07.05.08

Jehovistas

Este post es el quinto y último de la serie sobre los Testigos de Jehová.
 

Los testigos de Jehová se refieren a sus creencias como “la verdad". Por ejemplo, para preguntarle a alguien cuánto hace que son testigos de Jehová, le preguntan “¿Hace cuánto que estás en la verdad?”
 

Los dirigentes jehovistas han trabajado duro para que los prosélitos crean que el mundo entero está en la oscuridad y ellos—solamente ellos—conocen la verdad sobre Dios, la historia, la doctrina cristiana y el destino de la humanidad. Para que el sujeto llegue a tal grado de convencimiento, primeramente debe ser alguien poco informado. Es posible que haya algún maestro o hasta un profesor de universidad que sea testigo—yo he conocido personalmente a un astrónomo que lo era—esas serán excepciones a la regla. El testigo medio es una persona de escasa formación académica, con serias deficiencias de comprensión y análisis de ideas abstractas, mal conocimiento de la historia y especialmente dispuesto a aceptar crédulamente la particular concepción jehovista del mundo.
 

La Sociedad Watchtower se esfuerza por presentar una cierta respetabilidad académica delante de sus seguidores. Para esto, salpican sus publicaciones con citas de obras de autores de diverso origen. En general las citas parecen apoyar la doctrina de los testigos. La Sociedad Watchtower sabe que el lector simplemente aceptará la cita como verdadera, sin investigar su origen. Después de todo ¿quien tiene tiempo para verificar todo lo que se publica? Por otro lado, el público en general cree que nadie se atrevería a citar algo falso o descaradamente distorsionado para engañar al lector. Lo cierto es que los autores de las publicaciones jehovistas cuentan con la aceptación descuidada del lector—y también con su inocente credulidad—mientras manipulan la literatura que citan y con frecuencia organizan las palabras para dar la impresión de que el material citado apoya las ideas jehovistas, cuando en realidad eso raramente sucede.
 

Un claro ejemplo de esta técnica se encuentra en el folleto publicado por la Watchtower “¿Debería Usted Creer en la Trinidad?” en el que fácilmente se puede verificar la existencia de decenas de citas falseadas o extraídas de publicaciones de dudoso valor académico. Para ejemplo haré uso de una cita que un testigo de Jehová me envió recientemente para “probar” que el orden de la jerarquía eclesiástica católica no es válido. La cita tomada de la literatura jehovista dice así:
 

El jesuita John McKenzie escribió lo siguiente cuando ocupaba una cátedra de teología en Notre Dame: “No existen datos históricos que confirmen toda la cadena de sucesión de la autoridad eclesiástica” (The Roman Catholic Church [La Iglesia Católica Romana], Nueva York, 1969, pág. 4). [13]

La frase en el original en inglés, que tengo a mi disposición, no está completa en esta cita. Tengo ante mí “The Roman Catholic Church” por John L. McKenzie, [14] Ed. Doubleday, Image Series D287 edición de 1969 ©, con Nihil Obstat e Imprimatur Eclesiástico. La primera parte de la frase está cortada, allí dice originalmente en inglés:

“This is not a matter of historical proof, for historical evidence does not exist for the entire chain o succession of church authority.” Traducida, la cita de la Watchtower deja afuera las palabras: “Esto no es materia de verificación histórica, pues” que precede a lo que los testigos citan: “no existen datos históricos que confirmen toda la cadena de sucesión de la autoridad eclesiástica” y que—aislado del resto—¡aparece como negando lo que el P. McKenzie está en realidad afirmando!
 

Es claro, por la lectura del contexto que el Padre McKenzie—un respetado sacerdote y erudito católico—no está tirando abajo la doctrina católica ni piensa como un testigo de Jehová. Al analizar el párrafo queda en evidencia el verdadero carácter del escrito:
 

“Esta autoridad apostólica, como veremos en mejor detalle más adelante, incluye la autoridad de predicar el Evangelio, de administrar los sacramentos y de gobernar la Iglesia. Así como nadie sino Jesús pudo conferir esa autoridad a los apóstoles, así nadie sino los apóstoles pueden transmitir esa autoridad a sus sucesores. Por lo tanto en el orden romano nadie puede ejercer autoridad en la Iglesia a menos que pueda remontar su designación, por vía de una legítima sucesión de ordenación apostólica. Esto no es materia de verificación histórica, pues no existen datos que confirmen toda la cadena de sucesión de la autoridad eclesiástica. En la práctica, como veremos más adelante en mayor detalle, el significado de esto es la comunión con el cuerpo de la Iglesia; en efecto, la autoridad es apostólica si el cuerpo la reconoce como apostólica. Pero ¿qué es “la Iglesia"? En el orden romano, la Iglesia ha sido identificada por la comunión con el Romano Pontífice, quien es el que valida la autoridad apostólica.”

 

Como pocas personas pueden revisar esto en profundidad—pues carecen de la obra original para cotejar lo citado por los testigos—la impresión que deja la lectura de la obra jehovista es que la Iglesia Católica admite que su jerarquía carece de validez, algo que, si uno lo piensa un minuto, sería un verdadero disparate. Al leer la página completa, se aprecia fácilmente que la cita fue caprichosamente extraída para engañar al lector, representando lo opuesto de lo que el autor realmente dice. Eso es deshonesto y execrable.
 

Baste este ejemplo para mostrar como los testigos son engañados por sus propios dirigentes para que piensen que su religión tiene las bases académicas suficientes como para demostrar su veracidad. La verdad, sin embargo, es que los testigos son constantemente bombardeados con desinformación y falsa información desde las mismas páginas que ellos consideran la quintaesencia de la verdad. Los testigos han confiado sus vidas y su salud espiritual a una vulgar manipulación, cuyo último sentido es usarlos como mano de obra en una mera operación comercial disfrazada de religión.
 

Si los autores estuvieran interesados en guiar a sus prosélitos a la verdad, con seguridad no sostendrían doctrinas irrazonables con información deformada o falsa. Esta clase de manipulaciones prueban en buena medida las dudosas intenciones de los autores.
 

Una edición de la Biblia a la medida de la doctrina

 

Una de las cosas que distinguen a los testigos de Jehová es su peculiar traducción de la Biblia que ellos titularon “La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras". Esta Biblia merece ser examinada pues es una muestra cabal de la total falta de respeto que los dirigentes jehovistas tienen por la Palabra de Dios. Sin embargo los testigos de Jehová creen a pie juntillas en la integridad y excelencia de esta obra y piensan que las demás Biblias son las que están caprichosamente traducidas para apoyar lo que ellos llaman “la religión falsa".
 

El conocido apologista católico José Miguel Arráiz Roberti ha escrito un breve pero contundente análisis de esta obra maestra de la decepción jehovista, una parte del cual citaré a continuación.
 

—La Biblia de los testigos de Jehová llamada “La Traducción del Nuevo Mundo” (TNM) es considerada por los miembros de esta organización como la más exacta y mejor traducida del mundo. A pesar de esto, son notables los errores de traducción denunciados tanto por eruditos católicos como no católicos. Para estudiar la magnitud de estos errores he escrito este pequeño estudio. […] Los testigos de Jehová no aceptan la doctrina de la Trinidad, aceptan que Cristo es hijo de Dios, pero no Dios mismo sino el arcángel San Miguel. En virtud de que hay pasajes muy claros que dejan claro que Cristo (la Segunda Persona de la Trinidad) es verdaderamente Dios han optado por modificar en su traducción estos pasajes para ocultar esta verdad. La adulteración más famosa a este respecto está en el capítulo 1 de Juan:
 

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” Juan 1, 1
 

La Traducción del Nuevo Mundo dice: “En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios. ” Juan 1, 1 (TNM)
 

En el pasaje anterior según la Traducción del Nuevo Mundo hay dos adulteraciones. Primero colocan dios con minúscula cuando se refiere a Cristo (Distinción que no hace el texto griego) y segundo agrega “un” antes de Dios (El cual no aparece tampoco en el texto griego).
 

Como no es difícil comprobar que este “un” no está presente en la traducción del griego y es sencillamente un “agregado” los testigos de Jehová han justificado el error de traducción inventando una nueva regla gramatical. Afirman que como en griego no existe palabra para indicar la idea de “uno", y, por lo tanto, cuando una palabra no lleva el artículo determinado (jo, je, to, en griego; el, la, lo, en castellano) debe colocarse delante la palabra “un, una". Esta regla es falsa, primero porque en griego sí hay palabras para expresar la idea de “uno, una” sin que tenga que suplirlas el traductor. Una de ellas es “eis” , “mia", “en” (uno, una, uno), que Juan utiliza repetidas veces en Juan 1, 40; 6, 8. 70. 71; 7, 21. 50; 9, 25; 10, 16. 30; 11, 49-50. 52; 12, 2. 4; 13, 21. 23; 17, 11. 21. 22. 23; 18, 14. 22. 26. 39;19, 34, etc. . La otra es tis, ti (uno-a-o ó alguno-a-o), que también es utilizada repetidas veces en el Nuevo Testamento. Si Juan hubiera deseado decir que la Palabra (Cristo) era un dios, hubiera recurrido con toda seguridad al empleo de eis o de tis. Lo más contradictorio es que los traductores ni siquiera siguen la regla que ellos mismos crearon como puede verse en su traducción en el mismo capítulo 1 del Evangelio de Juan, en donde en el versículo 6 se nos dice que un hombre—Juan el Bautista—fue enviado por Dios, y esta palabra va sin artículo determinado; no obstante los testigos de Jehová no han traducido “representante de un dios", sino “representante de Dios". En el versículo 12 se nos habla de cómo llegar a ser hijos de Dios. Ahora bien, la palabra Dios va sin artículo determinado; pero ellos no traducen “hijos de un dios", sino “hijos de Dios". En el versículo 13, una vez más, la palabra “Dios” va desprovista de artículo determinado; pero ellos no traducen “voluntad de un dios", sino “de Dios". Hay muchos otros ejemplos pero éstos son suficientes para mostrar que la “regla” citada por los testigos no sólo no existe, sino que incluso no es aplicada por ellos mismos. Por otro lado, la construcción poética de Juan 1, 1 no hace posible traducir “un dios” debido a que los dieciocho primeros versículos del evangelio de Juan formaron en su conjunto un canto (muy posiblemente antifonal) que se utilizaba en las reuniones de la Iglesia primitiva. Tenía por ello una estructura (muy clara en los tres primeros versículos) de especial belleza, puesto que cada frase terminaba con la misma palabra con que empezaba la siguiente: “En principio era la Palabra, y la Palabra era con el Dios, y Dios era la Palabra". Esta construcción además hacía girar su encanto (y su impresionante vigor) en torno al hecho de que la palabra con que concluía una frase y comenzaba la siguiente tenía el mismo valor, contenido y significado. Por esto el “Dios” del final del versículo 1 nunca podía ser “un dios", sino la palabra “Dios", con su mismo contenido y fuerza con que concluía la frase anterior [. . .]
 

¿Qué han comentado los eruditos?
 

Anexo las observaciones escritas por famosos eruditos del griego y del Nuevo Testamento sobre el modo en que la TNM vierte Juan 1, 1 y acerca de la TNM en general:
 

Dr. J. R. Mantey (que es citado en las páginas 1158-1159 de la Traducción Interlineal del Reino de la Sociedad Watchtower en inglés): “Una sorprendente mala traducción". “Obsoleta e incorrecta", “No es ni erudito ni razonable traducir Juan 1, 1 ‘La palabra era un dios’".
 

Dr. William Barclay de la Universidad de Glasgow, Escocia: “El modo en que esta secta tuerce deliberadamente la verdad se puede ver en sus traducciones del Nuevo Testamento. Juan 1, 1 es traducido:"la Palabra era un dios. ” Una traducción que es gramaticalmente imposible. Es abundantemente claro que una secta que traduce el Nuevo Testamento de esta manera carece de honradez desde el punto de vista intelectual. “
 

Dr. Bruce M. Metzger de la Universidad de Princeton (profesor de Lenguaje y Literatura del Nuevo Testamento): “Una horriblemente mala traducción. . . “, “errónea", “perniciosa. . . “, “reprensible". “Si los Testigos de Jehová toman esta traducción en serio son politeístas.”
 

Dr. Samuel J. Mikolasky de Zurich, Suiza: “Es algo monstruoso traducir esta frase como ‘la Palabra era un dios’".
 

Dr. James L. Boyer del Seminario Teológico de Winona Lake, Indiana: “Nunca he oído, ni leído ningún erudito del griego que concuerde con la interpretación de este versículo (Juan 1:1) en la que insisten los Testigos de Jehová. Nunca me he encontrado con uno de ellos (miembros de la Sociedad Watchtower) que tenga conocimiento del idioma griego. “
 

Dr. Philip B. Harner de la Universidad de Heidelberg: “El verbo precedente a una forma anártrica probablemente significaría que el LOGOS era ‘un dios’ o persona divina de cierta clase, perteneciente a la categoría general de TEOS, pero un ser distinto de HO TEOS. En la forma que Juan usó la palabra TEOS está colocada al principio para énfasis (lo cual descarta por completo la traducción ‘un dios’). “
 

Dr. B. F. Westcott (cuyo Nuevo Testamento en griego es usado en la Traducción Interlineal del Reino de la Sociedad Watchtower): “El predicado (Dios) sobresale enfáticamente primero, como en Juan 4, 24. Necesariamente no tiene el artículo. . . No se sugiere inferioridad de naturaleza por esta forma de expresión, la cual sencillamente afirma la deidad verdadera de la Palabra… en la tercera cláusula se declara que ‘la Palabra’ es ‘Dios’ y de ese modo se le incluye en la Deidad. “
 

Dr. Eugene A. Nida - Director del Departamento de Traducción de la Sociedad Bíblica Americana y responsable por la Versión Popular—el comité trabajó bajo su dirección: “Respecto a Juan 1, 1 hay una complicación solo porque evidentemente la Traducción del Nuevo Mundo fue hecha por personas que no toman en serio la sintaxis del griego.”
 

Dr. J. J. Griesbach (cuyo Nuevo Testamento griego fue usado por la Sociedad Watchtower en su publicación de The Emphatic Diaglott). “Son tan numerosos y claros los argumentos y testimonios de la Escrituras a favor de la verdadera deidad de Cristo, que apenas puedo imaginar cómo, reconociendo la autoridad divina de la Escritura y respetando las reglas justas de la interpretación, puede esta doctrina ser puesta en duda por hombre alguno. Especialmente el pasaje de Juan 1, 1-3 es tan claro y tan superior a toda excepción, que ningún esfuerzo, ya sea de comentadores o de críticos, puede arrebatarlo de las manos de los defensores de la verdad.”
 

Otros conocidos eruditos del griego y hebreo que también critican la Traducción del Nuevo Mundo son: Dr. Edgar J. Goodspeed, Dr. Paul L. Kauffman, Dr. Charles L. Feinberg, Dr. Walter Martin, Dr. F. F. Bruce, Dr. J. Johnson, Dr. H. H. Rowley y Dr. Anthony Hoekema.
(José Miguel Arráiz Roberti, citado del artículo publicado en www.apologeticacatolica.org)
 

Cuanto más profundicemos en las técnicas de adoctrinamiento jehovista, más notaremos la crasa manipulación a la que están sujetos los ingenuos testigos que tocan a nuestras puertas. Es cierto que muchos católicos notan que están tratando con personas engañadas y hallan muy difícil el conservar la calma ante la suficiencia de estos improvisados predicadores de “la verdad” jehovista. Sin embargo no hay motivo alguno para ofuscarse con ellos, pero sí hay más que suficiente motivo para preocuparnos por lo que le pueda pasar al católico desprevenido y mal formado que deje entrar en su casa a estos celosos proselitistas. Para neutralizar la influencia de los testigos de Jehová en nuestras parroquias, es necesario presentarles una vigorosa defensa de nuestra fe. Eso solo lo podemos hacer si tenemos el convencimiento pleno de que la Iglesia católica es:
 

• la heredera y guardiana de la verdadera doctrina de Cristo
 

• la receptora de toda la verdad necesaria para la salvación
 

Además, considerando todo lo anteriormente citado acerca de los testigos y de la corporación que los agrupa y organiza, debemos estar bien seguros de que el jehovismo es un culto peligroso cuyo objetivo es continuar captando adeptos para financiar y sostener un imperio comercial que recauda millones de dólares por año vendiendo publicaciones y solicitando limosnas aprovechándose del amparo que de las leyes justas y generosas que protegen el ejercicio de la religión.
 

Cómo tratar al jehovista adoctrinado
 

Cuando llega el momento de defender nuestra fe, es bueno recordar que tenemos un asistente vigoroso y fiel en el Espíritu Santo. Una breve oración de tres palabras nos alcanza para invocar la ayuda del Paráclito que Jesús nos dejó: “Ven Espíritu Santo". Es bueno recordar que en la mayoría de los casos, será difícil sacar al testigo de su “trance hipnótico". Recuerde siempre que no está tratando con una persona acostumbrada a razonar en forma clara. Los testigos, en general, no piensan, sino que siguen el surco mental que el entrenamiento repetitivo ha formado alrededor de cada doctrina. Con frecuencia cambiarán de tema cuando se les presente un argumento contundente que derrota o dificulta la imposición de su punto de vista.
 

Al tratar con un testigo, recordemos que estamos tratando con la víctima de una severa enajenación mental.
 

—Mantenga el control de la conversación. Esto se logra por medio de escuchar atentamente lo que el testigo le va a presentar. Los testigos están más acostumbrados al rechazo y a la rudeza que a la atención cuidadosa y caritativa. Inquiera sobre el nombre del testigo o testigos que le visitan y anote sus nombres si no está seguro de recordarlos para otra ocasión.
 

Prestar atención a lo que dice su interlocutor testigo no significa que entremos en su modo de razonar o en la estructura de su presentación verbal. Ellos vienen con un sermón preparado que dura unos breves minutos y que termina con la oferta de una publicación. Es importante rechazar la publicación y no “contribuir” dinero. Recuerde que no queremos alimentar el negocio sino rescatar a la víctima explotada. Procure dar a testigo un buen testimonio de su fe en la Iglesia sin entrar en discusiones doctrinales.
 

San Miguel

Es muy difícil lidiar con un testigo bien entrenado en las tácticas de discusión de la secta. El objetivo de ellos es ganar la discusión, no les interesa encontrar la verdad u obtener información útil a ese fin. La secta ya los ha convencido de que ellos tienen la verdad.
 

Nuestro objetivo es darles una suprema demostración de caridad cristiana. Personalmente me resulta muy difícil hacer eso, pero es casi lo único que se puede hacer en estos casos aparte de orar por ellos. Permanezca completamente impermeable a sus “razonamientos bíblicos". Recuerde que detrás de esas “razones” está una corporación comercial en busca de esclavos.
 

Antes de que el testigo se vaya, pídale alguna información, a continuación expongo algunas inquietudes que puede dejarle al testigo para que le conteste en una próxima oportunidad:
 

• ¿Podría detallarme el origen y desarrollo de las doctrinas de los testigos a través del tiempo?

• ¿De dónde salió la Biblia y quienes la conservaron a través de los siglos?

• ¿Con qué autoridad se dice que la Biblia es Palabra de Dios y cómo sabemos nosotros los legos que no ha sido alterada o traducida caprichosamente?

• ¿Por qué existen tantos grupos diferentes de cristianos que dicen basar sus doctrinas en la Biblia y por qué son sus doctrinas tan distintas y hasta contradictorias?
 

No permita que el testigo le deje nada para leer, aunque sea gratuitamente. Simplemente dígale que desea escuchar la contestación a sus preguntas en alguna otra ocasión. La idea es hacer investigar al testigo los elementos cruciales de su fe. Necesitamos moverlo a investigar por su cuenta sobre el origen de la Biblia (libro católico); sobre su preservación (por la Iglesia Católica) y sobre su interpretación (hermenéutica católica). Insista en que el testigo busque respuestas a sus preguntas en publicaciones que no sean de la Sociedad Watchtower.
 

Sin que el testigo se dé cuenta, habremos plantado una semilla de inquietud en su corazón.
 

No olvide hacer una oración por la salvación de esa persona una vez que se haya despedido.
 

Plegaria a San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
 

Referencias
 

[13] Creemos que la cita está extraída del CD-biblioteca publicado por la Watchtower
 

[14] The Roman Catholic Church por John L. McKenzie, Ed. Doubleday, Image Series D287 edición de 1969 ©, con Nihil Obstat e Imprimatur Eclesiástico.