Vaticano

 

El Vaticano descarta una religión única que borre las diferencias pero reivindica el diálogo religioso

 

Los 25 puntos principales para entender el documento presentado ayer "Sesenta años de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de Nostra Aetate"

 

 

 

17/09/26 | Marta Santín, X


 

 

 

El Vaticano reivindica seis décadas de diálogo y fraternidad con otras religiones, pero marca al mismo tiempo los límites de ese encuentro: la apertura al creyente de otra tradición no implica diluir la identidad cristiana ni avanzar hacia una religión común que borre las diferencias.

 

 

 

  1. Firmada por tres cardenales
  2. Rechaza una gran religión mundial
  3. 25 ideas principales de la Nota vaticana

 

 

 


El Papa durante el evento celebrado en el Vaticano
para conmemorar el sexagésimo aniversario de «Nostra Aetate»
(28 de octubre de 2025)

(ANSA).

 

 

 

Así lo señala la Nota Sesenta años de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de la Declaración conciliar Nostra aetate, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe con motivo del 60.º aniversario de la declaración del Concilio Vaticano II. El documento recuerda que para la Iglesia el diálogo no puede separarse de la confesión de fe en Jesucristo como único Redentor.

 

Firmada por tres cardenales

Con motivo del aniversario de la Declaración conciliar que abrió un nuevo capítulo en la historia de las relaciones entre los católicos y los creyentes de otras confesiones, los Dicasterios para la Doctrina de la Fe, para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para el Diálogo Interreligioso han publicado La Nota “Un camino de esperanza”. Una reflexión conjunta para reiterar la invitación a combatir el fundamentalismo y el extremismo, abandonar «las lógicas de defensa, hostilidad o conquista».

Esta nota, aprobada por el Papa León XIV el 22 de junio pasado, repasa las etapas esenciales del diálogo después de Nostra aetate, evaluando sus retos y logros y trazando perspectivas para el futuro. Todo ello con el fin de relanzar un mensaje atemporal: La Iglesia reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación por motivos de raza o color, de condición o religión.

Las aproximadamente veinte páginas del texto están firmadas por los prefectos de los respectivos Dicasterios, los cardenales Víctor Manuel Fernández, Kurt Koch y George Koovakad, y por los secretarios, los monseñores Armando Matteo, Flavio Pace e Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage.

 

Rechaza una gran religión mundial

La Nota repasa la evolución del diálogo interreligioso desde la aprobación de Nostra aetate en 1965 y analiza los principales desafíos que plantea en la actualidad.

El texto reconoce los elementos de verdad y santidad presentes en otras religiones y anima al encuentro, la colaboración y la defensa de la dignidad humana, pero advierte frente al relativismo y el sincretismo.

La Iglesia no propone una mezcla de creencias ni una «gran religión mundial», rechazando el sincretismos pero reivindica un diálogo en el que cada tradición conserve su identidad. En el caso del judaísmo, reafirma además el carácter irrevocable de la alianza de Dios con Israel y, al mismo tiempo, la centralidad de Cristo en la salvación.

 

25 ideas principales de la Nota vaticana

Religión Confidencial ha extraído las 25 ideas principales del documento:

 

  1. Nostra aetate cumple 60 años: fue promulgada por el Concilio Vaticano II el 28 de octubre de 1965 y abrió una nueva etapa en las relaciones de la Iglesia con judíos y creyentes de otras religiones.

  2. La Declaración supuso un cambio profundo en la manera de entender la relación de la Iglesia con otras religiones: reconoce que en ellas hay elementos «verdaderos y santos».
  3. El diálogo interreligioso no significa abandonar la identidad cristiana: la Nota plantea como desafío combinar fidelidad a Cristo y apertura sincera al diferente.
  4. La libertad religiosa es inseparable del diálogo: la Iglesia reclama libertad para las demás religiones y también para los cristianos allí donde son minoría.
  5. Nostra aetate nació como respuesta al antisemitismo y al Holocausto, no como un documento concebido inicialmente para abarcar todas las religiones. Sin embargo, este trabajo conjunto, ha dado frutos «evidentes» también en el diálogo con el islam y otras religiones como el hinduismo, el budismo, el jainismo, el sijismo, el sintoísmo, el taoísmo, el confucianismo y el zoroastrismo, además de con las religiones tradicionales africanas. destaca el texto. 
  6. San Juan XXIII encargó al cardenal Augustin Bea preparar el texto destinado inicialmente a sanar y renovar las relaciones entre la Iglesia y el pueblo judío.
  7. El proyecto terminó ampliándose hasta convertirse en un documento sobre el diálogo con las distintas religiones, comparado por la Nota con la semilla de mostaza que se convierte en un gran árbol.
  8. El cristianismo tiene raíces judías inseparables de su identidad: Jesús era judío, al igual que los primeros apóstoles y discípulos.
  9. El diálogo judeocristiano no es presentado como una cuestión diplomática: permite a los cristianos comprender mejor sus propias raíces y su identidad.
  10. La alianza de Dios con el pueblo judío es calificada de irrevocable. Pero la Nota introduce aquí una precisión teológica fundamental.
  11. No existen dos caminos paralelos de salvación: la Nota afirma expresamente que la Iglesia enseña que Cristo es el único Redentor. Este es uno de los puntos doctrinales más destacados del documento.
  12. La afirmación de Cristo como único Redentor no elimina el valor teológico de la alianza con el pueblo judío, que sigue teniendo relevancia para la comprensión cristiana de la fe.
  13. La Iglesia reafirma la lucha contra el antisemitismo y recuerda que Nostra aetate ya condenaba los odios y persecuciones contra los judíos.
  14. Con Pablo VI, el diálogo interreligioso pasó a formar parte de las estructuras institucionales de la Iglesia, con la creación en 1964 del Secretariado para los No Cristianos, actual Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.
  15. Juan Pablo II dio una gran visibilidad al diálogo, especialmente con el Encuentro de Asís de 1986, en el que representantes de distintas religiones rezaron por la paz manteniendo cada uno su propia identidad religiosa.
  16. La Nota insiste en que diálogo y evangelización no son incompatibles: el diálogo forma parte de la misión evangelizadora, pero no sustituye al anuncio de Cristo.
  17. Por tanto, el documento rechaza tanto el relativismo que diluya la identidad cristiana como un diálogo que renuncie a anunciar a Cristo. Habla de «máxima identidad» junto con «máximo diálogo».
  18. El diálogo tampoco debe convertirse en sincretismo, es decir, en una mezcla o confusión de las diferentes religiones. El texto considera compatible el diálogo con la existencia de diferencias irreconciliables.
  19. Francisco desarrolló el concepto de fraternidad universal y propuso el diálogo, la colaboración y el conocimiento recíproco frente al aislamiento de las comunidades religiosas.
  20. La Nota advierte que creer en Dios no garantiza automáticamente una conducta acorde con su voluntad: el criterio para discernir los proyectos religiosos debe incluir la atención concreta a la persona vulnerable.
  21. El documento reconoce expresamente las persecuciones que sufren cristianos en distintas partes del mundo a manos de grupos religiosos extremistas y las considera una violación de la dignidad humana.
  22. También condena los fundamentalismos, los prejuicios, la instrumentalización política de la religión y la violencia cometida en nombre de Dios como obstáculos para el diálogo. Así, destacan «las dificultades del diálogo» en la actualidad, entre quienes temen «un relativismo doctrinal o una dilución de la identidad religiosa», relaciones «históricamente conflictivas» o el recuerdo de «antiguas heridas» que dificultan la confianza mutua. Lo que socava los propios cimientos del diálogo es «el auge de los fundamentalismos, la permanencia de los prejuicios, la manipulación política de las pertenencias religiosas o la violencia en nombre de Dios». A ello se suma, en las sociedades secularizadas, la marginación o la instrumentalización de la palabra religiosa, «reducida a folclore, a opinión subjetiva o totalmente oscurecida».
  23. Sobre el islam, la Nota distingue entre fundamentalismo y violencia y la convivencia pacífica de los musulmanes, y advierte contra la islamofobia que no establece esa distinción.
  24. El documento reclama una formación más profunda para el diálogo, especialmente en seminarios, institutos teológicos y formación pastoral, incluida una mayor «alfabetización religiosa».
  25. La Santa Sede rechaza por tanto, la pretensión de crear «una gran religión mundial» que aplane o diluya las diferencias entre las creencias. En su lugar propone el modelo del «poliedro», donde las distintas tradiciones mantienen sus rasgos propios y, sin confundirse, pueden encontrarse, colaborar y construir fraternidad.