No a la guerra, no a ninguna guerra
20/04/2026 | por Grupo Areópago
En una sociedad como la nuestra, donde lo importante se define según una agenda manejada por iniciativas políticas y mediáticas, es fácil olvidar problemas que simplemente son silenciados. La denuncia de este silencio puede interpretarse como un movimiento cómplice con los violentos, disolviendo la gravedad de la actualidad al aumentar el perímetro de atención. Pero consentir el silencio significa ignorar a las víctimas más vulnerables, normalmente pueblos sin voz o en grave situación de marginación y pobreza.
Ahora, los medios se centran en el ataque a Irán por parte de Israel y Estados Unidos, por la relevancia de los protagonistas y el impacto en el comercio internacional de petróleo, su influencia en toda la economía mundial y el peligro de una escalada.
Asociados a este conflicto no hay que olvidar el acoso terrorista de Hamás y Hezbolá a Israel desde Gaza y el sur del Líbano, con la respuesta brutal de Israel, y los ataques de los hutíes (Yemen) a las aguas internacionales que dan acceso al Canal de Suez. Todos estos ataques respaldados y financiados por Irán.
En segundo plano ha quedado la interminable guerra de Ucrania, donde la ruptura de las fronteras por parte de Rusia, hace más de 4 años, ha derivado en una guerra de desgaste con constantes ataques a la población civil, especialmente durante el duro invierno, sin que los organismos internacionales hayan conseguido ningún éxito con su mediación.
También en la zona de penumbra ha quedado la situación de Venezuela y Cuba, donde parecen prevalecer los intereses de control por parte de Estados Unidos sobre el desarrollo de la libertad y prosperidad de los pueblos. Otros países de la región sufren la violencia y la represión como si fuera una guerra interna, bien por la presión del narcotráfico (Méjico), las bandas organizadas (Haití) o el afán de dominio de algunos dirigentes (Nicaragua).
En Asia, poco se habla últimamente de la tensión entre China y Taiwan, ni de la guerra abierta entre Pakistán y Afganistán, los enfrentamientos entre Paquistán y la India por Cachemira, o la guerra civil de Myanmar.
Aunque, quizá, la región más olvidada sea el continente africano. El devastador conflicto civil en Sudán, las matanzas en el Sahel (Malí, Burkina Faso) con insurgencias yihadistas, y las tensiones interminables entre Etiopía y Eritrea…
El rechazo a la guerra debería incluir a todas las guerras, las presentes, las pasadas y las futuras, porque el rencor de guerras pasadas son las brasas para prender guerras futuras. Odiar al que te odia no es más que una forma segura de reavivar el fuego, alimentando la guerra de nuestro corazón. Solo desde nuestro interior, desde el perdón, podemos poner en marcha el no a la guerra, no a todas las guerras.
GRUPO AREÓPAGO