De Libros
La historia de España, antídoto contra el riesgo de las “memorias putrefactas”
‘Hambre de Patria’ de Juan Francisco Fuentes analiza la idea de España en el exilio republicano y la cuestión religiosa
José Francisco Serrano Oceja | 16/03/26
Este libro es una versión adaptada y ampliada del discurso de ingreso de Juan Francisco Fuentes en la Real Academia de la Historia, el 24 de noviembre de 2024. Por lo tanto, estamos ante un trabajo de un reputado historiador español cuyas propuestas intelectuales son de indudable calidad.
El subtítulo del libro nos da cuenta del contenido principal: “La idea de España en el exilio republicano”. Un contenido que no sólo habla de los protagonistas del exilio, sino que nos introduce en la historia reciente de España, principalmente en los períodos de la Segunda República y la Guerra Civil desde la perspectiva de quienes tuvieron que salir del país. Una perspectiva que ofrece también la visión de la autocrítica que hay que tener en cuenta, lo que se deduce de lo que Azaña llamaría “la musa del escarmiento”.
Reconciliación de los españoles
Una de las aportaciones más singulares de este libro, que quiero destacar especialmente, es la reflexión sobre la reconciliación de los españoles, el denominado “asenso común” de Azaña, hoy consenso, que hizo posible la Transición.
Sostiene nuestro autor que “la Transición supuso, consciente o inconscientemente, la aplicación de aquellas enseñanzas que los principales dirigentes republicanos fueron sacando de su propia actuación en los años treinta y plasmando en sus memorias, artículos, discursos, conversaciones y epistolarios”. Cuestión esta que en este momento es de particular interés por las transiciones varias en curso.
Parte este trabajo de una advertencia que no debiera caer en saco roto. Recuerda Juan Francisco Fuentes que Azaña era consciente que algunas de sus declaraciones posteriores a la derrota de la guerra “habían escandalizado a algunos buenos amigos”.
“Memoria putrefacta”
Y añade nuestro autor: “Hoy tal vez causen mayor escándalo, en la medida en que sus postulados de entonces chocan frontalmente con una visión idealizada de la Segunda República, que ni él ni muchos dirigentes de la izquierda en el exilio compartirían ni comprenderían. Baste recordar que el expresidente de la República advirtió de los peligros que entrañaba eso que él llamó una “memoria putrefacta”…”.
Se recuerda en este libro que Negrín, en una carta del exilio, cinco años después de consumarse la derrota, escribió que “espero que el pueblo nos colgará a todos el día ya próximo que en España volvamos a poner el pie”.
O aquella de Luis Araquistáin de que “el mayor enemigo de la democracia española, un enemigo peor o al menos igual a Franco, habéis sido vosotros, los falsos socialistas y agentes de la política soviética en España”.
Fue Luis Araquistáin, por cierto, quien en su conferencia pronunciada en Toulouse “Algunos errores de la República española” quien dijo que la República no supo calibrar sus fuerzas y trató a los viejos poderes, principalmente a la Iglesia y al Ejército, con una arrogancia y una falta de realismo que se volvieron contra ella.
Aquel embajador de España en Berlín, el socialista Araquistáin, quien, al año siguiente de la proclamación de la República, pronunció una conferencia en la Universidad de Jena sobre don Marcelino Menéndez Pelayo, reivindicando su trayectoria y su ingente obra. “Incomparable historiador de ideas”, “las estudiaba, y comprendía con penetrante y ciclópeo esfuerzo”. “Sin él”, afirma el embajador de la República a modo de conclusión sobre su estudio de Menéndez Pelayo, “todos los españoles seríamos más pobres en el conocimiento de nuestra cultura nacional y de las más eminentes culturas extranjeras de todos los tiempos”. Esa conferencia le permitió, posteriormente, alguna interesante correspondencia con destacados representantes de la Falange.
Es curioso que Fuentes señale que “la idea de España predominante en el exilio se pude definir como un menendezpelayismo de izquierdas”.
La cuestión religiosa
La cuestión religiosa, por tanto, no estaba ausente, como se puede comprobar en la publicación “España peregrina” en la que no eran infrecuentes trabajos que abordaban esa materia. Por ejemplo la de Juan Larrea, en el segundo número, que planteaba los hitos de la historia de la cristiandad tras la llegada del apóstol Santiago a la península.
Como ejemplo del patriotismo de no pocos de los exiliados, cuestión central en este libro, quisiera reproducir la anécdota del socialista en el exilio José Martínez Cobo. Poco después de la muerte de Franco, en un debate radiofónico con Federica Montseny y un representante de ETA-VI Asamblea, en el que estos se estaban dedicando a arremeter “contra el centralismo castellano, represor del pueblo catalán y vasco”, Martínez Cobo, en una pausa del programa, les advirtió que o cesaban “en sus ataques fuera de lugar contra España” o les recordaría a los oyentes “que Madrid resistió a Franco tres años, Bilbao un mes y Barcelona ocho días”.
También se nos dice en este libro que a Azaña, en 1939, le pidieron que firmara un manifiesto vagamente separatista y se negó y dijo aquello de que “Yo no paso por eso”.
Como se concluye en este trabajo, “cada época sueña la siguiente”, o en palabras de Walter Benjamin, “cada época no sólo sueña la siguiente, sino que soñadoramente apremia al despertar”.
Juan Francisco Fuentes,
Hambre de Patria.
Arzalia, 2025.