridad social y de protección.  

Los Bienes que el gobierno exija, den garantía al pueblo, dé estabilidad social y dé trabajo, dé responsabilidad y dé honor.  Brinde al hombre beneficios que le permitan vivir de acuerdo con las costumbres sanas y honestas a las que tiene derecho, según su condición de ciudadano y que garanticen protección, abrigo, sustento, educación y honor.

El derecho del hombre de vivir en la prosperidad y el beneficio a su propio desarrollo personal y familiar, serán la norma para el respeto a los dineros del pueblo que aporta para el sano manejo de Bienes duraderos y comunitarios, que den seguridad y paz a la nación.

El sano manejo de los recursos del pueblo se verá reflejado en la seguridad y bienestar de los hombres y mujeres que habitan esos lugares, en provecho del hombre y la sociedad.

 

 

Coronavirus o COVID-19

 

Sí, no podemos de ninguna manera ignorar la fatal epidemia del Coronavirus o COVID-19 que ha llamado la atención en las redes sociales, en los medios de comunicación con este virus mortal.

Esta epidemia ha golpeado a muchas personas en el mundo, teniendo una repercusión muy delicada creando pánico a nivel mundial.

Se trata de una enfermedad nueva cuya evolución lógicamente no se conoce y obliga a la prudencia, y también que el contagio desde personas sin síntomas favorece extremadamente su transmisión. Hay otro factor importante que hay que tener en cuenta y tiene que ver con el miedo y el pánico a lo desconocido en una sociedad desacostumbrada a los riesgos, con el exceso de confianza en la medicina, y con los intereses económicos que se lucran con la epidemia (que van de la búsqueda sensacionalista de las audiencias hasta las empresas fabricantes de los productos sanitarios relacionados con la misma).

Hay que ponerle atención a este virus que no es un chiste, es una amenaza al ser humano. No existe hasta este momento un tratamiento específico, aunque se han probado muchos y algunos se han publicitado desde los medios como si estuviera comprobada su eficacia: una enfermedad autolimitada y con tendencia a la curación favorece la falsa impresión de que cualquier medida es eficaz, aunque realmente no tenga efecto o simplemente actúe como placebo.

No faltan irresponsables que toman a broma la situación y no le dan la importancia que merece. Con la salud y la vida, no se juega.

Teníamos todo bajo control, estamos orgullosos de nuestro continuo progreso, los avances tecnológicos nos tienen boquiabiertos, el 5G se está implantando, la medicina no deja de progresar, el PIB crece… hasta teníamos nuestra agenda 2030, con todo previsto y organizado, con nuestras prioridades.

Y, de repente, un microscópico virus, desmonta todos nuestros planes, nos sentimos impotentes, no tenemos capacidad suficiente para combatirlo, miles de personas se contagian y miles mueren, las economías de todos los países avanzados se desploman, los planes de emergencia resultan inciertos e insuficientes. Los más débiles y los más pobres son los que sufren las peores consecuencias.

¿Saldremos de esta? Claro que saldremos, pero, esperemos que un poco más modestos, más humildes.

Seguro que va a mejorar nuestra capacidad para superar este tipo de crisis, pero, ¿no podemos aprovechar para mirar un poco más lejos? Es una excelente oportunidad para que humillemos nuestra soberbia, para que seamos conscientes de nuestra limitación, que reconozcamos nuestra debilidad, que nos quede claro que no somos todopoderosos, que somos muy vulnerables.

En países, como España e Italia, que hemos estado padeciendo gravemente la epidemia han surgiendo reacciones humanitarias ejemplares de solidaridad hacia los demás y, concretamente, hacia los profesionales de salud y seguridad que se tienen que exponer al virus. En estas situaciones se despiertan los mejores sentimientos en las personas.

 

 

Cada persona necesita saber las razones de su lucha en la vida

 

Los derechos humanos, los servicios sociales, las estructuras y costumbres que permiten a todos los ciudadanos un mínimo de posibilidades de dignidad personal y de solución a sus necesidades materiales, son realidades del estado de bienestar que hacen innegable su calificación positiva y el deseo de alcanzarlo y conservarlo. Es el famoso «desarrollo sostenible». Por eso, y aunque solo sea de una manera circunstancial y transitoria, a todos nos inquieta que pueda perderse —aunque solo sea momentáneamente— por razones de terrorismo, desastres naturales u otras causas de difícil o imposible prevención.

Pero todo esto, con ser tanto, no le es suficiente al hombre. Usando versos de Bécquer, se puede decir: «¡Qué hermoso es cuando hay sueño/ dormir bien... y roncar como un sochantre.../y comer... y engordar... y qué desgracia/ que esto solo no baste!». O, si se prefiere, con palabras más filosóficas, de Kant: «Dadle a un hombre todo lo que desea e inmediatamente pensará que ese todo ya no es todo...».

En Suecia hay mucha gente que de una manera explícita se hace eco de la insuficiencia de la sociedad del bienestar. Y así, se puede leer la obra narrativa de Lars Gustafsson, por poner un ejemplo concreto, en relatos actuales como «La tarde de un solador»; o las novelas de Henning Mankell, que protagoniza el comisario Willander; o tantos otros literatos, pensadores, teólogos... Que un país vaya bien no es todo, pues cada persona de cualquier lugar del mundo necesita saber hacia dónde, y el por qué y el para qué de su lucha en la vida.

 

 

Banco de España, Comisión Europea y FMI

 

El Banco de España vaticina que el confinamiento provocará una contracción “muy severa” del PIB de entre el 9,5% y el 12,4% este año.

La Comisión Europea calcula que la economía española se desplomará un 9,4% y el déficit público alcanzará el 10,1% este año a causa de las «estrictas» medidas de confinamiento adoptadas, mientras que la tasa de paro ascenderá hasta el 18,9% y la deuda se situará en el 115,6% del PIB.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), como resultado del impacto del coronavirus Covid-19, espera que España cierre 2020 con un paro del 20,8% y una caída del producto interior bruto (PIB) del 8%.

España avanza hacia la mayor recesión de su historia en tiempos de paz.

Cerca de 900.000 personas perdieron su empleo en la segunda mitad de marzo, tras el inicio de la cuarentena, y otras 900.000 se han visto afectadas por un ERTE. Así pues, el volumen de parados podría dispararse, en poco tiempo, por encima de los 5 millones.

El plan del Gobierno, de no corregirse, puede sumir a España en una larga y dolorosa depresión económica.

 

 

Espíritu de sacrificio

 

El valor del sacrificio es aquel esfuerzo extraordinario para alcanzar un beneficio mayor, venciendo los propios gustos, intereses y comodidad.

Debemos tener en mente que el sacrificio —aunque suene drástico el término—, es un valor muy importante para superarnos en nuestra vida por la fuerza que imprime en nuestro carácter. Compromiso, perseverancia, optimismo, superación y servicio, son algunos de los valores que se perfeccionan a un mismo tiempo, por eso, el sacrificio no es un valor que sugiere sufrimiento y castigo, sino una fuente de crecimiento personal.

¿Por qué es tan difícil tener espíritu de sacrificio? Porque estamos acostumbrados a dosificar nuestro esfuerzo, y a pensar que «todo» lo que hacemos es más que suficiente. Dicho de otra forma: debemos luchar contra el egoísmo, la pereza y la comodidad.

Todos somos capaces de realizar un esfuerzo superior dependiendo de nuestros intereses: las dietas rigurosas para tener una mejor figura; trabajar horas extra e incluso fines de semana para consolidar nuestra posición profesional; quitar horas al descanso para estudiar; ahorrar en vez de salir de vacaciones… El problema central, es que no debemos movernos solo por intereses pasajeros, debemos ser constantes en nuestra actitud.

El valor del sacrificio contempla dar ese «extra» también en casa, en ese horario y con esas personas que desean gozar de la compañía generalmente ausente de cualquiera de los miembros.

En muchas ocasiones caemos en actitudes que restan mérito a todo lo bueno que hacemos: expresar constantemente nuestro cansancio o echar en cara lo mucho que hacemos y lo poco que los demás nos comprenden. Esta forma de ser demuestra poco carácter y fortaleza interior, cuando no, un medio para evadir algunas responsabilidades.

Son muchas las cosas que nos desagradan y no podemos esperar que todo sea a nuestro gusto. El verdadero valor del sacrificio consiste en sobrellevarlas, intentando poner buena cara, sin quejas ni remilgos.

Con todos los ejemplos mencionados, podemos darnos cuenta que la mayoría de nuestros sacrificios están orientados a servir a los demás; tal vez, ni siquiera nos habíamos percatado de la importancia que tienen esos pequeños detalles para formar una personalidad firme y recia.

El espíritu de sacrificio no se logra con las buenas intenciones, se desarrolla haciendo pequeños esfuerzos.

Todo aquello que vale la pena requiere de sacrificio, pues querer encontrar caminos fáciles para todo, solo existe en la mente de personas con pocas aspiraciones. Quien vive el valor del sacrificio, va por un camino de constante superación, haciendo el bien en todo lugar donde se encuentre.

¡Claro que es un valor el sacrificio! Es aquel esfuerzo extraordinario para alcanzar un beneficio mayor, venciendo los propios gustos, intereses, sueños y comodidad. Y es muy importante vivirlo para superarnos en nuestra vida por la fuerza que imprime en nuestro carácter, además de que ayuda a fortalecer el compromiso, la perseverancia, el optimismo, la superación y el servicio entre otros valores.

El que vive el valor del sacrificio va por un camino de constante superación, haciendo el bien en todo lugar donde se encuentre porque ha aprendido a vencerse a sí mismo.

Las personas más admiradas en la sociedad de hoy son los que saben esforzarse. ¡Cuánto sacrificio se necesita para ganar la medalla de oro en las Olimpiadas! ¡Cuánto sacrificio se invierte en llegar a ser médico, ingeniero o arquitecto de calidad! ¡Cuán admirables son las madres de familia que se sacrifican para que sus hijos tengan un hogar sano, culto y lleno de oportunidades! El sacrificio, en cualquier esfera de la vida, es un valor humano.

La persona con espíritu de sacrificio sabrá elegir lo que sea bueno y mejor no lo más cómodo y lo más fácil, lo que le genere menos esfuerzo.

 

 

Lealtad

 

Vocablo derivado de ley, al igual que legalidad, indica la cualidad interior de rectitud y franqueza, de fidelidad y constancia a la palabra dada, a las personas e instituciones y aun al propio honor personal.

Lealtad significa fidelidad, franqueza, nobleza, honradez, sinceridad y rectitud.

Solo se es leal si se es fiel. Solo es leal quien, además de ser fiel, es franco y sincero.

El leal es sincero, valiente, transparente, firme, agradecido, constante, confiable, seguro.

Debemos ser leales a nosotros mismos (ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás), a la Patria…, y a los demás (padres, esposo/a, hijos…) en primer lugar, y en segundo lugar a todo aquello que nos traiga el bien, la tranquilidad, la justicia y la felicidad.

La lealtad es muy diferente al servilismo en el que con frecuencia se cae cuando se quiere buscar o conseguir algo e, incluso, se llega a traicionar lo más sagrado de una persona: su conciencia, con tal de obtener el reconocimiento, el puesto a que se aspira o una posición de privilegio. El hombre leal es recto, digno e incorruptible.

 

 

No sirve de excusa

 

La crítica condena con frecuencia la superficialidad y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin estar obligados a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberían tampoco caer en la vulgaridad o la degradación. No sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación social reflejan las costumbres populares, dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas.

 

 

La educación, un arte

 

La educación es un arte y, cada día, ese arte se ejercita y se perfecciona a través de mil situaciones que, con el paso de los años, habrán sido los cimientos en la vida de los hijos y se convertirán en los mejores recuerdos para atesorar.

 

 

El tirano y el lenguaje

 

¿Qué medios tiene en su mano el tirano para someter al pueblo mientras lo convence de que es más libre que nunca?

Ese medio es el lenguaje. El lenguaje es el mayor don que posee el hombre, pero el más arriesgado. Es ambivalente: el lenguaje puede ser tierno o cruel, amable o displicente, difusor de la verdad o propalador de la mentira. El lenguaje ofrece posibilidades para descubrir en común la verdad, y facilita recursos para tergiversar las cosas y sembrar la confusión. Con solo conocer tales recursos y manejarlos hábilmente, una persona poco preparada pero astuta puede dominar fácilmente a personas y pueblos enteros si estos no están sobre aviso.

Tenía razón Ortega y Gasset al advertir: «¡Cuidado con los términos, que son los déspotas más duros que la Humanidad padece!». Un estudio, por somero que sea, del lenguaje nos revela que «las palabras son a menudo en la historia más poderosas que las cosas y los hechos» (M. Heidegger).

 

 

¿Infinitas verdades?

 

La verdad es terca, no se pliega.

Una de las grandes causas que está siempre detrás de la actitud del cobarde: «La verdad compromete personalmente, la verdad tiene consecuencias prácticas, y eso da miedo, porque no se sabe bien a dónde me puede llevar, qué sacrificios me puede exigir, qué renuncias me puede imponer».

Cada uno tiene su verdad —se dice—, cada uno alcanza las cosas con una visión propia y personal basada en sus gustos, su educación o sus intereses. No solamente se hace difícil, para quienes así piensan, lograr comprender adecuadamente lo que piensan los demás, sino que es imposible lograr un acuerdo, puesto que no habría propiamente hablando una verdad objetiva válida y obligatoria para todos.

Según lo anterior, lo que determina la verdad de alguna afirmación es cada individuo, por tanto, habrá (o podría haber) tantas verdades cuantos hombres. Algo puede ser verdadero para Juan y no para José, y ambos tienen razón: «su razón».

De aquí se sigue que no hay una verdad sino infinitas, es decir: tantas cuantas personas distintas.

Y no solamente cada uno tiene su verdad, sino que cada uno tiene derecho a formarse su verdad, aunque se trate de temas que desconoce en su casi totalidad

Desde este punto de vista, el principio de aislamiento más grande entre los seres humanos: el ostracismo de las inteligencias que quedan desterradas a los límites de su dueño. Con la aceptación de esta filosofía no puede haber maestros, hay tan solo orientadores de opinión, o mejor todavía, cada uno ofrece su opinión por si a alguien le gustaría hacerla suya.

Lo que determina la verdad de alguna afirmación es cada individuo, por tanto, habrá (o podría haber) tantas verdades cuantos hombres: dependerá la verdad de la cultura histórica; o del juicio en los grupos sociales; o de la raza; o de los compromisos políticos, ya sea de los votos de la mayoría o de los pactos entre los partidos políticos o de otros modos de lograr el común acuerdo (consenso).

Con esta concepción de la libertad, la convivencia social se deteriora profundamente. Si la promoción del propio yo se entiende en términos de autonomía absoluta, se llega inevitablemente a la negación del otro, considerado como enemigo de quien defenderse. De este modo la sociedad se convierte en un conjunto de individuos colocados unos junto a otros, pero sin vínculos recíprocos: cada cual quiere afirmarse independientemente de los demás, incluso haciendo prevalecer sus intereses.

¿Es verdad que no hay verdad?

La verdad es la adecuación de nuestra mente con las cosas, por tanto, o hay verdad objetiva (adecuada con la realidad) y por tanto válida para todos los seres inteligentes, o simplemente no hay verdad sino opiniones, que son apreciaciones diversas sobre las cosas.

Decir que nadie posee la verdad absoluta puede tener algo de verdad, pues el ver las mismas cosas de diverso ángulo u óptica nos da diferentes percepciones de un hecho o cosa. Como dijo Calderón de la Barca: «Todo es según el color del cristal con que se mira».

En matemáticas la verdad se halla mediante razonamientos lógicos, con los que la verdad de una formula o definición, se halla mediante otra y esta con otra y así hasta el final que no encontramos palabras ni razones y creemos «porque si».

En buena parte de los casos la verdad la aceptamos porque nos lo dice una autoridad en la materia como en la TV cuando el hombre del tiempo nos dice que: «Mañana va a llover». Otras porque lo vemos: Esta pared es blanca. A veces nos engañan los sentidos como cuando vemos torcido un bastón recto al meterlo en el agua.

Si cada cual tuviera una percepción diversa y determinara arbitrariamente el ser y «medida» de la realidad, ¿acaso seríamos capaces de comunicarnos los hombres?

A la tesis de Protágoras «el hombre es la medida de todas las cosas...», responde Platón a manera de crítica: «Si el hombre es la medida de todas las cosas, en consecuencia, como a mí me parezca que son las cosas, tales serán para mí, y como a ti te parece que son las cosas, tales son para ti»; de tal modo que, si a Juan le parece que todos los hombres necesitan respirar para vivir, y a Pedro le parece que no es necesario que el hombre respire para que pueda vivir, en efecto, cada uno tendrá una percepción y una «medida» diversa de la realidad, pero también unas consecuencias diferentes.

Al pretender que el hombre sea medida de la misma, no hay entonces criterio alguno de verdad, la medida será arbitraria y, al depender del hombre, de cada sujeto, habrá una pluralidad de verdades tan infinita como la pluralidad de hombres existentes

La verdad radica en la inteligencia del hombre, pero solo podemos decir que alguien posee un conocimiento verdadero, por ejemplo, sobre el agua, cuando el juicio de la inteligencia acepta que el agua es un compuesto de H2O. Si la inteligencia de Luis nos dice que el agua es un compuesto de H3O, entonces decimos que la proposición que Luis afirma es falsa y no verdadera, porque no se adecua a la «realidad» del agua.

Si la verdad es la adecuación de la inteligencia con la realidad, «resulta entonces que la cosa misma es la medida de nuestro entendimiento (res enim est mensura intellectus nostri)».

Sí hay un parámetro o criterio objetivo de verdad, y que este hace referencia a la naturaleza misma de las cosas, a lo que las cosas son, y no a lo que arbitrariamente pretende el hombre individual —cada hombre— que sean.

Si un individuo ha determinado en su juicio «personal» (en su propia medida de la realidad) que el incendio de bosques es una actividad divertida, y lo pone en práctica, está destruyendo un bien objetivo que pertenece a todos los hombres, y que no podemos permitirlo, aunque a la persona en cuestión le parezca divertido y recreativo en «su medida y en su personal juicio».

¿Dónde se fundamentan y encuentran su cimiento los derechos humanos, esos derechos universales y válidos para todos los hombres...?

Si la verdad hace libre al hombre, la mentira lo esclaviza. Todos, tristemente, tenemos la experiencia de cómo una sola mentira, aparentemente inocente, desencadena una serie de mentiras para sostener la primera. Hay vidas que se han construido sobre los cimientos falsos de una mentira. Los protagonistas de esas vidas viven siempre con el terror de ser descubiertos y de que su edificio se derrumbe.

Un mentiroso deja de tener credibilidad y prestigio moral. El que es veraz se gana la confianza de los demás y su testimonio es válido.

El mentiroso se daña a sí mismo, daña a los demás, daña a la sociedad…

Cuida tu lengua (y tu pluma), amigo. Es la parte más valiosa que tienes, pero también la más peligrosa. Con ella puedes alabar, consolar al triste, aconsejar a un amigo… pero también puedes herirte, herir el honor y la fama del prójimo.

Decía san Bernardo que la lengua es una lanza, la más aguda; con un solo golpe atraviesa a tres personas: a la que habla, a la que escucha y a la tercera de quien se habla. ¡Cuánto destrozo se puede causar con la lengua (y con la pluma), si se usa para el mal!

El corazón humano es una cámara de tesoros, que tiene por puerta el habla; hay quien saca bondad, amor, verdad, sabiduría; el otro saca insensatez, maldad, veneno, mentira.

La veracidad es una forma de justicia, pues los demás se merecen la verdad y no el engaño.

Hablar de la verdad hoy, resulta no sé si difícil, pero al menos atrevido y, en cierto sentido, sarcástico.

En fin, que la verdad no tiene hoy carta de ciudadanía en todas partes del planeta, no la han dejado entrar y salir libremente, la tienen maniatada, vendada, amordazada. ¿Por qué? No se quiere encontrar hoy con la verdad, pues «la verdad, incomoda».

El hombre es una unidad perfecta. Todo lo que es mentira, falsedad, fingimiento, inautenticidad, rompe esta unidad. La ruptura se da entre el ser y el actuar, entre el pensar y el decir, entre el decidir y el cumplir. Y las consecuencias son: infelicidad, insatisfacción, ruptura de la armonía de la personalidad.

El término verdad se le suele colocar al lado de otros términos sinónimos: autenticidad, coherencia, honestidad, sinceridad, integridad, transparencia, hombre o mujer de una sola pieza.

Y contrapuesto a verdad, tenemos: mentira, hipocresía, fariseísmo, doblez, engaño, duplicidad de vida, fachada, ocultamiento, ambivalencia, inescrúpulo.

Verdad del ser (ser aquello que uno es, que uno debe ser. Hay verdad del ser cuando uno se comporta como persona inteligente, libre y responsable. Lo contrario a la verdad del ser es la inautenticidad); verdad del pensar (cuando la mente coincide con la verdad de las cosas, se vive en la verdad del pensar. La mente tiene que respetar la verdad de las cosas); verdad del hablar (decir lo que la mente sabe que es verdad, y que lo ha descubierto así, después del estudio y la formación. Las palabras deben ser vehículo leal de lo que se piensa); verdad del obrar (es la verdad del comportamiento y de la vida. Vivir como se cree, coherencia de vida entre lo que se cree, lo que se predica y lo que se vive).

El escepticismo radical moderno afirma que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla. Si el escepticismo fuese verdadero, se negaría a sí mismo.

El subjetivismo dice que la verdad no es objetiva, sino subjetiva, y que cada persona puede determinar por sí misma lo que es verdadero o no. Suele ser el defecto de los hombres prácticos, como Pilatos, que consideran como una especulación inútil la búsqueda de la verdad objetiva.

He llegado a comprender y a percibir con claridad que renunciar a la verdad no solo no soluciona nada, sino que además se corre el peligro de acabar en una dictadura de la voluntad. Porque lo que queda después de suprimir la verdad solo es simple decisión mía y, por tanto, arbitrario. Si el hombre no reconoce la verdad, se degrada; si las cosas solo son resultado de una decisión, particular o colectiva, el hombre se envilece.

Hombre veraz y auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no falla. Es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero. Hombre veraz y auténtico es aquel que armoniza las palabras con los hechos, es como debe ser, actúa como debe actuar, elige en virtud del ideal que orienta su vida y no a impulsos de sus intereses particulares; es fiable y creíble, tiene palabra de honor y consiguientemente inspira confianza.

 

 

Mediocridad

 

La mediocridad es una enfermedad sin dolores, sin apenas síntomas visibles. Los mediocres parecen, si no felices, al menos tranquilos. Suelen presumir de la sencilla filosofía con que se toman la vida, y les resulta difícil darse cuenta de que consumen tontamente su existencia.

Todos tenemos que hacer un esfuerzo para salir de la vulgaridad y no regresar a ella de nuevo. Tenemos que ir llenando la vida de algo que le dé sentido, apostar por una existencia útil para los demás y para nosotros mismos, y no por una vida arrastrada y vulgar.

 

 

Marionetas del grupo manipulador

 

Un pueblo manipulado, unos ciudadanos masificados, por mucho que participen en asambleas y votaciones no forman un pueblo libre, ni son ciudadanos que vivan en libertad. Son marionetas del grupo manipulador, que convierte el régimen político en una dictadura oligárquica, aunque tenga la máscara de una democracia.

 

 

Nacionalismo

 

El nacionalismo tuvo un papel de primerísima importancia en la historia del siglo XX. Es curioso ver cómo Karl Marx lo infravaloró del todo. Su mente, aguda y penetrante, fue mucho menos realista que la inteligencia confusa de Giuseppe Mazzini (adalid de la unificación de Italia), quien elaboró una especie de teología idealista del nacionalismo, pero en la que recogió sus enormes potencialidades. Probablemente, lo que Marx pretendiera era que el nacionalismo patriótico fuese sustituido por un nacionalismo de clase. La historia ha demostrado que se equivocaba.

El nacionalismo fue la religión del siglo XX, del mismo modo que lo fue durante gran parte del siglo XIX.

 

 

La educación en la vida humana. El proyecto personal del hombre

 

Del concepto mismo de educación se puede inferir con claridad la íntima relación que tiene la educación y la vida humana. Todo el mundo acepta sin dificultad que la educación es preparación para la vida. Es más, la educación es propiamente vida, porque es actividad y perfección.

La educación se refiere y se realiza primariamente en el orden personal. Debe entenderse que lo personal no se refiere exclusivamente a las características individuales y peculiares de cada ser humano, pues la persona humana es una realidad abierta que no se puede desarrollar sino a través de la comunicación. De aquí que la educación, siendo una realidad primariamente individual, se proyecta también en la vida social del hombre.

Vista en la perspectiva social, la educación como preparación para la vida plantea muy serios problemas. Basta tener en cuenta que una característica de la sociedad actual es el cambio rápido. Por tanto, más que proporcionar determinados conocimientos concretos, o normas y patrones de actitudes y reacciones para problemas y situaciones sociales dadas, interesa capacitar al hombre para conocer cualquier situación en que se puede encontrar y saber cómo debe reaccionar adecuadamente a ella. Más que la adquisición de un conocimiento enciclopédico, interesa el desarrollo de hábitos de trabajo intelectual y de criterios de valoración.

Si el hombre se ha de mover en una sociedad compleja y cambiante, el problema está en hacerle capaz de distinguir lo importante de lo trivial, lo permanente de lo transitorio, lo real de lo aparente. Solo así el hombre podrá ir seguro por un mundo propicio a la confusión y en el que reina la ambigüedad; solo así será capaz de encontrar “camino en el mar, entre las olas senda segura”.

 

 

Ley justa

 

La ley justa es un tesoro. Su aplicación en la sociedad genera paz y unas condiciones de seguridad que fomentan, de modo natural, su desarrollo y crecimiento.

Las leyes humanas pueden ser injustas. El legislador humano lo ha demostrado a lo largo de la Historia, incluso elegido democráticamente y votando la ley en referéndum. Los hombres «pueden atarse voluntariamente cadenas», pueden consagrar en plebiscito a un tirano…, que hacen que las leyes se corrompan y dejen de serlo.

 

 

El sistema moderno de convivencia

 

El sistema moderno de convivencia no es un sistema ético sino de consenso. No hay bien o mal sino acuerdo o desacuerdo. El valor absoluto es la paz y el diálogo solo es posible planteando «un idéntico peso probabilístico» a toda opinión. No hay certeza sino mera opinión.

Y ese sistema es, de hecho, antes de aplicarse, un sistema en crisis e incapaz de proporcionar aquello que propugna. No hay paz porque habrá siempre personas que sostengan su opinión con la fuerza, otros que no aceptarán esa imposición, y otros que se negarán a entrar en el juego «equipotencial» de cualquier afirmación.

 

 

Destierra la idea de que eres una persona fracasada

 

Conocerte como eres, valorarte por lo que tienes, y no amargarte por lo que no tienes. Destierra la idea de que eres una persona fracasada. Acepta que con tus cualidades puedes hacer muchas cosas. El éxito está en hacer las cosas que puedes hacer. No empeñarte en lo que está fuera de tus posibilidades. Fracasarás y te entristecerás. El éxito da euforia y entusiasmo. El fracaso, tristeza y desaliento. Y cuando una persona todo lo ve negro, está inclinada a criticarlo todo.

 

 

El papel de los jueces

 

El juez, en cuanto funcionario público, tendría que aplicar la ley. Pero en su esencia como juez, como defensor de los derechos de las personas, también tendría que ayudar a los débiles contra el abuso de los fuertes; es decir, tendría que condenar a las personas y al sistema que pisotean los derechos de otras personas consideradas, injustamente, como esclavos.

Un juez tiene la función de defender lo justo, lo bueno, lo que merece todo ser humano simplemente por ser humano. No puede, por lo mismo, doblegarse a decisiones de los grupos de poder (sean dictadores, sean parlamentos democráticos o gobiernos) que permiten como derecho lo que es un delito.

Los jueces tienen una función básica en la vida social. Su tarea es enorme, es difícil, es comprometedora. Con jueces honestos y amantes de la verdad, con jueces serios en su trabajo diario y en el reconocimiento de la dignidad de cada ser humano, es posible construir un mundo mejor. También cuando llega la hora de enfrentarse a presiones que pueden implicar el sacrificio de la propia vida, o cuando el Estado impone leyes injustas que ningún juez fiel a lo que su nombre indica puede avalar.

Será entonces cuando encontremos jueces que aceptarán sufrir ante amenazas, chantajes o agresiones de diverso tipo, o que perderán su cargo por no someterse a los poderes públicos que imponen leyes y disposiciones con las que se daña a los débiles.

Es hermoso encontrar jueces así, valientes, dispuestos a mantener en alto el ideal de justicia por el que un día comprometieron la propia existencia para trabajar por la defensa de los derechos de todos, sin discriminaciones arbitrarias, porque su vocación social les lleva a defender a las víctimas en los muchos delitos (también los delitos legales) que dañan la convivencia humana.

 

 

La política para Rousseau

 

Para Rousseau, la política es un mero arte, derivado íntegramente de la voluntad libre del hombre. El hombre, para él, ha nacido libre, con la libertad del salvaje en un bosque, y así ha de permanecer esencialmente. Como todos los hombres son libres, es inconcebible e injusta la menor subordinación. Pero, como la sociedad política es inevitable —para mejorar el nivel de vida—, Rousseau busca construirla en forma tal que nadie se vea quebrantado en su libertad e igualdad esenciales. Para ello, finge un pacto social, por el cual los hombres hasta entonces libres consienten en vivir en sociedad, concebida como un producto artificial, donde solo rige la voluntad general, o sea la multitud numéricamente computada.

 

 

La caída del muro de Berlín

 

La caída del muro de Berlín en 1989 no fue solo un evento emotivo, ni afectó exclusivamente a quienes se encontraban a un lado y otro de aquella ignominia. Constituyó un acontecimiento cultural de primer orden, cuyos efectos se dejan sentir hasta el día de hoy. Significó el final de la era de las revoluciones. Dos siglos tardamos en percatarnos de que, en la entraña de todas las revoluciones políticas europeas, anidaba un elemento totalitario que atentaba contra el respeto a las personas humanas.

 

 

La tesis más atractiva de Samuel Huntington

 

Su tesis más atractiva es la de que la democracia no será posible mientras los políticos no renuncien a comprar las voluntades de sus conciudadanos con quimeras. No podemos crear demócratas a golpe de subsidio, déficit y ayudas del FMI. Uno de sus corolarios es que las transiciones democráticas deben hacerse de forma lenta y sin engañar al pueblo. El Estado de Derecho no viene con una barra de pan debajo el brazo, aunque es la institución que mejor y de forma más justa facilita que cada uno se gane la vida.

 

 

La pregunta adecuada

 

Quizás la pregunta adecuada sea, no si se debe ser progresista, sino qué es progreso. ¿Progreso significa afirmar, defender, fomentar al ser humano? Cuenten conmigo. ¿Progreso es un camino hacia la deshumanización, la dictadura de lo pragmático, de la cadena de montaje, de la utilidad económica? Entonces que me olviden. ¿Puede el progreso volverse contra el hombre?, ¿puede el hombre aceptar un progreso que le ataque, que le subordine a planes generales o genéricos? ¿Y si a quien daña no es a usted, sino a aquellas personas que no pueden, no saben, no quieren defenderse?, ¿podríamos en este caso admitir ese progreso?, ¿deberíamos más bien enfrentarnos contra él?

 

 

Sí, soy progresista

 

Porque quiero a mi mujer cada día más, y le soy fiel, y somos uno. Porque tengo una hija maravillosa que no me deja vivir, pero que es mi vida. Porque procuro sonreír a pesar de mi creciente cansancio. Porque me importan un carajo el qué dirán y las habladurías. Porque la mentira me repele en toda la extensión de su extravío. Porque cada vez tengo más y mejores amigos, que me quieren por lo que soy y no por lo que tengo. Porque el dinero me importa lo imprescindible. Porque escribo lo que pienso, pero pensando lo que escribo. Porque he dejado de ver la televisión, cansado de dilapidar mi tiempo.

Porque considero que el dolor y el sacrificio son la simiente de toda verdadera alegría. Porque mi conciencia no está a la venta. Porque soy radicalmente optimista. Porque creo en la vida, pero de verdad. Porque no recibo ninguna subvención pública. Porque cuando contemplo la belleza de un atardecer se me ensancha el alma. Porque después de escribir todas estas verdades como puños, confieso estar todavía más enamorado de mi mujer que antes.

Porque aprendo mucho de los niños, doctores en sencillez y cariño. Porque los poetas apadrinan mi existencia y me ayudan a resucitar cada mañana un poco. Porque lo imposible se hace realidad si abro los ojos. Porque no sé vivir sin escribir y sin libros. Porque no me dejo llevar por las apariencias. Porque no me avergüenzo de ser español. Porque mis maestros me enseñaron que nada hay más ridículo que la soberbia. Porque nada me es indiferente. Porque acabo de encontrar en mi agenda un papel de mi hija donde me escribe lo siguiente: «Papá te quiero un montón. Cada vez que leas esto te recordaré y hará que te sientas mejor. Sobre todo, léelo en caso de apuro».

Sí, soy progresista. Porque me han enseñado a querer, que es el combustible de todo verdadero progreso. Es decir, de mi felicidad.

Etc., etc.

 

 

¿Democracia o demagogia?

 

Hilary Putnam (filósofo, matemático e informático teórico estadounidense) dejó escrito que sin valores no tenemos ni mundo ni hechos.

Una democracia sin valores, inmersa en la incertidumbre moral y en la contingencia política, tiende a convertirse en un totalitarismo visible o latente. Ya Tocqueville —más actual ahora que nunca— advertía de que el fundamento de la sociedad democrática estriba en el estado moral e intelectual de un pueblo.

Una democracia, en una sociedad que no respete los valores objetivos, será cauce, no de gobierno sino de desgobierno, no de desarrollo social sino de corrupción de la sociedad, no de la libertad sino del permisivismo, no del progreso sino del regreso a formas salvajes de vida. Más que democracia, será demagogia.

La condición de posibilidad de la democracia es el pluralismo, que viene a reconocer los diversos caminos que la libertad sigue en su búsqueda de la que podríamos llamar verdad política. La democracia es, ciertamente, una forma de gobierno en la que el pueblo designa a sus gobernantes; pero es también —y principalmente— un régimen de libertad. Sin libertades personales y, de modo fundamental, sin la libertad de ser persona —en el sentido propio de esta palabra— no hay democracia, aunque haya votaciones. Solo por votar no se es persona, ni las elecciones son la democracia; ambas cosas son instrumentos para la libertad y para la democracia, mas no son la democracia ni la libertad.

En definitiva, la democracia no puede florecer si se considera que es el régimen de la incertidumbre, la organización de la sociedad que permite vivir sin valores.