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Urgencia en Tierra Santa: Belén sufre el colapso total del turismo, sustento de familias cristianas
La Custodia de Tierra Santa hace un llamamiento a la generosidad en la colecta del Viernes Santo: España recauda más de un millón de euros
27/03/26 | Marta Santín, X
La situación en Tierra Santa ha alcanzado un punto crítico. Tras más de dos años sin peregrinaciones debido primero a la guerra en Gaza y, ahora, agravado por la escalada del conflicto con Irán, las comunidades cristianas viven una crisis sin precedentes. La histórica ciudad de Belén, cuna del cristianismo, ha visto cómo su principal motor económico —el turismo religioso— prácticamente ha desaparecido, dejando a cientos de familias sin ingresos y sumiendo a la población en una profunda incertidumbre.
- Colecta Pontificia del Viernes Santo
- Una economía paralizada
- Una red de ayuda que no se detiene
- España, un pilar fundamental de la ayuda
- Un llamamiento urgente a la conciencia
- Celebraciones a puerta cerrada
Fr. Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa.
Colecta Pontificia del Viernes Santo
Ante esta realidad, la Custodia de Tierra Santa en España, la Provincia Franciscana de la Inmaculada Concepción, ha lanzado un urgente llamamiento a la solidaridad de los fieles de todo el mundo con motivo de la Colecta Pontificia por los Santos Lugares, que se celebrará durante los Oficios del Viernes Santo.
Desde la Comisaría de Tierra Santa en España, los responsables han querido trasladar con claridad la gravedad del momento. En una carta difundida recientemente, se subraya que “la finalidad es recoger las aportaciones de los fieles para ayudar a los cristianos de los Santos Lugares, especialmente necesitados después de más de dos años sin apenas ingresos a causa de la guerra. Esperamos que las peregrinaciones vayan surgiendo con fuerza, ya que son la otra principal fuente de sus ingresos”.
Una economía paralizada
El impacto de la ausencia de peregrinos ha sido devastador. Belén ha experimentado “el colapso casi total del turismo, principal fuente de ingresos para cientos de familias cristianas”, según se recoge en el material informativo elaborado por la Custodia. Esta situación ha tenido consecuencias directas en todos los ámbitos de la vida cotidiana: comercios cerrados, hoteles vacíos, talleres artesanales paralizados y un aumento alarmante del desempleo.
La crisis no solo es económica. También es social y humanitaria. La falta de recursos ha incrementado la vulnerabilidad de los más débiles, especialmente niños y ancianos. A pesar de ello, las instituciones vinculadas a la Custodia de Tierra Santa y al Patriarcado Latino de Jerusalén han mantenido su compromiso, continuando con la asistencia básica en medio de enormes dificultades.
Cardenal Pierbattista Pizzaballa junto a Fr. Francesco Patton
anterior Custodio de Tierra Santa.
Christian Media Center.
Una red de ayuda que no se detiene
A pesar de las dificultades, la labor de la Custodia de Tierra Santa sigue siendo inmensa. Actualmente, está presente en países como Israel, Palestina, Jordania, Egipto, Siria, Líbano y Chipre, con una red que incluye 270 franciscanos de 41 nacionalidades, apoyados por religiosas y colaboradores en todo el mundo.
Su actividad abarca la custodia de 55 santuarios, la atención pastoral en 24 parroquias y 79 iglesias, así como una importante labor educativa y social. Gestiona 15 escuelas, centros de formación profesional y concede cada año más de 500 becas para estudiantes universitarios. Además, sostiene más de 630 viviendas para familias necesitadas, cinco hospitales, casas de acogida para peregrinos y cerca de 1.100 puestos de trabajo.
En contextos especialmente devastados como Siria, los franciscanos han llegado a reconstruir 1.300 viviendas para familias que lo han perdido todo. Esta labor, sin embargo, depende en gran medida de la solidaridad internacional.
España, un pilar fundamental de la ayuda
En este contexto, España desempeña un papel clave. Según ha explicado a Religión Confidencial Fray Luis Quintana, vicecomisario de Tierra Santa en España, la Colecta Pontificia recaudó en 2025 en el país más de un millón de euros. A nivel global, los fondos recogidos se destinan en un 80% a la obra social —educación, sanidad, vivienda— y en un 20% al mantenimiento de los templos.
“Todas las aportaciones van destinadas a sostener la vida de las comunidades cristianas en Tierra Santa, que hoy atraviesan una situación límite”, señalan desde la Comisaría. La colecta se convierte así en un salvavidas imprescindible para garantizar la continuidad de esta presencia histórica.
Un llamamiento urgente a la conciencia
Más allá de las cifras, la Custodia insiste en la dimensión humana de esta crisis. La desaparición de los peregrinos no solo implica una pérdida económica, sino también un aislamiento espiritual y cultural para unas comunidades que han sido durante siglos testimonio vivo del cristianismo en su lugar de origen.
El mensaje es claro: la recuperación pasa, en parte, por el regreso de las peregrinaciones cuando la situación lo permita. Pero, mientras tanto, la ayuda económica es vital.
En un momento en el que la atención internacional se dispersa entre múltiples conflictos, Tierra Santa corre el riesgo de quedar en un segundo plano. Sin embargo, la realidad que viven sus habitantes exige una respuesta inmediata.
La Colecta del Viernes Santo se presenta, una vez más, como una oportunidad concreta para actuar. Un gesto de generosidad que puede marcar la diferencia entre la supervivencia y el abandono para miles de familias.
Porque, como recuerda la propia campaña, “dando esperanza, sembrarás la paz”. Y hoy, más que nunca, Tierra Santa necesita ambas cosas con urgencia.
Celebraciones a puerta cerrada
Por otra parte, y de cara a Semana Santa, el deterioro de la seguridad ha obligado además a modificar profundamente la vivencia religiosa. Este año, las celebraciones de Semana Santa se llevarán a cabo a puerta cerrada en el interior de los templos, una imagen inédita que refleja la gravedad del contexto. Las calles que tradicionalmente se llenaban de peregrinos permanecen ahora en silencio, acentuando la sensación de abandono.