De Libros
Cómo experimentar lo eterno en el tiempo, en el hoy de la historia
El sacerdote Rafael Gómez Miranda, profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, nos invita a reflexionar sobre la Encarnación como el momento en que lo eterno se hace accesible a lo humano
José Francisco Serrano Oceja | 04/05/26
Con un prólogo del jesuita y profesor de la Universidad Gregoriana, P. Nicolas Steeves, el sacerdote madrileño y profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, Rafael Gómez Miranda, nos ofrece un libro que es una delicia teológica y espiritual.
- Nueva epistemología del cristianismo
- Dios se ha hecho carne
- La carne de Cristo resucitada
- Teología de la carne
Ahora que estamos en tiempos de espiritualidades múltiples, como las inteligencias, con el riesgo de lo que se ha venido en denominar espiritualismo, es oportuno reflexionar sobre la dimensión carnal de la propuesta cristiana, una religión, o una fe, encarnada, como Dios mismo que se hizo carne.
Nueva epistemología del cristianismo
Leemos en este libro: “La gnosis del siglo XXI- más sentimental- y el pelagianismo del siglo XXI -más moralista, si cabe-, son incapaces de atravesar el escándalo de la carne -de su carne y de nuestra carne-. Incapaces de abrazar la indigencia, la pobreza de la carne, de nuestra propia carne, la carne real que sufre y goza, que desea y ama y que vive y muere. Carne que acontece, a fin de cuentas, milagro carnal, “pedazo de tierra que deviene carne gracias al soplo divino -que es solo de Vida””.
En la estela de Jean-Luc Marion, de Michel Henry, de Hans Urs von Balthasar y de Luiggi Giussani, y en el trasfondo de San Ireneo de Lyon dialogando con Heidegger, nuestro autor nos invita a una nueva epistemología del cristianismo.
Una epistemología que representa una obligada mirada a lo real, la mirada desde la perspectiva de la dimensión carnal, que es la dimensión de vida, de la fe, entre otras razones porque la modernidad lo que ha hecho también es desarrollar una dinámica de moralización de la fe como forma de abstracción de la propuesta cristiana.
Dios se ha hecho carne
Una epistemología que da respuesta a la pregunta de cómo experimentamos lo eterno en el tiempo, en el hoy de la historia. Hay que tener en cuenta que la experiencia, en su indigencia, no siempre da acceso a lo objetivo, a lo disponible, “sino que abre, también eventualmente, a lo indisponible”. Provocar la experiencia de lo indisponible, es decir, del misterio en la vida, es tarea del testimonio carnal del cristianismo.
Porque la esencia, el corazón, lo más propio del cristianismo es el hecho de la encarnación, que Dios se ha hecho carne, “que el eterno ha entrado en el tiempo, que el Infinito se ha hecho finito, que lo imposible se ha hecho posible” y esto ante la realidad de lo humano que es, por definición, limitada, y que en su humanidad lleva una “fisura insuperable” que impide ver más allá de lo meramente humano.
La carne de Cristo resucitada
La carne, un concepto aquí holístico, integrador, que supera con mucho lo que venimos a entender en lo humano por cuerpo, que “despliega su evidencia en la fe como conocimiento de lo indisponible”, “es una realidad que manifiesta más de lo que la mera razón es captar de captar, de plasmar y de decir”.
Por eso la mirada desde la carne nos ayuda, como se demuestra en este libro, a profundizar en el misterio de un Dios que se ha hecho carne, en la carne de Cristo, en la carne resucitada.
Con una notable capacidad para traer a este ensayo muestras de la buena literatura que interpela, Gómez Miaranda recupera al “Calígula” de Camus, para recordarnos lo que afirma ese personaje: “El mundo, tal como está hecho, no es soportable -dice Calígula de Camus-. Por eso necesito la Luna o la felicidad, o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no sea de este mundo”.
Teología de la carne
Es especialmente interesante la perspectiva que ofrece la relación de esta teología de la carne con el testimonio carnal de lo imposible posible, de la Vida en la vida, de la dimensión vital de la existencia que representa esta dimensión carnal del cristianismo y que nos llevaría a una reflexión tanto de lo que implica la fraternidad en la carne de lo humano con la pasión carnal, es decir, la pasión por la vida de los cristianos, frente a quienes acusaron al cristianismo de ser una forma de adormecimiento en la historia.
Esto implica una forma específica de testimonio del cristiano, teniendo en cuenta que “ser hombre, según Heideger- significa: habitar, estar en la tierra como mortal”. “El habitar es la manera como los mortales son en la tierra”. ¿Cómo habitamos el mundo hoy los cristianos? ¿Cómo hacemos el mundo habitable? ¿Cómo Dios sale al encuentro de los hombres y las mujeres en los lugares que habitan?
Son preguntas que en este libro están respondidas en profundidad discursiva, antídoto para fáciles y horizontales interpretaciones de lo cristiano y, por tanto, de lo humano.
Por último, invitaría al lector a que a medida que va avanzando en la lectura de este libro de teología sobre la carne, vaya traduciendo sus afirmaciones en clave eucarística. “La carne de Cristo -leemos-, se dona en su retirada. Se hace real, presente, concreta, mientras que permanece inaprensible, irrepresentable, indisponible”.
Rafael Gómez Miranda,
Habla la carne.
Encuentro, 2026.