Colaboraciones

 

España es otra

 

25 noviembre, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

 

En aquellas sociedades donde sus miembros no han recibido una auténtica formación religiosa, se ve cómo las mentalidades se distorsionan, las voluntades se corrompen y —consecuencia lógica— el hombre acaba transformado en una «fiera».

La escuela es el lugar más conveniente para educar religiosamente al pueblo puesto que es dentro de las aulas donde se imparten conocimientos a grupos reducidos y homogéneos que cuentan con un maestro que procura hacerse comprender, que les hace estudiar y que vigila para que practiquen una serie de virtudes.

Esto es lo medular: Fortalecer la voluntad de educando haciéndole rechazar el mal y elegir siempre el mayor de los bienes.

En cambio, quienes no reciben formación religiosa y solamente son instruidos en materias técnicas, se les atrofia el entendimiento, adquiriendo una cultura tan desequilibrada como las tenazas de un cangrejo.

Por desgracia, gracias a Felipe González y a otros socialistas que le sucedieron, esto es lo que ha pasado en España.

«Cambiaremos a España de tal modo que no habrá de reconocerla ni la madre que la parió», dijo el vicepresidente Alfonso Guerra apenas ganadas las elecciones del 28 de octubre de 1982.

Y vaya que lo han cumplido. Treinta y ocho años después, España es otra: peor, imposible.