Colaboraciones

 

Democracia (I)

 

07 enero, 2021 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Los demócratas más radicales saben que no todo puede ponerse a votación. Basta con estudiar la historia de las diferentes democracias y ver cuántas veces se ha permitido organizar un referéndum para abolir todos los impuestos...

Pero también saben que, con presiones políticas, desde parlamentos que no reflejan las opiniones reales de la gente, pueden organizarse votaciones en las que se decide sobre la vida o la muerte de un Estado o de los hijos antes de nacer.

Ninguna democracia puede poner en discusión un derecho fundamental de todo ser humano: el de la vida, antes o después del nacimiento.

Muchas democracias incurren en situaciones como las anteriores, porque les falta la base cultural y jurídica que les permita fundarse no simplemente en las encuestas o en los votos, sino en principios fundamentales que no pueden ser discutidos, como los que tutelan los derechos básicos de todos los seres humanos, y los que permiten defender convivencias seculares.

Por eso hace falta pensar otro modo de organizar la democracia (o cualquier sistema político), desde un fundamento válido: nadie puede violar los principios de justicia ni los derechos fundamentales de las personas; y todos los seres humanos, sin discriminaciones arbitrarias, merecen ser defendidos en su integridad física, en sus necesidades básicas, y en su capacidad de escoger caminos buenos para realizar sus legítimas aspiraciones.

León XIII ofreció soluciones a los cambios sociales en curso y a los problemas de su tiempo, en particular, al sentido creciente de la democracia entre los ciudadanos. Se daba una tendencia a la afirmación de los derechos y la libertad individuales, acompañada, sin embargo, por un descuido de los principios morales. El papa apoyó la democracia intentando definir el carácter moral del poder público. Además, el poder público tendría que encontrar su fundamento en Dios y la libertad del individuo. Por ello aconsejó y exhortó a los gobernantes «a que gobernaran con benevolencia y una suerte de amor paterno» (Libertas Humana, Desclée, II, 110). Por su naturaleza, la actitud de los gobernantes debería ser paternal. De esa manera, «su gobierno debe ser justo e imitar el gobierno divino en el hecho de ser moderado por una bondad paternal» (carta Caritatis providentiaeque, ASS, 26, 1873-74, 525). Gobernar con amor paternal implica gobernar con equidad, es decir, «que gobiernen al pueblo con equidad y fidelidad, y muestren, además de la severidad necesaria, un amor paternal» (Diuturnum, Desclée, I, 227).

León XIII indicó la promoción de la libertad del individuo y los grupos de individuos, en particular en lo referente a la familia, como uno de los signos concretos de la democracia. El control exterior de los gobiernos civiles sobre los individuos y la familia contradice las virtudes del gobierno democrático. Según sus palabras, «la pretensión, pues, de que el gobierno pueda penetrar, según su albedrío, en la familia y el hogar y ejercer un control sobre su intimidad es un error grave y pernicioso» (Rn 14). La familia tiene la libertad de escoger y aconsejarse con sus amigos.

De la misma manera, León XIII subrayó que el derecho a la propiedad es un derecho natural inalienable del individuo y la familia. El gobierno auténtico promueve la protección de esos derechos. Además, cada persona tiene el derecho de crecer en un contexto familiar y no principalmente bajo el poder del estado. Contra las propuestas del socialismo, León XIII afirma que la autoridad paternal no puede ser abolida ni absorbida por el Estado. Los cuidados de los padres tienen el mismo origen que la misma vida humana (cfr. Rn 14). Apartar al niño de su familia es un acto de injusticia para con la persona humana. Contra el socialismo, subrayaba que: «los socialistas, alejando a los padres y estableciendo un control por parte del Estado, actúan contra la justicia natural y destruyen la estructura del hogar» (Rn 14). La democracia destaca el derecho a una familia y a que la libertad del individuo se modele en el contexto de la familia. Los padres tienen también el derecho de modelar el futuro y el destino de sus hijos según sus sueños.