Colaboraciones

 

Sobre el infierno

 

23 octubre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Dios decide crear al hombre para compartir su amor. El hombre es el único ser al cual Dios ama por sí mismo. Es el culmen de la creación. Es el único creado a imagen y semejanza de Dios. Creado libre se expresa tan libremente que puede incluso amar o rechazar a Dios, puede conocer el Bien y el Mal. En ese rechazo de Dios y no solo conocimiento sino vivencia del mal, se encuentra una realidad que no por negarla es menos real: el infierno.

El infierno es, de acuerdo con la tradición cristiana e islámica, más que un lugar de tormento para los condenados, como llegó a pensarse en siglos pasados, el estado definitivo después de la muerte al que llegan aquellas personas que a lo largo de su vida decidieron con voluntad libre excluirse de la comunión con Dios, con sus semejantes y con la naturaleza. El Catecismo de la Iglesia Católica en su párrafo 1033 nos dice claramente esto de la siguiente forma: «Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios» «Dios nos ha creado sin nosotros, pero no ha querido salvarnos sin nosotros». Y agrega: «Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra el prójimo o contra nosotros mismos. Quien no ama permanece en la muerte». Añade, por último: «Este estado de exclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno».

Hay que decir que sobre el demonio hay una conspiración, una conspiración de silencio, un verdadero y auténtico complot. Nadie habla de él y cuando el Papa san Pablo VI se atrevió a hablar de él al mundo en la década de los 70´s se le tachó de estrecho al «exhumar creencias medievales».