Diócesis
Lo escribió Aristóteles, “en el principio está el final”. Nunca es tarde para volver al principio, el origen que da sentido, la raíz y razón de la existencia, la familia, los amigos, los compañeros, el presbiterio nutricio de la vida en la Iglesia.
José Francisco Serrano Oceja | 26/09/26
- Hijo Predilecto de Cantabria
- Unas 300 personas acompañaron al cardenal
- Autoridades civiles y religiosas
- "El afecto de todo un pueblo a las personas que mejor nos representan"
- Sentido y emocionado discurso
El cardenal Carlos Osoro Sierra, Hijo Predilecto de Cantabria.
Hijo Predilecto de Cantabria
Así es ahora la vida del cardenal Carlos Osoro Sierra. Una vida en el principio, en la esencia, con lo suyos, con los de siempre. Y así se ha celebrado la entrega del título de Hijo Predilecto de Cantabria.
En una tarde de colores grisáceos, Cantabria rindió a su cardenal el homenaje más sentido que se le haya tributado a un cántabro que también fue gallego, asturiano, valenciano y madrileño, por servicio y amor a la Iglesia. Fiesta de amistad y de sentido afecto.
Tarde gris de mar cantábrico. La Cardosa, el promontorio costero donde los padres jesuitas erigieron el templo más granado de la ciencia y de la santidad hispana, el edificio primigenio de la Universidad Pontifica, de verdad, de Comillas, proclamó a los cuatro vientos el eco de lo decretado por el Gobierno cántabro en su Consejo del pasado 10 de Septiembre de 2026.
Allí se confirió el título de Hijo Predilecto de Cantabria al cardenal Carlos Osoro Sierra, el cuarto cardenal cántabro en la larga historia de la Iglesia.
El templo jesuítico, hoy secularizado y convertido en forzado escenario de actos culturales, rodeado de ruinas que amenazan el final de la historia, se convirtió en templo para la memoria.
Unas 300 personas acompañaron al cardenal
Unas trecientas personas testificaron el afecto y el cariño a una persona, un sacerdote, un obispo, un arzobispo, que siempre se ha dejado querer. Comillas en septiembre es, simplemente, Comillas y nada más. Sin Madrid, ni quienes la conquistan.
La entrada del templo, a eso de la media tarde, era una pura evocación. Generaciones de sacerdotes que allí recibieron el sacramento que configuró su vida. El P. Nieto en el confesionario de la entrada a la izquierda, cuando decía aquello de “Hijo mío, te escucho”; el P. Luis Alonso Schökel, el P. Salaverri… y tantos jesuitas, y alumnos ilustres, que han hecho historia, todo eso y más no es simple añoranza, es historia.
Imágenes que se imponían sobre la nueva escena de una cultura postsecularizada.
El gótico de las capillas, la madera de la sillería de coro que da forma a un presbiterio que conserva el altar ahora como mesa de la palabra pública y política.
Autoridades civiles y religiosas
No se puede decir que estuviera el todo Cantabria, pero casi. Por allí se movía el ínclito Miguel Ángel Revilla, que no andaba muy lejos del famoso Padre Ángel, de Mensajeros de la Paz. La presidencia del Parlamento de Cantabria, autoridades militares, junto con la familia de don Carlos, y un grupito de sacerdotes procedentes de Valencia, entre los que se encontraba su fiel secretario don Álvaro, hoy flamante canónigo de la Seo del Turia.
De Madrid, el vicario episcopal, P. Ángel Camino, agustino, que no se desarraiga, con el otro vicario cántabro de Madrid, el P. Aurelio Cayón, y el canónigo Jesús Junquera. Punto y seguido.
Bueno, y con los fieles Heraldos del Evangelio, José Alberto Rugeles y Jesús Ruiz de los Paños, los ángeles de la guarda de don Carlos Osoro.
Del clero santanderino, el Consejo Episcopal en flamante forma estética, el párroco de Comillas, Antonio Gutiérrez, y el párroco de Los Corrales de Buelna, Francisco Lledías, entre otros, una generación sacerdotal que bien sabe lo que fue el don Carlos Rector del Seminario de Corbán.
Comienza el acto y detrás del altar, como si fuera una concelebración de un tiempo nuevo, en el centro, el cardenal Osoro; a su derecha, la presidenta de la Comunidad Autónoma de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, y a la izquierda, el siempre atento a lo que acaezca, el obispo de Santander, Monseñor Arturo Ros Murgadas.
La escenografía del tiempo político demanda que detrás del altar se sienten quienes han solicitado la distinción para el cardenal Osoro.
La alcaldesa de Santander, el alcalde de Castañeda, una docena de Asociaciones y de instituciones de la sociedad civil, siempre bien dispuestas, Ateneo de Santander, la Asociación Amigos de Torrelavega o la Sociedad Cántabra de Escritores, principal promotora de la iniciativa, la Coral de Torrelavega, Mensajeros de la Paz, Proyecto Hombre, la Organización Médica Colegial, Cáritas, Fundación Amigó y Religiosos Terciarios Capuchinos, Amica y la Congregación de los Sagrados Corazones, el Club Rotario de Torrelavega, el Centro de Mayores Ramiro Bustamante, las Carmelitas Descalzas y la Asociación Cultural Plaza Porticada.
El cardenal Carlos Osoro Sierra, Hijo Predilecto de Cantabria.
"El afecto de todo un pueblo a las personas que mejor nos representan"
Con un tono afectivo y efectivo, la presidenta de Cantabria, Sáenz de Buruaga destacó que este título de Hijo Predilecto, expresa “el afecto de todo un pueblo a las personas que mejor nos representan. Hoy no distinguimos únicamente a un hombre de Iglesia. No reconocemos solamente a quien llegó a ser obispo de Orense, arzobispo de Oviedo, Valencia o Madrid, o al pastor que ocupó la Vicepresidencia de la Conferencia Episcopal y recibió la birreta cardenalicia de manos del Papa Francisco aquel 19 de noviembre de 2016. Hoy, rendimos sentido homenaje a uno de los mejores de los nuestros, un cántabro ejemplar, nacido en Castañeda hace 81 años, que cuanto más lejos llegó, más cerca sentía su tierra”.
“Con razón, hay quien le ha descrito como el ‘Francisco español’, un gran peregrino hacia esa concordia y esa vocación de servicio que destilan admiración, respeto y cariño”, añadió la afectuosa Presidenta.
Después llegó la laudatio, bien centrada en la historia, incluso de la Iglesia, con mensajes de fondo y forma, de Manuel Ángel Castañeda, que fuera director de “El Diario Montañés”.
Refiriéndose a monseñor Osoro habló de “su profunda fe cristiana, basada en una firme convicción, en Dios y en el Evangelio; su capacidad de liderazgo, demostrada a lo largo de las diversas iniciativas que ha impulsado; y su caridad, reflejada en su constante cercanía a las necesidades y preocupaciones de los demás”.
Señaló la “combinación singular” entre su trato sencillo, humilde y accesible, y una sólida formación cultural, espiritual e intelectual. Se refirió también a su extensa obra escrita que “constituye un valioso legado de reflexión ética, filosófica y religiosa, que complementa una personalidad capaz de inspirar tanto por su empatía como por su conocimiento”.
A la hora de la entrega de la medalla, la presidenta de Cantabria dedicó no poco tiempo a ponerle a don Carlos la merecida condecoración.
Pocos segundos después, don Carlos Osoro buscaba con la mirada al obispo de Santander, hacedor de infinitos agradecimientos, y le pedía que se pusiera junto a él mientras los tronadores aplausos llenaban de plenitud la sala.
Sentido y emocionado discurso
Por último, el cardenal Carlos Osoro pronunció un sentido y emocionado discurso, no corto, de factura norteña, en el que expresó su “profundo agradecimiento” a las entidades que impulsaron su nombramiento como Hijo Predilecto de Cantabria, destacando el “afecto, el esfuerzo y el consenso” que han hecho posible esta distinción.
Señaló que “no representa el final de una etapa, sino una renovación de su compromiso con Cantabria y con la Iglesia”, reafirmando su voluntad de seguir sirviendo a “la comunidad desde la oración, el consejo y la acción pastoral mientras sus fuerzas se lo permitan”.
Cantabria honró ayer tarde a su Hijo Predilecto. Un hijo, cardenal de la Iglesia santa, la Iglesia que es pueblo de la memoria, un obispo que sirvió y ha dado su vida sin esperar nada a cambio, nada, nada. La ley del ciento por uno y la vida eterna.
Unas 300 personas acompañaron al
cardenal Carlos Osoro Sierra en el acto.