Colaboraciones

 

Sobre el diablo (I)

 

09 octubre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

La Iglesia enseña que al comienzo los diablos eran ángeles buenos, creados por Dios, pero que después por sí mismos, por su libre e irrevocable decisión, se transformaron en malvados, rebelándose, rechazando a Dios.

El Evangelio de san Juan llama al diablo Satanás, «el príncipe de este mundo». «El diablo es pecador desde el principio», y se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación.

Es también por causa de él que el pecado y sus consecuencias (enfermedad, sufrimiento, cataclismos y sobre todo la muerte) entraron en el mundo.

El diablo obra generalmente mediante la tentación y el engaño; es mentiroso, «padre de la mentira». Puede engañar, inducir al error, ilusionar. Como Jesús es la Verdad, así el diablo es el mentiroso por excelencia. El escritor francés Charles Baudelaire decía que la astucia más perfecta de Satanás consiste en convencernos de que no existe.

El diablo posee un inmenso poder de seducción:

. Sedujo a Adam y a Eva: de todas las obras realizadas por el diablo «La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios»;

· ha tratado de seducir también a Cristo directamente o sirviéndose de Pedro;

· trata de seducir a los discípulos de Cristo. La estrategia que sigue para obtener este resultado es la de convencer al ser humano de que una vida vivida en la desobediencia a la voluntad divina es mejor que aquella vivida en la obediencia. Engaña a los seres humanos persuadiéndolos de que no hay necesidad de Dios y de que son autosuficientes, sin necesidad de la Gracia y de la Salvación. Incluso engaña a los seres humanos disminuyendo, más aún, haciendo desaparecer el sentido del pecado.

«El poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios».

Su acción, además de ser limitada, «es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo. El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman».

 

 

Fuentes:

- Sagrada Biblia.

- Código de Derecho Canónico.