Tribunas

He muerto y he resucitado

 

Alberto García Chavida


Los Secretos y el Coro de Tajamar.
Foto: Oscar de la Fuente.

 

 

 

 

 

 

“He muerto y he resucitado, con mis cenizas un árbol he plantado, y fruto ha dado”. Sí, ya sé que el título no es mío, lo he tomado prestado de una de las canciones de uno de mis grupos favoritos: Los Secretos.

Lo que está claro es que algo se está moviendo, al menos así me lo parece.

Como botón de muestra, ahí tenemos el impresionante discurso de Liliana Sáenz, familiar de una víctima de Adamuz: “El único funeral que cabía en esta despedida, la única presidencia que queríamos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre”, concluyendo con una firme proclamación de esperanza cristiana: “que el amor venza al odio, que la vida venza a la muerte y que llegue el día del reencuentro definitivo en Dios”. El funeral diocesano, nada que ver con celebraciones masónicas ni laicas, concluyó en un profundo silencio orante, signo de una Iglesia que acompaña, consuela y espera.

Hace unas semanas, “Despertar”, reunió en Madrid a más de 6.000 jóvenes. Concebido como el mayor evento de búsqueda de propósito de toda una generación, no era ni un evento cultural, ni una conferencia, ni una fiesta, sino más bien un algo curioso, al que cuesta poner nombre. La manifestación de un anhelo: de “volver a encontrarnos, volver a unirnos, volver a trascender”, en palabras de un participante.

Aunque el evento se presentó como aconfesional, la dimensión trascendente y las referencias a la fe en Dios estuvieron presentes en la mayoría de las intervenciones, orientadas a interpelar a los jóvenes y a sacarlos de un creciente estado de apatía y letargo en una sociedad marcada por la soledad y la digitalización.  René compartió con el público su historia de conversión personal y, con un discurso improvisado, abandonado —según explicó— en manos de Dios y el Espíritu Santo, aseguró ante miles de jóvenes que nada, salvo Dios, colma el vacío interior y concede la verdadera felicidad.

El Despertar logró el objetivo que se proponía: recordar que hay más conversación y puntos de vista comunes de los que parece a primera vista.  Sí tienen claro de dónde vienen, pero no sé si tienen claro a dónde van. Sin embargo, puede que no les haga falta. Parece que son de los que piensan que se hace camino al andar.

El proceso es constante y va en aumento. Existen señales que advierten de que lo católico está de moda o, si se prefiere, de que hay una vuelta a coordenadas espirituales que parecían proscritas. Es como salir de las catacumbas. Sólo el tiempo nos dará el alcance y la sinceridad de este giro. En cualquier caso, siempre nos quedarán Los Secretos.