06.05.08

Testigos de Jehová

Este post es el cuarto de una serie sobre los Testigos de Jehová.

 

¿Qué le pasa a quien estudia la Biblia con los jehovistas? Para comenzar se los convence de que deben adquirir “conocimiento” especial. San Pablo exhortaba a los cristianos de Roma con estas palabras: “Hermanos, el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios en favor de ellos es que se salven. Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Pues desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.” (Romanos 10, 1-3).
 

Los testigos usan con frecuencia este versículo de la Epístola a los Romanos para tratar de iniciar un estudio bíblico con las personas que hallan cuando predican de puerta en puerta. Citan este texto, creyendo confiadamente que son ellos los que tienen el “pleno conocimiento” del que habla el apóstol. Como la mayoría de las personas saben poco y nada de la Biblia, nada pueden argumentar. No pueden saber que este texto—presentado en forma aislada—pareciera poner énfasis en el “conocimiento” como algo necesario para llegar a ser cristiano; cuando en realidad el total de la enseñanza apostólica no afirma esto para nada.
 

La persona que los testigos abordan, por lo general, no sabe nada sobre la naturaleza contingente de este texto, que es un comentario hecho contra la actitud de los judíos estudiosos de los tiempos de San Pablo, más bien que la enunciación de una doctrina para todo tiempo y lugar.
 

La ignorancia bíblica de las personas que los jehovistas comúnmente encuentran en las puertas, refuerza su idea de que solamente ellos son los poseedores del pleno conocimiento. Conocimiento que juzgan un elemento primordial y necesario para ser cristiano.
 

Ocasionalmente logran impresionar a algún incauto con su destreza en el manejo de la Biblia. Esto no ocurre tan frecuentemente como algunos suponen. Se calcula que toma unas 8.000 horas de golpear puertas para captar un nuevo testigo de Jehová.
 

En los años sesenta, cuando mi familia comenzó a estudiar con los testigos de Jehová, se utilizaba un libro llamado “La verdad que lleva a vida eterna", una publicación de bolsillo atractivamente encuadernada en tapas vinilo azul con la imagen dorada de un librito abierto, representado emitiendo rayos de luz.
 

El librito estaba lleno de profecías para el período de 1975 a 1984 que nunca se cumplieron y debió ser reemplazado por otro más actualizado. Esto se repitió unas cuantas veces. Al tiempo de escribir este artículo los testigos utilizan un nuevo libro, de factura un tanto menos atractiva, titulado “Conocimiento que lleva a vida duradera” cuya edición en inglés se viene usando desde 1995. Aun hoy, el nuevo prosélito debe estudiar una serie bastante extendida de publicaciones de la Watchtower para pasar de prosélito a “publicador".
 

Para los cristianos familiarizados con el Nuevo Testamento esto es realmente sorprendente pues en la Biblia se describen conversiones y ninguna de ellas es precedida de un largo estudio de las doctrinas cristianas. Tomemos por ejemplo el relato de la conversión del etíope por San Felipe en Hechos 2 o la conversión de Cornelio el centurión romano, en Hechos 10, cuya entrada en la Iglesia es tan rauda que toma desprevenido al mismo San Pedro.
 

Esta es solamente una de las muchas diferencias patentes entre la Iglesia que se describe en el Nuevo Testamento y los testigos de Jehová. No es necesario ser un exegeta bíblico para notar que los primeros cristianos no eran una corporación comercial que produjera manuscritos para distribución pública y que los cristianos primitivos no debían informar a los apóstoles del tiempo invertido en predicar el Evangelio, so pena de ser excomulgados si fallaran en hacerlo.
 

¿Por qué requieren los testigos de Jehová, tal cantidad de estudio y lectura a sus nuevos prosélitos? Lo hacen para iniciar a sus nuevos allegados en la compra constante de un sinfín de libros, revistas, folletos y tratados que enriquece—centavo sobre centavo y dólar sobre dólar—al vasto imperio editorial de la Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc. y a otras corporaciones asociadas.
 

Captación y retención del prosélito
 

Adicionalmente, desde el momento en que una persona decide “estudiar” con los testigos de Jehová, comienza a adentrarse—sin saberlo—en una trampa cuidadosamente diseñada para dominar su voluntad. En primer lugar se lo expone a una descripción de la vida en el futuro “paraíso de Jehová” mientras se le muestran textos bíblicos que aparentemente prueban que la persona humana no tiene un alma, que no existe el infierno, etc. y que el cielo es solamente para unos pocos elegidos de Dios (144.000 elegidos para ser más preciso). Ese paraíso terrenal es presentado convincentemente y también el castigo de los desobedientes, la muerte en el inminente fin del mundo, el Armagedón. Una vez que los dos extremos de premio y castigo han sido fijados en la mente del prosélito se lo invita al Salón del Reino, más o menos al tiempo de comenzar sus estudios. Allí, la “cara nueva” es bombardeada con expresiones de afecto y bienvenida, de tal manera que las barreras mentales caen y el nuevo prosélito se siente en familia. Durante este ciclo se le van haciendo conocer sus obligaciones, que son mayormente: asistencia a todas las reuniones semanales y la “predicación” de puerta en puerta.
 

Testigos de Jehová

De allí en adelante el nuevo testigo casi no tendrá tiempo libre ni energía mental para examinar críticamente en la dura circunstancia en la que se ha metido. Las cinco reuniones semanales le demandarán unas seis a diez horas de su semana entre asistencia y preparación. Para la mayoría de los “publicadores” es obligatorio invertir unas diez horas mensuales en la predicación de puerta en puerta. Que se suman a las 24 a 40 horas mensuales que debe invertir en reuniones, que son también obligatorias. En total, se demanda del testigo medio, unas 30 a 40 horas mensuales de trabajo o asistencia.
 

Control mental
 

Lo que normalmente ocurre es que el Testigo está mentalmente agotado, funcionando en una especie de niebla mental. Eso lo vuelve fácil de adoctrinar. Las reuniones son programadas para las horas en que hay menor resistencia mental y mayor cansancio físico. La disidencia es condenada casi constantemente desde el púlpito y los interminables cambios de doctrina aumentan la confusión mientras sirven también como válvula de escape: muchos testigos que están en desacuerdo con doctrinas específicas, se conforman pensando que “ya llegará la nueva luz” y la doctrina que le molesta será actualizada. En total el testigo vive un “día a día” lleno de obligaciones que le impiden reconsiderar la dirección que ha tomado su vida, atrapada entre el premio del paraíso y la angustia del siempre amenazante Armagedón.
 

Dentro del angosto espacio mental en que el testigo se ve obligado a vivir hay una conjunción del ojo vigilante de los superintendentes con el cansancio mental, que naturalmente lo vuelve dócil a aceptar las doctrinas que se le imponen. Adicionalmente las publicaciones utilizan medios subliminales para reforzar la educación del testigo. Esto en sí mismo es un tema que podría llegar a llenar volúmenes y que solamente tocamos en forma muy breve en este escrito.
 

Control social
 

A través de los años el jehovismo ha ido agregando extrañas doctrinas a su arsenal. Estas prácticas poco comunes están diseñadas para aislar al testigo del resto de la sociedad, evitando que el diálogo íntimo con otras personas—familiares, amigos o vecinos—le revele de alguna manera la trampa económica y espiritual en la que ha caído.
 

Usando argumentos supuestamente bíblicos, la dirigencia jehovista prohíbe o desaconseja: el uso de la Cruz, las transfusiones de sangre, la celebración de la Navidad, el Año Nuevo, los cumpleaños, las fechas patrióticas; el saludar a los símbolos patrios, los juramentos de lealtad a la nación, el prestar servicio militar, los estudios superiores y una miríada de otras prohibiciones que gradualmente van forzando al testigo a tratar solamente con aquellos que piensan como él.
 

Con el tiempo, la casi totalidad de su interacción social se reduce tratar a los otros miembros de la secta. Esto se complementa con la constante advertencia de “separarse del mundo” lo que, en realidad para el testigo, significa aislarse de la sociedad en la que vive para refugiarse en la secta.
 

La escasez de tiempo libre y la rareza de las limitaciones jehovistas obran como un cerco que le impide relacionarse normalmente con personas que no son parte del grupo sectario. Con el tiempo su vocabulario cambiará y muchas de las palabras que usa adquirirán un nuevo sentido, el sentido que la Sociedad Watchtower quiera imprimirles.
 

Es posible que usted mismo los haya escuchado usar palabras como “inicuo", “iniquidad", “la Sociedad", “sistema de cosas", “conocimiento exacto", “estar en la verdad", “nuevo sistema", “Jehová Dios el Gran Arquitecto", “cabras", “ovejas de Jehová” y otras similares. Este vocabulario especial logra que el habla de un testigo de Jehová sea ocasionalmente incomprensible para quienes no dominan el complejo sistema de símbolos e imágenes de la secta.
 

Quienes han pasado algún tiempo entre ellos, comienzan a enterarse de ciertas tradiciones que circulan dentro del grupo pero que no están escritas en sus publicaciones. Entre ellas hay muchas historias de ataques demoníacos, milagrosamente terminados al invocar la palabra “Jehová” o al exponer ante el mal espíritu una copia de la Traducción del Nuevo Mundo, etc.
 

Algunos testigos tienen un respeto exagerado y morboso por el demonio y los espíritus malignos. Aun los ángeles representados en la literatura jehovista, son pintados como entidades severas, a distinción de la dulce disposición con que las criaturas angelicales han sido tradicionalmente representadas en el arte cristiano.
 

En la literatura jehovista se exagera el poder del diablo y por el contrario, se da a la presencia divina una caprichosidad extrema. Si, por ejemplo, el testigo tuviera en su casa un objeto relacionado con el demonio—esto para un testigo puede ser casi cualquier cosa, desde un libro de satanismo hasta un adornito de Navidad o una joya en forma de cruz—entonces el testigo cree que la protección divina se desvanecerá hasta que ese objeto sea eliminado. En su mente, un simple objeto ha puesto a Dios en fuga y ha dejado al testigo expuesto a las fuerzas infernales.
 

Estas leyendas refuerzan la muralla que separa al testigo de tener contacto o intimidad con el resto de la humanidad. Lo que comenzó como un inocente “estudio bíblico gratuito” se ha convertido en una jaula espiritual, una trampa psíquica, y dentro de ella, los sentimientos normales de la persona se van extinguiendo para ser reemplazados con una lealtad temerosa por la secta y el terror de ofender a un Dios lejano, misterioso e inasequible.