Un país feliz

 

 

27/07/2026 | por Grupo Areópago


 

 

 

 

 

 

Navegando en el proceloso mar de la esfera política, esquivando una inflación imparable que asfixia al individuo de a pie, formando parte de una sociedad cada vez más polarizada y crispada, viendo como nuestra libertad individual se ve cercenada y maltrecha, como derechos fundamentales se ponen en entredicho o como la brecha generacional se abre cada vez más, nuestro país no es feliz. Y no se trata de adentrarnos en la teoría política que diferencia ¨país¨ de ¨nación¨ o de ¨patria¨, en este caso, cuando hablamos de país, nos referimos a un conjunto de ciudadanos que habitan en sus fronteras, pagan sus impuestos y desarrollan su acontecer vital en su territorio. Los españoles, según dicen las encuestas, no somos felices.

Pero de repente, cada cuatro años, ocurre el milagro. No es que no existan otros deportes ni que España no posea grandes deportistas en muchas categorías. Es simplemente que cada cuatro años el deporte rey hace acto de presencia en todo su esplendor mediante el Mundial de la Fifa, y en ese momento, todo cambia. Vivimos pendientes de un grupo de jugadores a los que llamamos ¨selección¨, nos reunimos en familia o con amigos para ver los partidos sin que la prisa o la rutina cotidiana nos haga posponer el plan, nos mostramos orgullosos de nuestra bandera y nuestro escudo sin adscribirlo a determinadas corrientes políticas, entendemos que pertenecer a una nación es mucho más que vivir en ella, es saberse depositario del legado de nuestros antepasados y ser la base para los que vienen detrás. Rozamos, por ende, la felicidad, ese estado etéreo y fútil que en estos tiempos parece se nos escapa entre las manos.

En este caso, la felicidad ha venido acompañada de victoria, pero no la victoria cegada por las luces del éxito, sino por la victoria que enseña y reconforta, la que se nutre y bebe del trabajo bien hecho. Un grupo de jóvenes jugadores que no se saben imprescindibles, pero si necesarios, un modesto grupo muy alejado de las grandes estrellas del balón, con nombres, en la mayoría de los casos, desconocidos para profanos y que con humildad han conseguido el mayor reconocimiento del mundo del futbol. Y por supuesto, un gran maestro de ceremonias, un seleccionador nacional que desde sus profundas raíces religiosas y éticas se ha atrevido a mencionar las palabras mágicas, esto es, ¨equipo¨, ¨valores¨ y ¨bien común¨.

Así, en la competición de las mejores selecciones del mundo, ellos han conseguido que el triunfador más que una selección, sea precisamente eso, ¨un equipo que ha aglutinado valores en torno al bien común¨.

Ahora, cuando la resaca de la celebración aún nos nubla la mirada, sólo nos queda agradecerles todo lo que han hecho por nosotros. Gracias por recordarnos que un país sólo se entiende desde la unidad, nunca desde la separación, gracias por demostrarnos que el trabajo duro siempre da fruto, gracias por servir de modelo a una juventud en muchas ocasiones desnortada, gracias por hacer visibles valores como la sana competitividad y el esfuerzo y sobre todo gracias por hacernos olvidar por unos días el blanco y negro de la cotidianidad, gracias por convertirnos en un país feliz.

 

 

GRUPO AREÓPAGO