Tribunas

La soledad se dispara

 

Alberto García Chavida


Manos de abuela y nieta.

 

 

 

 

 

 

Nunca habíamos estado tan conectados, y a la vez tan solos. Incluso rodeados de otros, millones de personas viven atrapados en una continua soledad, que les deja deprimidos y vacíos por dentro. A medida que van pasando los años, los cambios en la vida -jubilación, pérdida de familiares o amigos, problemas de salud- pueden reducir los contactos sociales y provocar un profundo sentimiento de aislamiento.

Hace unos meses, saltaba en los medios una noticia estremecedora: el cuerpo de Antonio apareció en su casa de Valencia, quince años después de su muerte. Quince años sin que nadie le echara en falta. La soledad se ha convertido en un drama silencioso. En España, en apenas medio siglo, el número de personas que viven solas se ha multiplicado por ocho. Muchas causas explican esto, pero todo converge en el mismo centro: el debilitamiento de la familia.

Esta soledad no solo afecta al estado de ánimo, sino también a la salud física y mental. Hay estudios que muestran que el aislamiento social aumenta el riesgo de depresión, ansiedad e incluso enfermedades cardiovasculares.

Pero esto no es el final. Es posible romper el aislamiento y reconstruir los vínculos que dan sentido a nuestra existencia. Programas comunitarios, centros de mayores, voluntariado y actividades intergeneracionales pueden ayudar a fortalecer los vínculos sociales. Pero no olvidemos que es fundamental el papel de las familias, que gestos sencillos –una llamada, una visita o compartir un tiempo- pueden marcar una gran diferencia.

“Lo más duro de la vejez no es la enfermedad, es la soledad. Un beso o un abrazo te dan la vida. Que te ignoren, que te digan que no sabes...hace mucho daño. El contacto es lo más grande”, lo dice Teresa Jugo, una mujer de 100 años, que vive en casa de su hija, su yerno y sus cinco nietos. Hasta hace poco, vivir con la abuela en casa era frecuente en España, pero el estilo de vida actual empuja a dejar a nuestros mayores al cuidado de otros.

No olvidemos que los abuelos tienen mucho que aportar, y no me refiero sólo a la pensión que reciben todos los meses de la Seguridad Social. Comenta Miguel, uno de los nietos de Teresa. “Cuando mis padres dijeron que venía mi abuela, nos pusimos muy contentos: estar con ella nos transmite mucha paz. Ella no se impone ni manda. Solo nos dice que tratemos bien a nuestros padres”.