Tribunas

León XIV. Dios sueña con nosotros (I)

 

 

Ernesto Juliá


El Papa en la prisión de Brians 1 de Barcelona.
Foto: Dr. G. Simon.

 

 

 

 

 

“Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.

Estas palabras de León XIV en un centro penitenciario de Barcelona han dado la vuelta al mundo. Y la seguirán dando. Un Dios que sueña con el hombre, que acompaña al hombre en sus sufrimientos y en sus alegrías. Y que no deja nunca de amar a esta criatura suya, que somos cada uno de nosotros, “su imagen y semejanza”. Dios que se ha revelado al mundo en la persona de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Y esta realidad divina ha quedado muy bien expresada en el encuentro del Santo Padre, con un hombre y dos mujeres, en el Estado Olímpico de Barcelona:

“Santo Padre, crecemos escuchando que el único objetivo en la vida es producir, tener éxito y cuidar nuestra imagen. Yo mismo lo intenté, pero sólo encontré un vacío inmenso. Buscando respuestas, mi vida dio un giro y esta última Pascua recibí el Bautismo. Ahora, que este camino es nuevo para mí, le pregunto: ¿Cómo podemos mantener la mirada alzada hacia lo que de verdad importa, cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo o solo a nosotros mismos?”

Creado a “imagen y semejanza” de Dios, este hombre, no bautizado por sus padres, se ha encontrado batallando en los campos vitales que iba recorriendo sin encontrar sentido para su vida. El número de mayores que piden el Bautismo cada año aumenta en algunos países de Europa, y también en España.

La respuesta del Papa primero le abre el horizonte de su vida, le señala dónde va a encontrar a Dios y, por último, le sugiera caminos para encontrar a Dios.

“Nuestro deseo de verdad y de felicidad necesita un horizonte más grande. Y esta inquietud es un don que Dios mismo nos ha dado: estamos hechos a medida del infinito y por eso, todo horizonte finito, todo paso, toda conquista, mientras nos satisface el mismo tiempo nos impulsa hacia adelante y nos invita a seguir buscando, a buscar avanzando, pero, sobre todo, a buscar “descendiendo interiormente”, es decir, yendo a lo profundo”.

¿Dónde puedo vivir esa “apertura de horizontes” ?, podemos pensar que se preguntó el recién convertido.

“Es dentro de esta sociedad que tú y tantos otros habéis descubierto el valor de una vida más humana, más plena, abierta al encuentro con Dios y a la alegría de la Fe. Esto significa que, a pesar de las dificultades, el lugar en el que Dios se hace presente y donde debemos encontrar sus huellas es siempre en la realidad donde nos encontramos”.

Y el Santo Padre termina sugiriéndole el camino y las disposiciones para compartir su vida plenamente con Dios.

“Creemos que el Espíritu Santo actúa y trabaja silenciosamente en todas las situaciones de la vida y de la historia, incluso en aquellas que parecen más difíciles. Pero debemos cultivar esta inquietud y hacerle espacio; como decía, “buscar dentro”, intentando no dejarnos abrumar por los ritmos y las seducciones externas, cultivando espacios de silencio, deteniéndonos quizá algunos minutos al día para leer el Evangelio y hablar con Dios, y también tratando de hacer este camino interior junto con otros, dejándonos acompañar en los itinerarios eclesiales y confrontándonos con los sacerdotes, los religiosos, las personas que como nosotros han emprendido este camino”.

El palpitar del amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en el corazón de este converso, le alcanzó en un momento en el que estaba en pie en busca de una Luz que diera sentido a su vida. ¿Es posible que ese clamor de Amor de Dios pueda ser ahogado en una conciencia rodeada de oscuridad?

 

(continuará).

 

 

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com