Madres

Permalink 05.01.08 @ 16:42:07. Archivado en Mujer

1. Madres

Para algunas mujeres se ha implantado la ideología[1] de la maternidad intensiva. En esta ideología destacan tres principios fundamentales. Primero, la mujer debe invertir una enorme cantidad de tiempo, dinero y desgaste emocional en la crianza de los hijos, como si fueran su bien más preciado, por encima, incluso, de su propio marido. Segundo, se desprecia la aportación paterna en la educación de los hijos. A los hombres se les considera «enanos emocionales» con mentes unilaterales que sólo entienden lo relativo a ganarse el pan. Y tercero, los niños son seres casi celestiales, en absoluto humanos normales y exentos de cualquier malicia puesto que por nacimiento son inocentes, puros y, en definitiva, niños, es decir, y parece que, no humanos.

La misma sociedad que difunde la anterior ideología que insta a las madres a dar su vida con abnegación a los inocentes niños, al mismo tiempo, les impulsa a ser mujeres individualistas y ambiciosamente competitivas en su trabajo demostrando a todos, especialmente a los hombres, que la mujer es capaz de ser el trabajador más competente.

Frente a esta ideología feminista que exalta la figura de la mujer aislada de su naturaleza humana el humanismo cristiano recuerda, una y otra vez, que el matrimonio y la familia y, por ende, la persona humana hombre y mujer no son una construcción ideológica, fruto de una casualidad o de una situación histórica concreta. No son una idea y por eso no son una ideología. Son una realidad.

En el mundo que nos rodea hay muchas cosas opinables. Pero también es cierto que hay afirmaciones que son verdaderas y otras afirmaciones que son falsas. Y la realidad siempre es la realidad, nunca una opinión.

El que la mujer sea madre por naturaleza se ha entendido como una opinión opresora[2] propia de una concepción social basada en el patriarcado y el ejercicio del poder por el uso de la fuerza del hombre. La mujer habría nacido para ser madre porque el instinto de conservación de la especie le obligaba a seguir el ciclo de reproducción. Era una «animal» condenado a producir niños y a criarlos. Y esta condena biológica le privaba de su libertad natural. Así pues, la liberación de la mujer consistiría en liberarla de la maternidad y que fuera la propia mujer quien decidiera el destino de su propio cuerpo sin verse condicionada por la naturaleza.

La mujer liberada elige cuándo quiere ser madre. La nueva mujer ya no tiene una maternidad impuesta por la naturaleza, sino una maternidad elegida por ella misma. Sin embargo, esta liberación de la mujer padece del error inicial de considerar la naturaleza como una limitación del hombre y de la mujer. Se entiende que la mujer está limitada por ser naturalmente mujer. Se concibe la naturaleza de la persona como un conjunto de funciones sin ninguna finalidad última y de las que la voluntad individual puede disponer a su capricho.

Pero la naturaleza no es una casualidad, ni menos aún un juego caprichoso. La naturaleza femenina muestra una verdad sobre la mujer que no es ciertamente que está dominada por el hombre. En cambio, la naturaleza sí dice que la mujer en su ser más profundo e íntimo lleva el germen de la maternidad y puede ser madre como ningún hombre puede serlo.

En una encuesta de la agencia europea Eurostat de finales del año 2001 se revelaba que en Europa la edad media de las mujeres que tenían hijos se había elevado desde los 26 años a los 30 años y que, en general las europeas tenían un solo hijo —la fecundidad media es de 1,5 hijos por mujer y la tasa de sustitución de las generaciones es de 2,1—, pero el número de mujeres que elegían ser madres era igual o superior que en el año 1976.

A pesar de la teoría de la liberación femenina, la mujer sigue eligiendo libremente ser madre porque sabe o intuye que siendo madre experimenta una felicidad que no podrá conseguir con el éxito profesional.

El hombre y la mujer se definen en su libertad. Pero se es más libre cuando se elige ser más uno mismo, en este caso, cuado se elige crecer como mujer. Y crecer como mujer es profundizar en su propia naturaleza, en la verdad que dice la naturaleza femenina. Se es más mujer cuando se es más femenina.

2. Casadas

Ocurre además que algunas mujeres entienden que liberarse de la maternidad significa liberarse del matrimonio. Mujer liberada es la mujer no sometida al marido. Curiosa deducción. Equivale a pensar que el matrimonio esclaviza y que la libertad es la ausencia de compromiso.

Desde 1960 a 2000 la tasa de divorcio en Estados Unidos creció más del doble, pasando del 20% al 45% de todos los primeros matrimonios. Y desde 1960 a 2003 el porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio creció del 5% al 35%, es decir, uno de cada tres niños nace dentro de alguna de las llamadas «otras realidades familiares»[3]. Bajo la actual legislación americana y también la española los tribunales ofrecen menor protección al contrato matrimonial que a un contrato mercantil ordinario.

La consecuencia directa de esta liberación femenina es que cada año se ven afectados, por ejemplo, en los Países Bajos, 35.000 niños por el divorcio de sus padres y que el miembro de la antigua pareja con los hijos a su cargo, casi siempre la mujer, inicia con frecuencia relaciones con terceros y se crean situaciones no supervisadas y que escapan al control legal con grave riesgo para la integridad física y moral de los niños. De esos niños a los que algunas mujeres dedican su vida por completo...

En contra de esta liberación feminista se alza la experiencia de todas las civilizaciones que han privilegiado siempre un entorno estable para las relaciones sexuales, reconociendo en ellas una profunda dimensión moral y unas consecuencias que trascienden con mucho la intimidad de la alcoba de dos adultos.

La madre, en la especie humana, no simplemente pare y protege unas crías. La madre concibe y educa seres humanos que por ser libres están capacitados para amar a otras personas. La fuerza de la maternidad va más allá de los actos corporales que hacen a una mujer madre físicamente. Ser madre es distinto de engendrar niños. Es formar personas de tal manera que ser madre implica ser esposa, estar comprometida en unión matrimonial alimentando un entorno y un ambiente favorable a la maduración de la personalidad de los hijos.

Un matrimonio siempre ha sido más que un contrato para vivir juntos y el derecho y el legislador deben reconocer que son sólo uno de entre los muchos factores que contribuyen a crear y sostener una cultura del matrimonio.

La mujer es madre por naturaleza. Pero la maternidad hace referencia a la paternidad puesto que ninguna mujer puede ser madre —naturalmente— sin el concurso de un hombre. Ser madre supone conocer un hombre. Este conocimiento del hombre puede ser esporádico y transitorio o estable y duradero. En la misma medida se verá afectada la maternidad que deriva de esa convivencia pasajera o estable.

3. Comprometidas

La mentalidad liberadora de la mujer entiende que ser libre es no tener compromisos. Ser libre es, entonces, poder siempre y en todo momento elegir entre distintas opciones. Pensar que la mujer es libre cuando elige es tanto como pensar que no puede comprometerse porque no existe un motivo lo suficientemente bueno para comprometerse y dejar de elegir.

Sin embargo, todos dejamos de elegir cuando nos enamoramos. Entonces ya no queremos más. Ya hemos elegido y nos es suficiente. No nos consideramos esclavos de nuestro amor. Más bien, nos encontramos felices por la buena elección que hemos realizado.

Además, elegir, elegir, siempre se está eligiendo en la vida. Y el mero hecho de elegir no es el fin de la vida de cada uno, sino que hacer elecciones es, más bien, el medio por el que cada uno realiza su propia vida. Cada día elijo levantarme a la hora o quedarme en la cama, ir a trabajar o no ir, trabajar bien y a conciencia o perder el tiempo fingiendo que trabajo. Y en cada elección afirmo mi vida de acuerdo con el compromiso que he asumido o no y salgo derrotado en cada envite. Pero elegir, elegir, todos elegimos, los comprometidos y los no comprometidos.

El mismo hecho de ser madre es una elección. Y el no querer ser madre es otra elección. Mantener el compromiso adquirido es otra elección, la de cada día, la de cada momento, es la elección por ser fiel en toda situación. Ser fiel a tantas cosas, pero, para empezar, ser fiel a la propia naturaleza de cada uno que nos dice que ser mujer es poder ser madre.

4. Una manera de ser

Ser mujer de esta manera es una manera de ser. Y como tal implica una elección en la vida, la de ser de una manera y la de no ser de las otras maneras que se oponen a la manera de ser madre. Ser madre es una elección comprometida.

Y en qué consiste realmente ser madre. Pues ser madre supone concebir la vida de una mujer como una vida arriesgada, porque tener hijos y educarlos es formar personas libres que pueden ser de una manera o de otra, como ellos quieran. Entraña su riesgo y su peligro. Se puede tener mucho miedo a ser madre y se puede superar el miedo con la misma cantidad de cariño.

Ser madre significa que la vida no se acaba en los actos físicos o corporales, como si ser madre fuera dar a luz. No. Dar a luz es empezar a ser madre y, además, es sólo una de las varias posibles maneras de ser madre. Porque ser madre no es algo corporal, ni físico, ni por contacto. Ser madre es algo humano, con una mezcla misteriosa, pero real, de corazón y cabeza, de amor y de fortaleza. Se es madre toda la vida y se es madre para siempre, de una manera que ni las leyes ni los parlamentos pueden quebrar o hacer olvidar.

Ser madre significa pensar en otro, en el hijo y en todos los hijos que puedan llegar sin haber avisado antes. Quererlos a todos y acogerlos a todos sin perder calidad maternal. Ser madre es demostrar que el cariño no se desgasta como el jabón en las manos, sino que se mantiene y se aumenta con la maternidad sobrevenida y por no esperada más querida.

Ser madre es crear familia donde se forman los hijos que serán hombres y mujeres cuando sean adultos. Niños que no son seres angelicales ni seres demenciales: son niños que necesitan de la presencia constante de su madre y de su padre para aprender a ser personas, es decir, para trascender de sus instintos y vivir en libertad.

Toda sociedad necesita una masa crítica de mujeres y de familias que puedan educar a la infancia y servir de modelo a otros adultos que se encuentran en la misma situación o en situaciones difíciles.

Ser madre en último extremo significa ser fiel al compromiso aceptado, es sostener el matrimonio donde la maternidad tiene su explicación y del que crece la familia. Lo fácil es tirar la toalla a la primera de cambio, pero lo fácil no es sinónimo de lo mejor. Los matrimonios fieles y comprometidos no han atravesado menos dificultades que los matrimonios rotos. Sencillamente han sabido superar las dificultades de sus crisis.

Ser madre es llevar al hombre y traer al hombre a la vida. Ser madre es dar vida, pero no una vida cualquiera, sino la vida comprometida con la naturaleza de la mujer. Ser madre no es equivalente a ser una mujer con hijos[4], es algo más o algo distinto. Es ser esposa de su marido y fiel a su amor.

Felipe Pou Ampuero

[1] Mercedes Taler, Las contradicciones culturales de la maternidad, Aceprensa, servicio 164/98, 25 de noviembre de 1998.
[2] Nieves García, ¿Liberarse de la maternidad? No, gracias, Mujer Nueva, 2 de mayo de 2003.
[3] Propuestas para revitalizar el matrimonio, Aceprensa, servicio 109/06, 18 de octubre de 2006.
[4] Janne Haaland Matlary, Maternidad y feminismo, Lexicon, Consejo Pontificio para la Familia, Ed. Palabra, 2004, p. 716.