09/06/2026 | por Grupo Areópago
“Historia”, con mayúscula, es la que todos conocemos, la que sale en los libros de texto, en las noticias. La que un poco se ve porque marca pautas generales a la sociedad. Se escribe con mayúscula porque es nombre propio: el nombre que le damos al fruto de lo que todos los hombres hemos realizado a través del tiempo.
Que se escriba con mayúscula no significa que sea más importante que la primera historia, la pequeña, la humilde y discreta historia. Todo lo contrario. Ésta es el motor de aquella. La historia con minúscula es la tuya, la de cada ser humano. Es del todo única y además impredecible, puesto que el hombre es inteligente y libre.
Con estos dos elementos comienza la aventura del ser hombre en el tiempo. Al hombre concreto le corresponde elegir si se hace cargo de su propia historia o si delega su libertad en brazos de la otra Historia, la de “las cosas están así” y la del “todos lo hacen”. Cualquiera de las dos decisiones es un acto libre, y por lo tanto responsable.
Todavía entre los que asumen su vida – su propia historia – hay dos versiones entre su historia y la Historia. La primera, errónea y distorsionada, es la de aquellos que siendo conscientes de que hacen lo que quieren y eligen, justifican sus acciones manipulando la Historia. Esta versión siempre acaba mal, simplemente porque es falsa, aunque en un plazo inmediato pueda tener los resultados pretendidos por quien hace lo que quiere. Que esta opción siempre, sin excepción, acaba mal, lo demuestra la misma Historia.
La segunda versión es la de aquellos que asumiendo su historia, terminan por protagonizar la Historia. Generalmente éstos son gente muy normal, discreta, anónima para la fama. Pero vivieron tan bien su propia historia que influyeron en la historia de otros muchos. Tenemos el caso del que inventó el uso del fuego para fines humanos, del que no conocemos su nombre, del que hizo lo mismo con la rueda, con la agricultura, con el uso del metal. Otros, cuyos nombres sí conocemos, son aquellos que descubrieron el uso de la penicilina como antibiótico o aquellos navegantes curtidos que aceptaron la empresa que Cristóbal Colón les proponía y los reyes de España financiaban.
Probablemente la persona más influyente de la Historia haya sido Jesús de Nazaret. Y eso que acabó los días de su historia en este mundo condenado formalmente por mentiroso, ejecutado colgado de una cruz y abandonado por casi todos los que le querían y conocían personalmente. Pero tras él, en estos dos mil años de Historia última, muchos han tomado en serio su testimonio de vida y han vivido su historia de tal manera que se han convertido en faros de humanismo; por citar sólo a una, Teresa de Calcuta.
Algunas noticias que hoy nos llegan de la Historia son muy tristes: guerras, corrupción, robos, violencia doméstica, el negocio de la droga con la lacra que conlleva. Desde luego esto no lo hace la Historia, lo hacen personas concretas, libres y responsables. Serán juzgados. Junto con quienes hacen eso conviven todos los demás, también responsables de su propia historia. Ojalá optemos por vivir bien la historia de la que somos responsables, nuestra propia y particular vida, en vez de justificar nuestra irresponsabilidad, responsable, en nombre de esa otra Historia que vamos construyendo entre todos.
GRUPO AREÓPAGO