05.05.08

Testigos de Jehová

Este post es el primero de una serie sobre los Testigos de Jehová, bien conocidos en España e Iberoamérica por su actividad proselitista. Para los católicos responsables, la visita de los jehovistas es una oportunidad de rescatar el alma del testigo que toca a su puerta. Es posible que ese testigo sea un ex-católico seducido por la secta a una vida de esclavitud comercial. Si estamos preparados podemos usar la oportunidad para ejercer la mejor caridad cristiana, que es dar el Evangelio a quienes más lo necesitan. En México y América Central, más de 100.000 Testigos de Jehová han vuelto a la Iglesia Católica en los últimos diez años.

Aprovecho para alertar a los comentaristas que este blog será moderado. Responder a gente que cambia de tema o comenta cosas patentemente inservibles me está robando mucho tiempo. Como esto es un voluntariado, me voy a limitar a los comentarios inteligentes. El resto va a la ficha cilíndrica para ahorrar tiempo y esfuerzo.

 

¿Quién no ha sido alguna vez visitado por los testigos de Jehová? Aunque muchos no los conocen por ese nombre, seguramente recordarán a una persona bien vestida y sonriente que les ofreció comprar alguna de las publicaciones de la “Sociedad Watchtower de Biblias y Tratados, Inc.” Las más conocidas publicaciones de esa sociedad norteamericana son “La Atalaya” y “¡Despertad!” (conocidas en inglés como “The Watchtower” y “Awake!") que se distribuyen mensualmente por millones a través de una red mundial de congregaciones de testigos de Jehová. Aparte de las revistas ya mencionadas los testigos distribuyen libros que explican sus peculiares doctrinas, una Biblia traducida especialmente (la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras) y numerosos otros tratados y folletos. Todo este esfuerzo editorial está dirigido a captar nuevos prosélitos que a su vez puedan distribuir más productos de la Sociedad Watchtower. Los testigos de Jehová trabajan gratuitamente distribuyendo ese material—de hecho, cada Testigo o “publicador” paga de su propio bolsillo por la literatura que distribuye—y están obligados por la Sociedad Watchtower a trabajar un mínimo de horas mensuales distribuyendo impresos. Esto no es una tarea opcional, los testigos que no predican (llamados “irregulares” por sus compañeros) son separados de sus congregaciones y hasta pueden ser expulsados por su inactividad. En los próximos posts describiremos el origen histórico de esta secta, sus doctrinas, sus métodos de captación, su modo de vida, su estructura jerárquica y operación.
 

Orígenes de los testigos de Jehová
 

Los testigos de Jehová tienen su origen en el noreste de los Estados Unidos, a mediados del siglo XIX. Esa región vió nacer a muchas sectas y movimientos pseudoreligiosos en esa época. Entre ellos podemos notar el Mormonismo, iniciado por Joseph Smith en el Estado de New York; la Ciencia Cristiana, iniciada por Mary Baker Eddy en Nueva Inglaterra; el Adventismo y muchos otros movimientos de diversa importancia. Según la obra de James R. Lewis La Enciclopedia de Cultos, Sectas y Nuevas Religiones, los testigos de Jehová tienen su origen en el movimiento iniciado por John Miller, un predicador bautista del siglo XIX que predijo el fin del mundo para 1844, apoyando sus predicciones en cálculos de fechas extraídas de la Biblia. Este error promovido por Miller, hoy conocido como dispensacionalismo, consiste en dividir la historia sagrada en eras o dispensaciones, las cuales terminan en una última era, el tiempo de fin. El objeto de los cálculos de Miller y de otros dispensacionalistas como Charles Fitch, Samuel Snow y Charles Taze Russell (fundador de la Sociedad Watchtower, en la foto) era calcular la fecha en que termina la última dispensación para así poder predecir el fin de los tiempos y la llegada en gloria del Señor Jesucristo.
 

La mayoría de los grupos que siguieron la modalidad de John Miller en los años que siguieron a 1844, se disolvieron al fallar sus predicciones, otros volvieron a sus cálculos tratando de hallar una nueva fecha en la esperanza de no fallar otra vez. Entre los grupos que sobrevivieron hasta 1853 a 1855, están la Iglesia Adventista y el grupo de seguidores de Jonas Wendell que pronosticó el fin del mundo para 1874.
 

C. T. Russell

Cuando el Señor Jesucristo falló en aparecer en 1874, los seguidores de Wendell rápidamente cambiaron la fecha a 1914. Charles Taze Russel (1852-1916) fue por un tiempo seguidor de Wendell pero estaba en desacuerdo con él en cuanto a la forma en que Cristo se manifestaría al mundo en su segunda venida. Así fue que en 1876, Russell se unió a otro predicador, Nelson Barbour, para reiniciar la publicación de la revista Heraldo de la Mañana (Herald of the Morning). Juntos publicaron la obra Tres Mundos o Plan de Redención (Three Worlds or Plan of Redemption). Pronto otros adventistas se unieron a ellos y esta coalición duró hasta 1878 cuando la predicción de Barbour falló tan miserablemente como las anteriores predicciones de Miller, Fitch y Snow habían fallado antes. El grupo entonces reconsideró sus cálculos estableciendo una nueva fecha, esta vez en abril de 1878. Pero el fin del mundo tampoco vino en abril de 1878 y entonces los socios restantes, Russell, Paton y Jones, comenzaron a publicar una revista que llamaron La Torre del Vigía de Sión y Heraldo de la Presencia de Cristo (Zion´s Watchtower and Herald of Christ´s Presence) que con el tiempo se convertiría en La Atalaya (The Watchtower). Ese año, 1879, marca el comienzo del movimiento de Russell que entonces se conocían como Estudiantes de la Biblia en la Aurora del Milenio.
 

En ese entonces Russell enseñaba que Cristo había llegado en forma invisible en 1874, comenzando una obra de recoger sus verdaderos discípulos que duraría cuarenta años, culminando en 1914, año en el que—de acuerdo a las predicciones de Russell—Cristo regresaría en gloria para librar la última batalla: el Armagedón. En los años siguientes, Russell fue publicando gradualmente los siete tomos de su obra Estudios en la Escritura (Studies in the Scriptures). En el primer volumen de esta obra, titulado El Plan Divino de las Edades (The Divine Plan of the Ages) Russell expuso su doctrina fundamental, indicando que los judíos regresarían a Palestina entre 1874 y 1914, comenzando la derrota gradual de las naciones gentiles. Russell anuncia allí que el momento culminante llegaría en 1914, cuando los santos serían glorificados y Dios establecería su reino eterno en la tierra. Los cálculos de Russell usaban no solamente la Biblia sino también una serie de interpretaciones místicas de las medidas de la Gran Pirámide de Egipto, a la que él llama “el testigo de piedra de Dios".
 

La coincidencia de la Primera Guerra Mundial que comenzó en 1914, con las profecías de Russell, dió esperanzas a sus seguidores, que creyeron al principio de la guerra, que ésta desencadenaría eventualmente los sucesos predichos.
 

Tumba Masónica de Russell

Sin embargo para 1918 la Primera Guerra Mundial había terminado, sin que el anunciado fin del mundo llegara. Lo que sí llegó fue el fin del mundo para Charles Taze Russell, quien murió en Plano, Texas durante una de sus giras de predicación en 1916. Su último deseo fue ser enterrado vestido de toga, al uso masónico de la época. Sobre su tumba, en un cementerio de Pittsburg, Pennsylvania, aún se puede ver una reproducción a escala de la Gran Pirámide, inscrita con símbolos masónicos. Tanto Russell como Barbour fueron, en vida, miembros de la masonería americana.
 

Los sucesores de Russell

Russell dejó instrucciones muy precisas para que, después de su muerte, la Sociedad Watchtower fuera gobernada por un comité de miembros. Sin embargo uno de los abogados de la sociedad, Joseph Franklin Rutherford, batalló legalmente eliminando a sus competidores hasta que pudo erigirse en el segundo presidente de la Sociedad Watchtower contra los deseos que Russell había expresado en su testamento. Rutherford gobernó la Sociedad Watchtower desde 1917 hasta 1942. Durante ese período se predijo el fin del mundo en varias ocasiones sucesivas, para 1918, 1920 y 1925. En 1919 se comenzó a publicar la revista Despertad (Awake!) y se impuso sobre los fieles la obligación de ir de casa en casa. Las profecías fallidas y el comportamiento escandaloso de Rutherford, dieron origen a una multitud de movimientos cismáticos dentro de los testigos de Jehová, siendo los más notables la Asociación de Estudiantes de la Biblia y el Instituto Bíblico Pastoral. Para 1929 un setenta y cinco por ciento de los miembros se separaron de la Sociedad Watchtower.
 

En 1931 Rutherford anunció el cambio de nombre y los entonces conocidos como Estudiantes Internacionales de la Biblia adoptaron el nombre testigos de Jehová adaptando la frase de Isaías 43, 10-11, donde dice “Vosotros sois mis testigos dice Yahweh, mi siervo escogido.” La organización de ancianos y diáconos electivos fue disuelta por Rutherford y las congregaciones quedaron dirigidas por directores nombrados directamente por la Sociedad Watchtower.
 

Entre 1925 y 1932 las doctrinas de los testigos de Jehová sufrieron una profunda revisión, incorporando prohibiciones varias, entre ellas la prohibición de recibir transfusiones de sangre. La fecha de 1914 fue considerada como el momento en que Cristo comienza a reinar en forma invisible en el cielo comandando la selección de los últimos elegidos que termina en el Armagedón. En otras palabras, la presencia invisible de Cristo fue movida de 1874 a 1914 y los “cuarenta años de siega” pasaron a ser un período de duración indefinida.
 

El fin del mundo le vino a Joseph F. Rutherford en su mansión de San Diego, California en 1942. Para reemplazarlo la Sociedad Watchtower eligió a Nathan H. Knorr quien tomó las riendas de la parte gerencial, dejando la teología en manos de Frederick W. Franz, un hombre de escasa educación y con poca o ninguna formación teológica. Knorr volvió a establecer la jerarquía de ancianos y diáconos para dirigir las congregaciones, reservando el derecho de la Sociedad Watchtower de aprobar o rechazar los nombramientos.
 

Joseph P. Rutherford

Bajo la dirección de Franz se produjo aun otra predicción para 1975, año en que Franz habría calculado el fin de seis milenios desde la creación del hombre. Esta fecha se promocionó en conjunto con una serie de cálculos que interpretaban las palabras de Cristo en Mateo 24, 34 como una señal que la generación de 1914 estaría aún con vida al tiempo del fin del mundo.
 

El fin del mundo tampoco vino en 1975 pero sí les llegó a varios de los envejecidos miembros del Cuerpo Gobernante. En sucesión, Frederick Franz, Milton Henschell y Don Adams pasaron por la presidencia de la Sociedad que ahora es gobernada por un comité de doce miembros.
 

A pesar de haber fallado miserablemente en predecir la fecha del fin del mundo, los testigos de Jehová siguen prediciendo que el tiempo del fin ha llegado y que el fin del mundo es inminente.
 

Extraoficialmente hablan ahora del año 2034, una fecha a la que llegan por medio de agregar al año 1914, los 120 años determinados por Dios para la vida del hombre en Génesis 6, 3.
 

Continúa en el próximo post