Colaboraciones

 

El infierno en el Magisterio de La Iglesia

 

24 octubre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

El Magisterio de la Iglesia probó claramente algunas cosas respecto al infierno, entre ellas:

 

a. La existencia misma del infierno en el 4º Concilio de Letrán. Se considera la existencia del infierno como una verdad de fe.

b. La eternidad del infierno. Se considera la eternidad de la pena del infierno como una verdad de fe, también. «Como no sabemos ni el día ni la hora es necesario según el consejo del Señor estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir como siervos malos y perezosos al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y rechinar de dientes».

c. La existencia de la pena de sentido que es eterna.

d. En el infierno hay dos penas: la pena de daño, que significa estar apartado de Dios y la pena de sentido que es aquello que nos hace sufrir, que nos hace sentir torturados y cuyo instrumento es el fuego. No hay infierno sin fuego ni tortura. La pena de sentido es eterna al igual que la pena de daño. Hay que distinguir las dos penas. Las dos son reales y ambas son verdades de fe. Algunos quieren reducir el Infierno a la pena de daño, es decir, no consideran la pena de sentido. Todo se reduciría a la pregunta de cómo es el fuego del infierno, ¿es espiritual?, ¿es corporal? Santo Tomás de Aquino decía que el fuego es corporal pues quema los cuerpos. No igual al fuego de la tierra pues es capaz de torturar a las almas. Equipara el fuego del infierno con la sal ya que al igual que la sal, el fuego del infierno quema la carne, pero no la consume. La quema y la mantiene en esa situación de ser quemada por toda la eternidad. Con esto podemos decir que considerar solo la pena de daño es una visión reducida del infierno ya que el fuego al no consumir, prolonga la pena y el tormento de sentido por toda la eternidad. Santa Teresa es un excepcional testigo del infierno. En su testimonio se manifiesta la exactitud con que distingue la pena de daño de la de sentido.

 

¿Dónde está el infierno? El Papa san Juan Pablo II claramente definió que existe un estado, pero no un lugar. Ahora bien, si es nuestro cuerpo el que se consume con las flamas del infierno debe ser, también, un lugar.