Colaboraciones

 

El problema del mal

 

25 octubre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Los ateos no creen en Dios. ¿Pero a qué «dios» se refieren?

En este libro, Carlos Alberto Marmelada expone una tesis audaz: el «dios» de los ateos no es el mismo Dios del que hablan los cristianos. Es un «dios» imaginado por la idea de filósofos concretos, pero que han hecho fortuna en nuestra cultura.

El libro repasa el tema de Dios en los distintos filósofos clásicos y modernos que suelen figurar en los planes de estudio de bachillerato.

La obra se estructura en cinco partes: «El problema de Dios», «El ateísmo indiferentista en la sociedad actual», «Los orígenes del ateísmo», «La existencia de Dios y el problema del mal» y «El diálogo con el ateísmo actual».

El libro de Marmelada se centra, en su cuarta parte, en el único gran tema filosófico que aún está vivo sobre Dios en el debate actual y el que más esgrime el ateo moderno militante: el problema del mal. ¿Si existe un Dios bueno, como dicen los cristianos, cómo es que hay mal en el mundo? O no es tan bueno como para querer quitarlo, o no es tan poderoso como para poder quitarlo: sería poco bueno o poco poderoso, y por eso no merecería ser llamado Dios.

Marmelada parece que intenta dar una respuesta filosófica ágil a este tema dolorosísimo.

Primero establece, siguiendo a santo Tomás, que Dios permite y tolera —aunque no busca ni suscita— los males físicos, como el dolor, las catástrofes, etc. «en aras del bien que de ellos se pueda derivar».

Luego apunta como «indudable» que Dios permite que se puedan dar también males morales (la posibilidad de que los hombres hagan cosas malvadas) también por un bien: el de la libertad humana.

Luego señala que Dios no tiene ninguna obligación de crear ningún mundo, y mucho menos un mundo que sea «el mejor de los mundos posibles», concepto que filosóficamente es complejo porque un ser omnipotente siempre podría hacer un mundo aún mejor.

¿Puede Dios todopoderoso hacer un mundo tan bueno que Dios mismo no pueda hacerlo mejor? Esta pregunta es equivalente a la de si puede Dios hacer un triángulo cuadrado. «No es que no pueda Dios, es que es irrealizable en sí mismo», dice Marmelada.

Añade que un mundo «perfecto» no sería un mundo, sino que sería otro Dios.

En el mismo momento que el mundo no es Dios, sino una creación, algo con finitud, límites, limitaciones, es evidente que en el mundo hay espacio para el mal.

 

 

Carlos A. Marmelada, El dios de los ateos, Barcelona, Editorial Stella Maris, 2014.