Tribunas

León XIV o la vuelta de la Iglesia a lo esencial

 

 

José Francisco Serrano Oceja


El Papa bendice al bebé León en brazos de su madre Nerea,
durante el encuentro con seminaristas de Toledo.

 

 

 

 

Me ha sorprendido, gratamente, todo hay que decirlo, la decisión del Papa León XIV de convocar a los presidentes de las Conferencia Episcopales del mundo a una reunión en Roma para hablar sobre el matrimonio y la familia.

En el Mensaje con motivo del décimo aniversario de “Amoris Laetitia”, un buen motivo sin duda, León XIV, siguiendo la doctrina del Vaticano II que vuelve de nuevo a escena, y también de la carta magna de las familias de san Juan Pablo II, después de unos apuntes a vuela pluma de diagnóstico sobre los cambios antropológicos que se están produciendo, dice que reconociendo esos cambios, “que siguen afectando a las familias, he decidido convocar en octubre de 2026 a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, con el fin de proceder, en un clima de escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, a la luz de Amoris laetitia y teniendo en cuenta lo que se está realizando en las Iglesias locales”.

Lo primero que me llama la atención es, pese a que se introduzca el término sinodal ligado al discernimiento, la escasa música sinodal metodológica que se escucha últimamente de lo que viene del Papa. Hay palabras que se introducen en los textos que dicen más de lo que afirman.

Por más que el cantus firmus de la sinodalidad sigue presente, más o menos, en determinados ámbitos y geografías, lo que llega de Roma, a estos efectos, tiene poco volumen. Un día próximo tengo que escribir sobre la sinodalidad del próximo viaje del Papa a España, un viaje muy sinodal, sin duda.

Excepto las conclusiones que se están publicando de los grupos de trabajo que no evitan la impresión de que la sinodalidad no es solo un qué, sino un cómo, es decir, un proceso para algo más y distinto de lo que es la sinodalidad, salvando la sustancia eclesiológica última que, por cierto, a lo largo de la historia, ha adquirido variadas formas. En esos grupos temáticos de estudio bajo el amparo de la sinodalidad, los que han participado fueron elegidos con un dedo no precisamente sinodal.

El Papa convoca a los presidentes de la Conferencias Episcopales para una cuestión no menor, que afecta a la esencia del Evangelio de la vida y de la familia, en la medida en que esta perspectiva de análisis del matrimonio y la familia es el método para hacer un diagnóstico de fondo de la temperatura vital de lo humano en relación con la propuesta cristiana.

La convocatoria del Papa señala que se compartirán experiencias de las iglesias locales. No sé si los lectores, y lectoras, tienen la misma impresión que yo. En las Iglesias locales, la cuestión de la pastoral del matrimonio y la familia, como insistencia, lleva no poco tiempo en segundo plano.

Veníamos de un pontificado, el de san Juan Pablo II, que tenía esta cuestión como prioritaria. Muestra de ello, entre otros datos, fue la creación del Pontificio Instituto para la familia, que después se problematizó hasta extremos insospechados. Hasta el punto de que mientras escribo esto me estoy preguntando si sigue abierta, por ejemplo, la sede de Madrid de ese Instituto.

Lo que es evidente es que todo lo referido al matrimonio y a la familia, en un mundo de evolución disolutiva y reconfiguración de lo humano, adquiere un nuevo protagonismo, también desde el punto de vista sociológico. No voy a dar datos, que están en la mente de todos.

Que el Papa León XIV haya planteado esta cuestión y haya convocado a los presidentes de las Conferencias Episcopales a Roma para hablar sobre esta materia apunta a que volvemos a lo esencial.

Como también hay que agradecer que quien vaya de España, en principio, sea don Luis Argüello.

 

 

José Francisco Serrano Oceja